18 de octubre de 2019, 3:23:44
Mundo

ANÁLISIS


¿Por qué Israel y Estado Islámico no se atacan entre sí?

B.M.H.

Tel Aviv y los yihadistas muestran un aparente desinterés mutuo. Por Borja M. Herraiz


Estado Islámico se ha hecho fuerte a base de controlar una importante extensión de terreno a caballo entre Iraq y Siria, dos estados en avanzado estado de descomposición por culpa de la guerra que dura años. Una vez afianzado su poder local, la red terrorista se ha embarcado en una campaña de operaciones de cara al exterior que en apenas dos semanas han dejado casi 400 muertos.

Primero derribó un avión civil ruso en el Sinaí (224 fallecidos), más tarde logró que dos de sus milicianos se infiltraran en un barrio de Beirut controlado por Hezbolá y se inmolaran (42) y, por último, un comando de yihadistas sembró el terror en un ataque combinado en París (130). La ofensiva de los radicales islamistas tiene como objetivo amedrentar y atemorizar a la opinión pública occidental, sabedores de que ese es el gran talón de Aquiles de las grandes potencias.

Sin embargo, Israel, gran aliado de Estados Unidos en la región y enemigo mortal de los yihadistas, parece ajeno a esta amenaza y el Gobierno de Benjamin Netanhayu no desprende tener una especial preocupación por el avance de Estado Islámico.

¿A qué se debe este aparente desinterés? Lo cierto es que algunos de los objetivos de los radicales tienen muy buena acogida en el país hebreo. Como representantes del sunismo más radical, Estado Islámico está enemistado con Siria, las milicias chiies iraquíes, los libaneses de Hezbulá y, sobre todo, Irán, que ven en Israel poco más o menos que la reencarnación de Satán hecha estado.

De este modo, todo aquel que combata contra los grandes actores chiitas, en una suerte de 'el enemigo de mi enemigo es mi amigo', no es que cuente con el respaldo de Tel Aviv, pero tampoco es un escenario que desagrade en el estado sionista.

Asimismo, los servicios de Inteligencia hebreos están de enhorabuena al ver cómo los estados musulmanes que le rodean se enfrentan entre sí en una evidente guerra de desgaste. Turcos, sirios, libaneses, sauditas, emiratíes, jordanos, egipcios, iraníes, iraquíes... Prácticamente todos los países islámicos de la región están con la vista más puesta en su particular juego de poderes que en Israel.

Esto no quiere decir que Tel Aviv se haya desentendido totalmente de la contienda en el país vecino, pues comparte una frontera de 80 kilómetros con Siria. Israel ha realizado bombardeos puntuales contra posiciones del Ejército de Baschar Al Assad, como el que tuvo por objetivo una base en la ciudad de Latakia donde presuntamente se estaban instalando baterías de misiles. También ha facilitado armamento y asistencia sanitaria a un millar de rebeldes sirios, no así a los miles de desplazados por el conflicto.

Por ahora, al igual que sucediera durante la primera Guerra del Golfo, los aliados occidentales prefieren que Israel se mantenga al margen de la coalición internacional contra ISIS ante una posible desbandada de los países musulmanas ya alineados, como Jordania, Arabia Saudí o Catar.

Aún con todo, hace unos días Netanyahu se reunía con Vladimir Putin para acercar posturas y afianzar una "estrategia común" para combatir a los radicales, en lo que es un guiño al Gobierno ruso en un momento en que las tensiones entre Washington y Moscú son más que evidentes.

"La auténtica guerra no ha empezado"


Mientras la propaganda de Estado Islámico propaga por toda la red el gran Califato que la organización terrorista está levantando en Siria e Iraq, si uno se fija en el mapa de las áreas controladas por los yihadistas éstas son más un archipiélago de ciudades conectadas por carreteras que una zona compacta y uniforme.

Esto se debe a que ISIS se ha hecho con bastiones estratégicos que salpican la geografía de la región, pero que están separados por bastas extensiones de desierto yermo. El poder territorial de Estado Islámico es más limitado de lo que parece a simple vista y los ataques de EEUU, Rusia, Turquía, Francia y, desde este miércoles, Reino Unido han debilitado sus posiciones.

Es por ello que resulte muy improbable que los radicales se involucren en otro frente, el israelí, que encima les confronte al Ejército mejor preparado y equipado de la región en un momento en el que arrecian los bombardeos contra sus posiciones y se restringe el flujo de su petróleo.

Sin embargo, los yihadistas no han dejado de mandar mensajes de odio y amenazas contra el estado sionista, como el vídeo emitido a finales de octubre en el que un joven, en un perfecto hebreo, avisaba a los ciudadanos israelíes de que "la auténtica guerra no ha empezado", dejando bien claro que los judíos son el enemigo mortal de la organización.

Estado Islámico sólo ha mostrado su respaldo a los treinta ataques perpetrados por palestinos contra ciudadanos hebreos en forma de atropellos y apuñalamientos, mientras que ha acogido en sus filas a medio centenar de musulmanes nacidos en Israel, cinco de los cuales han muerto en combate, según fuentes del Ejecutivo del Tel Aviv.

Por su parte, la filial de ISIS en el vecino Egipto, Wilayat Sinai, cuenta con una capacidad operativa muy limitada y además Netanyahu tiene un aliado vital en este frente: el propio presidente Abdel Fatah Al Sisi, que ya se ha encargado de prohibir y perseguir a los Hermanos Musulmanes, de confesión suní.
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