22 de noviembre de 2019, 11:54:01
Opinion

TRIBUNA


¡Pacifismo guerrero!

Natalia K. Denisova


La gente se acostumbra al peligro con asombrosa rapidez, atrapada por las nimiedades de la vida cotidiana. La respuesta unánime al ataque terrorista del 13 de noviembre es más efímera que el canto de la Marsellesa en Wembley, silenciado por el griterío bárbaro en el otro extremo de Europa, en Turquía. Desgraciadamente, los europeos, antes que nada los españoles, tienen que hacer frente a otro peligro, más vil que la barbarie palpable de los terroristas y sus simpatizantes, a saber: el juego silencioso de las fuerzas políticas que barajan quién gobernará España, sin preocuparse por quién la defenderá.

Es pueril pensar que España saldrá indemne de la amenaza yihadista. Estratégicamente la península está abierta a cualquier ataque de fuera, sin mencionar los que proceden desde dentro. España es un punto estratégico de ataque de los yihadistas. La vulnerabilidad de España es un hecho demostrado por los siglos de la historia, pero es negado actualmente por los líderes políticos. No quieren ver la realidad, si no les favorece en las urnas. El Gobierno no quiere reconocer lo elemental: España está en riesgo. ¿Qué le impide a reconocerlo aparte de su desidia habitual? Una de las razones es el acoso de la oposición pacifista, que está al acecho, esperando la oportunidad para lanzarse a la yugular y tachar de “asesino”, “enemigo del género humano” a cualquiera que acepte la guerra como imprescindible instrumento de la política exterior y de la defensa.

¿Qué hace que los “pacifistas” sean una fuerza política tan temeraria? La respuesta es fácil: el apoyo de la sociedad. Son las masas que se apresurarán a las calles para legitimar estas necedades pacifistas. ¿Necedades? Sí, señores, son necedades o pura demencia jugar al pacifismo cuando la defensa del Estado está puesta en cuestión. Si existe algo más lamentable que la implicación de la seguridad ciudadana en el juego político, es la complicidad de la población que permite y avala este juego sucio. En vez de razonar, nos dejamos llevar por la manipulación. Los participantes de las marchas por la paz mundial, no recuerdan que muchas de las corrientes pacifistas, sobre todo las más radicales, tienen un vínculo con la izquierda también bastante radical. El culto de los pacifistas a una abstracta humanidad deja sin protección a los seres humanos concretos, a los ciudadanos de carne y hueso. El pacifismo de los titiriteros de los podemitas, socialistas y, seguramente, de los desnortados populares es faramalla: engañifa para sacar unos pocos votos.

Un poco de seriedad, señores, no nos engañemos: la seguridad europea, occidental no sólo está amenazada por los terroristas, sino también por la dejadez de los propios occidentales.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es