25 de mayo de 2020, 23:02:49
Opinión

TRIBUNA


Público, privado o mixto

Miguel Ángel Bufalá


A nivel de economía y también en otros ámbitos, cada día se acepta con mayor naturalidad las interacciones entre lo público y lo privado.

Se acepta universalmente que los cimientos y troncos de ambas son claramente diferentes, pues mientras el sector público nace y se desarrolla bajo la tutela, responsabilidad y control del estado o de otros escalones más bajos dentro de las administraciones públicas, el sector privado, organizado de diversas formas (sociedad anónima, limitada, colectiva, etc.) tiene como célula de actuación a la empresa, de cualquier tamaño y en cualquier actividad, siendo su objetivo fundamental aunque no el único, la rentabilidad económica del capital y el trabajo invertidos para su desarrollo.

Hoy parece demodé y de poca utilidad, los radicalismos que proponen la exclusividad de uno de estos sistemas, pues mientras lo público colabora en disminuir la desigualdad social como pregona la social-democracia, lo privado en general, resulta en general más eficaz e innovador, con un mayor riesgo de la economía personal de sus actores (los empresarios). O al menos así lo defiende la ideología liberal.

Por supuesto que todo esto es mucho más complejo y que en nuestra sociedad actual se admite que las ramas de ambos árboles, se entrecrucen en las alturas, para beneficio de la mayoría.

Esto viene a cuento al ver como mero observador, las diferentes actitudes y propuestas que se están emitiendo, ante la actual caótica situación financiera de la empresa Abengoa, con un endeudamiento de tal calibre que la ha obligado a presentar preconcurso de acreedores, siendo expulsada del Ibex 35 ante el enorme descenso de su cotización bursátil.

Veo como las administraciones públicas (Gobierno de España y Junta de Andalucía) y las centrales sindicales, animan y casi empujan a las entidades bancarias a socorrer a este enfermo preagónico, con la finalidad muy loable, de evitar el posible desempleo a cerca de 25.000 trabajadores con más de 5.000 en España.

Reconociendo que en estos momentos hay pocas cosas con más valor que el trabajo, incluso con la frecuente perdida salarial, no sé si la opinión de los accionistas de las entidades bancarias acreedoras, como entes privados actualmente ya con dificultades de recuperar lo invertido y a las que ahora se les solicita más ayuda, estarán de acuerdo, al menos si no se les demuestra viabilidad para el remonte de esta empresa, implicada al más alto nivel en algo tan atractivo y necesario en un mundo limpio como las energías renovables y si no se decantan responsabilidades en los gestores de la empresa, al parecer históricamente algunos de ellos con relaciones en partidos políticos, como demostración en este caso del cruce de ramas indeseable.

Lo mejor será que los expertos valoren el reflote con las mínimas víctimas y no dar pie al renacimiento del antiguo INI (Instituto Nacional de Industria).

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