13 de noviembre de 2019, 8:22:28
Editorial


La hidra yihadista ataca en Malí



Todavía con el dolor y el impacto causados por los atentados en Paris del 13-N, ayer se produjo un ataque al hotel Radisson Blu en Bamako, la capital de Malí, que ha costado la vida al menos a veintisiete personas. El grupo de atacantes entró a primera hora de la mañana en el hotel, aparentemente uno de los más seguros, armado hasta los dientes y mantuvo como rehenes a unas ciento setenta personas durante varias horas. En el hotel atacado se hospedan habitualmente personal de aerolíneas, turistas y diplomáticos de varios países. Así, entre las víctimas confirmadas está un funcionario del Gobierno belga. Entre los rehenes había un ciudadano español, que, según ha recalcado el Ministerio de Asuntos Exteriores, se encuentra bien y fuera de peligro.

El ataque en Bamako vuelve a poner sobre la mesa que la Yihad asesina no cuenta solo con el Estado Islámico (EI), aunque este se encuentre en un primer puesto del siniestro ránking del terrorismo en nombre de Alá, y concite las primeras planas y titulares de los medios de comunicación. En este caso, parece ser que se trata de Al-Mourabioun, un grupo yihadista en la órbita de Al Qaeda, que no está en absoluto inactiva. África es un terreno abonado para el yihadismo y en él operan varios grupos que se dividen entre su lealtad a Al Qaeda o su trasvase al EI, los nuevos amos del terror, que ha extendido sus tentáculos al continente africano.

Casi coincidiendo con el ataque, hacia pocas horas que el Gobierno español había mostrado su disposición a que nuestro país sustituya a las tropas francesas en varios lugares en África, especialmente en el área del Sahel, de manera que los franceses puedan concentrarse en los bombardeos en Siria al EI. El desafío global y de una brutalidad extrema que ha lanzado el yihadismo exige una decidida respuesta de colaboración entre todos. La hidra yihadista tiene varias cabezas como el monstruo del lago de Lerna, cuyas cabezas volvían a nacer a medida que se le cortaban. Pero Hércules se las cortó todas de un golpe y lo mató. La yihad criminal exige que todos juntos seamos Hércules; exige la colaboración estrecha y activa con países y comunidades musulmanas, dentro y fuera de nuestras fronteras: hay que hacerles ver, nolens volens, que están obligados a ello, si quieren conservar una buena relación con los países occidentales. No hay tiempo que perder.
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