24 de octubre de 2021, 23:56:45
Opinión

TRIBUNA


Elecciones fracasadas

Agapito Maestre


Todo lo que nos temíamos, desgraciadamente, ha sucedido. Los índices de participación han caído estrepitosamente; en algunos lugares, la participación electoral es ridícula. Estas elecciones se hacían para formar un gobierno, pero los resultados son tan endemoniados que casi lo hacen imposible. Los resultados reflejan un país instalado en la incertidumbre más absoluta. El parlamento será ingobernable y el gobierno, cualquier gobierno que se inventen los políticos, será inestable. Dicho en corto y por derecho: son unas elecciones fracasadas. No valen para nada. La esperanza que contiene una elección, incluida la del 20-D, es alcanzar un gobierno estable para la nación. Eso, exactamente, es inviable. La esperanza está muerta. Los resultados electorales imposibilitan cualquier legitimación. La cosa es tan terrible que incluso podrían repetirse estas elecciones. Hay políticos serios que ya están pensando esa posibilidad.

España es así. Extrema. El primer responsable de la ingobernabilidad y la inestabilidad tiene un nombre Mariano Rajoy.

Los resultados electorales hacen imposible los pactos, sencillamente, porque nadie tiene fuerza suficiente para liderar mínimamente el proceso. La única salida posible sería una gran coalición entre PP y PSOE. Pero eso es como creer que hay unicornios. Estos dos partidos se odian y sus líderes no se soportan. El resto de combinaciones no tiene viabilidad. Las diferencias de escaños entre los grandes partidos no son relevantes para formar un gobierno. No puede formarse un gobierno medianamente con fuerza. La negociación, la cesión y la formación de equipos de los partidos serán decisivas para mantener una cierta estabilidad. ¿Cuánto durará ese gobierno? Poco, porque ninguno de los que pacta tiene legitimidad suficiente para fijar la agenda que debe pactarse. El desastre está asegurado. Habrá elecciones anticipadas muy pronto.

España es así. Repito: Extrema. Exagerada.

El principal culpable de la cosa es Mariano Rajoy. Los otros líderes políticos, junto a los medios de comunicación y las casas demoscópicas, también tiene alguna culpa. Pero de eso ya habrá ocasión de hablar. De momento, la cosa es sencilla de resumir: por un lado, Podemos ha roto, definitivamente, el bipartidismo, pero no consigue que dimitan Rajoy ni Sánchez. Tampoco alcanzará un poder capaz de conformar un gobierno sensato con los socialistas, o sea su poder pudiera ser tan efímero como sus múltiples coaliciones… Rajoy y Sánchez han perdido estrepitosamente con respecto a las elecciones de 2011, pero no dimitirán. Aquí nunca dimite nadie. El paquidermo del bipartidismo está muerto, pero sus cuatro enormes patas (medios de comunicación, el aparato de agitación y propaganda del Estado, las tradiciones más plebeyas de la sociedad de masas y una partitocracia sin autolimitación) le impiden caer. Por otro lado, Ciudadanos ha conseguido unos resultados decentes, pero sus dirigentes tendrán que estar muy listos… A pesar de todo, sigue siendo la gran esperanza, la gran alternativa, para detener el secesionismo catalán y llegar más pronto que tarde a la Moncloa.
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