13 de noviembre de 2019, 19:09:15
Opinion

EN TRES TIEMPOS


Macri, Presidente de Argentina

Alejandro San Francisco


La gran noticia política del fin de semana fue la elección presidencial en Argentina, donde triunfó el líder de Cambiemos, Mauricio Macri. El candidato vencedor había alcanzado notoriedad hace un par de décadas, cuando presidió el popular Club trasandino Boca Juniors, uno de los más renombrados del continente americano. Poco después inició su carrera política, desafío difícil en un país con tendencias muy marcadas en el último siglo, aunque el resultado final, como se pudo apreciar este domingo 22 de noviembre, resultó exitoso para Macri y para sus seguidores.

Durante la campaña se dijeron muchas cosas. De hecho, algunos en la primera vuelta dieron por ganador a Scioli, el candidato del justicialismo (o peronismo, u oficialismo). La segunda vuelta ya resultó un suceso novedoso, considerando que nunca se había realizado un balotaje en Argentina. A esto se sumaba un inmenso interés por participar, además de la preocupación internacional por seguir unas elecciones que aparecían como históricas y que efectivamente lo fueron. ¿Por qué?

Hay tres razones fundamentales que, hasta ahora, nos permiten hablar de unas elecciones históricas, y ciertamente se podrían agregar otros factores hacia el futuro. La primera razón se debe a que con estos comicios se acaba la era Kirchner, que inició precisamente Néstor Kirchner el 2003 y que posteriormente continuó su mujer Cristina Fernández el 2007. En esta ocasión, sin reelección de por medio, el final de esta breve "dinastía" debía concluir en cualquier caso, terminando a la vez con uno de los procesos políticos y liderazgos más gravitantes de este siglo en América Latina.

El segundo factor novedoso es el triunfo de una nueva fuerza política, que desde hace poco más de una década surgió para renovar la política argentina, proyecto que se fortaleció cuando fundó Propuesta Republicana (PRO). Si se analizan los gobiernos electos en las últimas décadas, al menos desde el retorno a la democracia, se puede apreciar que es el primer presidente que no es peronista ni radical, las tendencias dominantes en la lucha por el poder en el país trasandino. Con esto se produce un cambio importante, aunque sus repercusiones de más largo plazo sólo se podrán apreciar con el tiempo.

El tercer factor tiene relación con el escenario regional que se va a dar cuando asuma Macri y que ya se ha empezado a visualizar a través de las declaraciones de las primeras conferencias de prensa y que fueron parte de la campaña presidencial. El nuevo gobernante argentino se ubica dentro de las filas de la centroderecha, aunque esta sea una categoría siempre estrecha para comprender los proceso políticos complejos. En algunos medios europeos lo han designado como un hombre conservador, mientras otros prefieren destacar su faceta liberal. Cualquiera sea el rótulo que escojamos, lo cierto es que las posturas de Macri y sus seguidores son alternativas a algunos populismos que se han levantado en la región, así como al régimen bolivariano que fundó en su momento Hugo Chávez y que tiene como seguidor en su país a Nicolás Maduro.

En este último punto el Presidente electo de Argentina ha tenido una posición muy clara en contra de la dictadura venezolana, que hasta el momento ha contado con la condescendencia mayoritaria de los gobiernos latinoamericanos, a pesar de la persecución y la prisión política contra los opositores y la violación continua de la normalidad institucional en ese país. Macri se ha manifestado partidario de invocar incluso la cláusula democrática del Mercosur para sancionar al gobierno de Venezuela y sus arbitrariedades, precisamente "por los abusos que están cometiendo en la persecución de opositores". Para mayor abundamiento, y como un gesto simbólico, en la jornada electoral del domingo el bunker recibió la visita de Lilian Tintori, la esposa de Leopoldo López, uno de los líderes de la oposición y que se encuentra actualmente encarcelado, lo que ha recibido importantes condenas internacionales, y la solidaridad de algunos ex gobernantes, como el chileno Eduardo Frei Ruiz-Tagle y el español Felipe González, entre otros.

Sin perjuicio de esto, no cabe duda que las principales preocupaciones del nuevo gobierno se darán en el frente interno, que se advierte muy complejo. Resulta evidente que la situación argentina tiene algunos motivos de preocupación en el plano institucional, en la situación económica actual, así como también en materia social. Hay una coincidencia bastante amplia que señala, a pesar de que las cifras no siempre son confiables, que la situación económica se encuentra con dificultades que no han sido resueltas, sino que se han agravado en los últimos años. El déficit fiscal es muy grande, la economía no crece, los servicios públicos requieren una actualización de tarifas y de gestión. Adicionalmente, los problemas también se han amplificado en el plano social, con cifras de pobreza que varían entre los 11 y los 15 millones de personas en esa condición, es decir, números que podrían alcanzar casi un tercio de la población.

En todos estos planos el Presidente electo ha sido cauto, y ha reiterado la necesidad de contar con información fidedigna, de saber efectivamente cómo están las cuentas públicas, de la urgencia de tener una verificación de datos que hoy día aparecen como inseguros o derechamente falseados, lo que impide visualizar las decisiones a corto plazo. A ello se suma, como sabemos, que en el régimen presidencial argentino las elecciones parlamentarias y presidenciales no coinciden, de manera que el domingo Macri alcanzó el gobierno, pero no se puede decir que tenga el poder, considerando la composición actual del Congreso. Adicionalmente, el nuevo gobernante ha reiterado la necesidad de avanzar en el perfeccionamiento democrático, lo que incluye cambios en la administración de la Justicia, severamente intervenida por el kirchnerismo.

En definitiva, el domingo 22 de noviembre fue un día histórico para Argentina y para América Latina, pero esto sólo implica una evaluación hacia atrás. El futuro está abierto y resulta incierto, considerando tanto la situación interna del país como las implicancias regionales de este nuevo gobierno. En cualquier caso, esta alternancia en el poder resulta una confirmación más de los cambios políticos de las últimas décadas, desde la transición democrática iniciada con tanta ilusión en 1983, hasta la democracia efectivamente vivida en estos treinta y dos años, con sus logros y sus limitaciones.

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