20 de noviembre de 2019, 7:54:08
Opinion

TRIBUNA


De la guerra química estatal al terrorismo con armas químicas

Ely Karmon


Con el telón de fondo de los líderes francés y belga manifestando su preocupación por un atentado terrorista con armas químicas a raíz de los atentados del ISIS del 13 de noviembre en París, véase más adelante mi presentación en el grupo de expertos sobre “Chemical Warfare at 100”, en la IV Conferencia de la Unión Europea sobre No Proliferación y Desarme”, del 11-12 de noviembre de 2015, Bruselas.

El International Institute for Counter-Terrorism (ICT) en Israel, en colaboración con el think tankfrancés CREST (hoy la Fondation de la Recherche Stratégique), llevó a cabo una investigación exhaustiva sobre el terrorismo con armas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares (QBRN) entre 1998 y 2000.

Justo antes del 11 de septiembre, la evaluación fue que las organizaciones terroristas que estaban activas en aquel momento, incluyendo Al-Qaeda (AQ), Hezbolá y los principales grupos palestinos, no tenían capacidad para organizar lo que denominamos ataques de aniquilación (con armas de destrucción masiva, ADM), sólo pequeños atentados tácticos que, de todos modos, provocaban efectos estratégicos de tipo político, social y económico.

De los 292 incidentes identificados durante las tres décadas 1970 – 2000, la mitad eran amenazas.

De los 42 atentados reales, 35 fueron ataques con armas químicas, por lo que fue considerado que el terrorismo químico era la amenaza inmediata más probable, dado el conocimiento que ya tenían las organizaciones terroristas acerca de las armas químicas y los explosivos.

El número de incidentes y ataques con armas químicas se incrementó significativamente durante la guerra de Irak e Irán y de la segunda Guerra del Golfo contra Irak.

Es evidente que estas guerras influyeron en que Shoko Asahara, líder de la secta japonesa Aum Shinrikyo, y los líderes de AQ realizaran investigaciones y organizaran atentados con armas químicas.

Esta tendencia no cambió ni siquiera tras los atentados del 11 de septiembre y los ataques con ántrax perpetrados en los Estados Unidos en octubre de 2001. Ahora ya sabemos que el ataque con ántrax fue un complot tramado probablemente por una sola persona con objetivos y motivaciones poco claros.

Los ataques con sarín de Aum Shinrikyo en Matsumoto, en junio de 1994, y en Tokio, en marzo de 1995, y los fallidos atentados con cianuro tras el desmantelamiento de la secta, fueron los actos terroristas con armas químicas más graves. Se debe subrayar que el ataque con sarín de Matsumoto fue en realidad el más sofisticado y peligroso, pero el atentado en el metro de Tokio traspasó todos los límites del tabú en el terrorismo con QBRN.

Conviene hacer hincapié en que casi todas las conspiraciones terroristas con armas químicas de Al-Qaeda en Europa y más allá de ella han fracasado, si exceptuamos los 15 ataques con cloro llevados a cabo en Irak desde octubre de 2006 hasta junio de 2007.

Pero el verdadero cambio de la evaluación de ICT de la amenaza se produjo después de las sublevaciones de Libia, Siria e Irak.

El descubrimiento de la base libia de gas mostaza en 2011, el caos que surgió en Siria como resultado de la guerra civil, el descenso de algún material defensivo químico y, posiblemente, agentes químicos en manos de los rebeldes yihadistas y la conquista de ISIS de las enormes instalaciones químicas de Al Muthanna, invocaron el espectro de su uso por parte de estos elementos terroristas.

La utilización del régimen sirio de ataques químicos (¿con sarín?) de modo táctico en agosto de 2014 (1.400 civiles muertos) y el uso de cloro durante la primavera de 2014 contra la población civil y los grupos de la oposición, dieron legitimidad a los rebeldes para usar las mismas armas, al menos a sus ojos.

En julio de 2014, ISIS empleó agentes químicos, probablemente gas mostaza, contra los kurdos en Kobani, Siria, antes de la gran batalla que tuvo lugar allí para hacerse con el control de la ciudad. Un investigador y periodista israelí recibió las primeras fotografías de ese ataque, analizadas en Israel. Más tarde, él publicó un artículo sobre este suceso (véase el artículo enhttp://www.meforum.org/4852/did-isis-use-chemical-weapons-against-the-kurds ).

Desde entonces, han sido organizados varios atentados más con cloro y gas mostaza contra los kurdos en Irak.

Salih Jasim Muhammed Falah al-Sabawi (aka Abu Malik), un experto en armas químicas que se incorporó a ISIS en 2005, fue el primer miembro operativo destacado de ISIS asesinado, en enero de 2015, en un ataque selectivo de EE.UU. que tuvo lugar cerca de Mosul. Era conocido como un combatiente de ISIS de nivel medio, que proporcionaba los medios para la producción de armas químicas. Había trabajado en las instalaciones de producción de armas químicas de Muthanna.

Esta breve presentación plantea algunas cuestiones para el debate: ¿Cuántos agentes y dispositivos de productos químicos sirios han caído en manos de los rebeldes? (Véanse por ejemplo las batallas en las vallas de las enormes instalaciones a Al-Safira, en 2013 y en la actualidad) ¿Cuántos agentes químicos, proyectiles e instalaciones siguen siendo utilizables en las instalaciones de producción de armas químicas de Muthanna? ¿Qué pasa con los 700 químicos, biólogos y científicos nucleares iraquíes, que fueron arrestados tras la ocupación de Irak, y con su liberación?

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