23 de septiembre de 2021, 14:21:44
Opinión

TRIBUNA


El ganador palurdo

Natalia K. Denisova


Varias son las meteduras de pata que nos ha brindado Pablo Iglesias en unos pocos días. La inexistente Ética de la razón pura, los Ocho apellidos catalanes para conocer la realidad de Cataluña, una confusión de fechas de elecciones en el artículo de El País (9.12.2015) remediada rápidamente por la redacción del diario, y, sin duda, el fallo garrafal del “referéndum andaluz celebrado en 1977” para independizarse de España. Con este historial, poco glorioso, Pablo Iglesias fue dado por ganador en el debate del lunes 7.12.15. ¿Cómo es posible colocar como vencedor del debate para la presidencia del país cuyo nombre no quiere ni sabe pronunciar? ¿Quién puede apoyar a un candidato medroso de pronunciar la palabra “España”? No puede decir España, ora por miedo ora por disgusto, pero es candidato a la presidencia del Gobierno.

Iglesias se “inventa” todo tipo de mentiras y la gente traga. Confundir el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía de Andalucía, en 1981, con un supuesto referéndum de autodeterminación es sustituir la realidad por lo deseado; es auto-engañarse y engañar a los demás. Decidir entre los artículos 143 y 151 de la Constitución del 1978 no implicaba cuestionar la unidad de España, sino optar por un modelo de la administración territorial. Pero a Iglesias le da igual la historia y la ley, y al populacho tampoco le importa demasiado, según las encuestas.

Unos días después de los debates, en su artículo de El País, Iglesias ha vuelto a cargar las tintas contra el modelo del Estado español. Iglesias confunde, embarulla la razón del nacionalismo catalán diciendo que es “una respuesta a la cerrazón inmovilista de quienes no entendieron que España es un país plurinacional”. Un hombre que no conoce ni siquiera la historia más reciente de España quiere buscar nuevos “encajes territoriales” para “las gentes y pueblos de nuestro país”. La nación más vieja de Europa, España, no existe para este indocto. La realidad no existe para este indocumentado. Menos todavía para los millones que le darán su voto. Pero Podemos no está solo, es un seguidor del PP y el PSOE en la agitación de resentimientos entre españoles. Los tres partidos manipulan la historia de España a su gusto. Ninguno defiende con sensatez la unidad de España, como lo hacen las formaciones políticas en cualquier otro país de Europa.

Pero, ahora, Iglesias lleva los tópicos antiespañoles hasta el ridículo: no quiere pronunciar la palabra España. La palabra España apenas aparece en los discursos de Iglesias o en sus escritos. ¿Por qué tanto ahínco en separar lo que se ha mantenido con tanto esfuerzo tantas generaciones? ¿Qué interés tiene Podemos en desmontar a España? Detrás de la bella retórica de los derechos a decidir, está la incapacidad de los podemitas y sus marcas “blancas” de gobernar una España entera. Una formación que nace en una asamblea, si no se recicla, elaborando el mismo discurso para todo el país queda en una asamblea, es decir, en una rencilla de vecinos. Ay, señor Iglesias, la historia, si usted quisiese aprender algo, le enseñaría que nunca “las gentes y pueblos” separados, desprovistos de un proyecto común, han sido “protagonistas del futuro”. Este “futuro”, que queda cerrado en los límites de una aldea, crea el desgobierno, un vacío del poder, que suele acabar en un hartazgo.

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