23 de agosto de 2019, 15:09:52
Opinion

TRIBUNA


“En-piquito…de oro”

Pedro J. Cáceres


En tiempos no fáciles para la tauromaquia con un rechazo social más ruidoso, orquestado y opacamente financiado que multitudinario, pero igualmente importante es destacable que una figura del toreo que lleva un cuarto de siglo continuado ostentado esa condición, caso único en la historia, el de Enrique Ponce, advierta que los toreros –especialmente las figuras por su tirón popular- hablen en la plaza, por supuesto, pero también en la calle para “Hoy en día tal y como es la situación, hay que explicar más también fuera de la plaza, muchas cosas sobre el toreo. Tenemos la obligación de hacerlo los toreros, porque es una forma de captar nuevos aficionados y de que la gente también disfrute al torero, fuera de la plaza

En este sentido, posiblemente, estemos ante el último bastión de la torería clásica dentro y fuera del ruedo toda vez que ,desde hace años y de forma progresiva extendiéndose a capas inferiores, incluso mediocridades o polluelos sin salir del cascarón, se ha instalado (a partir de las figuras del momento) el atrincheramiento en su propio yo, como mucho un reducido entorno, blindado por una guardia pretoriana que echa por delante –a guisa de mascarón de proa- a un mileurista (como mucho) que pomposamente llaman jefe de prensa cuando el perfil de la mayoría –en su actitud que no en hechuras- tiene mayor semejanza con un “portero de discoteca”.

Tal actitud no sólo les ha hecho perder la calle, la admiración como superhombres de la sociedad civil y el partidismo de los aficionados hasta la idolatría de tiempos no muy lejanos en que para muchos el torero era –y debería seguir siendo- bastante más que un héroe literario.

Entre otras cosas, conseguir con tal cercanía al cliente –perdida-, poder explicar sensaciones y sentimientos puntuales y coyunturales pero también,lo más importante, de donde viene y en que anda y a donde pretende ir su tauromaquia (fuentes, filosofía, concepto, etc.)Fidelizándole en época en que la asistencia a los toros responde más a un acto social que ha digerir la corrida en que el espectador, por sí mismo o contagiado del colectivo dominante, tan sólo experimenta una situación de gozo, indiferencia o hastío sin interesarle el porqué y cómo… y hasta la próxima en que la parienta, la cuadrilla, o un cuñado tiren de él para ir a los toros porque estamos en feria o torea fulanito o menganito que son guay, guapos, tronistas o celibrities o por correr la voz que a tal o cual cualquier día un toro lo parte en dos. Ese es el día de la abundancia que constituye la víspera de la nada.

Esa actitud, de hablar también fuera de la plaza –especie a proteger por estar en peligrosa vía de extinción- permite conocer porqué y para que un artista o un valiente se visten con sedas ajustadas, medias rosas y manoletinas y explicar porqué torea así o “asao”.

Si se ajusta a cánones (¿el arte tiene cánones esclerótico? ¿Señor Picasso, Sr. Dalí, Sr. Miró, Camarón, D. Manuel Benitez?).

Si estamos ante un clásico, un revolucionario, un tremendista, un prestidigitador, un hacedor de fantasías en el embroque con muletazo interruptus o uno que va por libre (autodidacta).

Todo vale, y todo es toreo pero afición se hace sabiendo del propio intérprete cual es su ADN artístico aunque provoque debate, crítica y carnaza a sus más fieles detractores de piñón fijo y grosería para de paso “clarearlos”.

Así ha ocurrido en la serie “Los discurso del Maestro” (apropiándome del título del fantástico libro de Paco Villaverde) que tras una entrevista en el AVE -íntima, personal e intransferible- se emitió, de viva voz del “Maestro”, el pasado lunes en el programa La Divisa y de la que se han ido haciendo entregas en la web de www.ladivisa.es

A “calzón quitao”, sin temor a los esperados francotiradores además del “hay que hablar también fuera de la plaza” propala que “el toreo es de frente”, como todo en la vida, y que aún estando las piernas de perfil para poder ligar, la cabeza y el pecho deben dar la cara al toro y luego acompañar con torso, cintura y muñecas; compás.

Habla también de la conjugación de distancia, altura y velocidad siempre acoplada a la condición del toro. Y está claro que el toreo es por abajo, pero no todos los animales lo permiten al comienzo del trasteo o en todo su desarrollo por lo que hay que aplicar técnicas que adecuen el toreo según la condición del bovino, “torear a favor del toro”.

Tales reflexiones sirven, igualmente, para la controversia, la sana, y para destrozar tópicos que han hecho dogma como cuando una mentira se repite muchas veces pretende ser verdad.

Ampollas en RR.SS. han levantado dos asertos: el timo de cruzarse y sobretodo que “se torea con el pico”…previa explicación que se cita “con la panza planchada” para ir reduciendo muleta hasta terminar el faldón por detrás de pierna y cuerpo, pero “se torea con el pico”. Otra historia es citar con el pico y torear por fuera, despegado; lo que lleva a la moda del “toreo lineal” tan rentable en cantidad de desplazamiento como ayuno de profundidad y tan de moda hoy. Y todo vale, según el comportamiento del funo.

Se ha explicado textual, verbal y gráficamente en www.ladivisa.es pero la guerrilla antiponcista es inasequible al desaliento.

Claro que www.ladivisa.es tenía, esperado el fuego abierto, una batería de imágenes, que valen más que mil palabras, según el dicho, de grandiosas figuras de ayer y hoy (algunos germen indirecto del antiponcismo) que han toreado o torean “con el pico”.

Por mi parte sólo queda aclarar que me siento halagado y henchido en mi ego y vanidad en compartir el odio con un figurón como Ponce de la legión enemiga pero ni me doy coba ni me engaño, me he limitado a hacer una entrevista a un torero irrepetible.

Nota.- Para más información ver programa de mano.

www.ladivisa.es

(Últimas horas por compromisos adquiridos con la actualidad)

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