20 de septiembre de 2021, 15:45:53
Opinión

TRIBUNA


A dos días vista

Enrique Arnaldo


En lugar de hablar de las Navidades seguimos a vueltas con la política, tras una campaña electoral menos estruendosa y más austera que las anteriores, aunque con muchas más incógnitas en cuanto al reparto del pastel y, por supuesto, en cuanto al Gobierno que se puede formar allá por las rebajas de enero.

Si por algo se ha caracterizado esta campaña electoral es porque el músculo de los partidos contendientes se ha trasladado del uso masivo de pancartas, banderolas y mítines a la programación ordinaria de la televisión, incluida María Teresa Campos, y a los debates a dos, a cuatro y a siete. Ha dominado el espectáculo sobre las ideas, o si se quiere, ha sido más teatral y menos callejera. Y el debate estrella ha sido tan chusquero y barriobajero que, como en las malas películas, ha provocado que muchos se levanten del sillón y desconfíen aún más de la política y los políticos.

Las encuestas han jugado así mismo un papel central en la fijación de las preferencias, de forma que, por más que se niegue desde los institutos demoscópicos, pueden influir determinantemente en la opción final, para bien o para mal de unos y otros que acudirán a votar pensando no solo en su propia decisión sino en el Parlamento que pretendan conformar.

El botín esta vez se va a repartir entre cuatro, presuntamente, de forma tal que ninguno será suficientemente fuerte por sí mismo para formar gobierno o para imponer condiciones. Salvo sorpresas no habrá otra manera de articular gobierno que sobre la base de alianzas, coaliciones o apoyos desde fuera. El fantasma de la inestabilidad se abre por vez primera en nuestra historia reciente.

Todos los cambios que la sociedad va a pedir a la nueva legislatura no serán posibles sin acuerdos y esos acuerdos habrán de estar fundados en intereses generales y no en los particulares de cada partido. Las debilidades propias, sin embargo, pueden hacer más complicadas las cesiones mutuas, que son sobre las que necesariamente se fundan los consensos. Por ello quizás no se cumplan las expectativas puestas en la legislatura, tal vez corta.

La voz del dueño o soberano que es el pueblo es infalible y sagrada. Como siempre España se juega mucho, todas las elecciones políticas son importantes. Pero ésta, la undécima, será aún más determinante y nuestro futuro dependerá de cómo sea interpretada esa voz por los actores políticos.

P.S.: En toda campaña electoral se dicen “boutades” capaces de integrar el kiosko de la extinta “Codorniz”. En la que hoy finaliza nos quedamos con la del candidato al Congreso por Barcelona Joan Capdevila, ante preguntas sobre la presunta corrupción de la extinta Convergencia: “Esto de ser español es un mal negocio, así que ladrones por ladrones, mejor quedarnos con los nuestros” (sic).

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