14 de noviembre de 2019, 20:05:29
Sociedad

SORTEO EXTRAORDINARIO DE NAVIDAD


Disfraces, bombos y falsas alarmas, anécdotas en el Real

Efe

El Gordo de Navidad ha planeado desde las ocho de la mañana en el Teatro Real, desde que han entrado Beatriz y Álvaro, una pareja que espera su hijo dentro de dos meses y que está convencida de que su "gordo", que se llamará Enzo, "que no Fortunato", se iba a sincronizar este martes con los niños de San Ildefonso.


"Mi niño se aliará con los de San Ildefonso. Mi bombo está hoy con los dos del sorteo y se van a sincronizar para cantar el 59.898", decía contenta Beatriz quien ha participado por primera vez a esta tradición porque espera que su chaval "venga con un pan debajo del brazo". "Que no le falte nunca de nada", insistía la joven con una camiseta negra en la que llevaba el número estampado que esperaba que saliera premiado.

Pero también se ha desplazado hasta el Teatro Real de Madrid para dar suerte a Zamora, "¡qué allí nunca ha tocado!", y si hubiera tenido esa suerte haber podido comprar a su marido un "horno especial" para su profesión de cocinero.

Llegaron a las cinco de las tarde del lunes a las proximidades del Real, donde también ha hecho cola para entrar Óscar, a cuya madre le tocó este mismo día el 'gordo' de tener a este hijo. Nada sentarse en el patio de butacas, el público, que se ha enterado que era su cumpleaños, le ha cantado el cumpleaños feliz, poniendo banda sonora a los instantes previos al cantar de los niños y niñas de San Ildefonso.

De un sitio a otro del salón se movía, mientras, Manoli Sevilla, que, con sus 79 años y un ánimo digno de mención, paseaba exhibiendo orgullosa el disfraz de este año, que sus hijas y amigas le han hecho: un bombo, con bolas incluidas, en las que ella a mano ha dibujado los números de los décimos que lleva.

Manoli ha sido la primera en acceder al teatro y el primero en recibirla ha sido una representación de Justino -el protagonista de la campaña de la Lotería de Navidad- y dos de sus maniquíes. Desde las diez de la mañana del lunes llevaba esperando impaciente en la puerta del Real, como así lo ha hecho desde hace cuatro años y en cada uno de ellos disfrazada de distinta manera.

Ella, como todos los asistentes, ha pegado un respingo en su butaca cuando una vendedora de lotería de la Puerta del Sol ha comenzado a gritar, creyendo que le había tocado un cuarto premio -el 52.215-. Agobiada y rodeada de medios de comunicación repetía que "no era la Pantoja", mientras intentaba sacar el décimo que finalmente no era el premiado.

Sí que lo era el 43.221 que jugaba en butaca de patio Juan José González, que se ha llevado un quinto premio, y que le va a servir para "pagar lo que debe" y repartirlo "con sus cuatro hijos". Lleva cuarenta años jugando a ese mismo número, que ha comprado en la administración número uno de Getafe, y por fin ha visto su fidelidad recompensada.

Cerca de Juan José estaban Noelia, Álvaro y Carlos, de Nava de Roa (Burgos), vestidos de Papá Noel con sus décimos impresos en grande, y antes del sorteo los coreaban en alto para ver si así los niños lo repetían después y así conseguían "tapar agujeros".

Con la intención de que le tocara un pellizco, venía también Antonio, de 70 años, ataviado con un gorro de vaquero adornado con pimientos de plástico, eran rojos "picantes", un fetiche de la suerte para él, al igual que las zapatillas de andar por casa que ha traído. Es la primera vez que viene desde Barcelona acompañado de dos amigas asturianas, y deben de jugar 'lo suyo' porque Antonio aseguraba que Silvia juega "un montón, unos 3.000 euros". "¡Anda, anda, que no juego tanto!", le respondía Silvia a Antonio, quien entre risas ironizaba: "pues serán 2.900".

No ha jugado tanto Rufino, pero lleva 75.000 pesetas en monedas colgando de su traje que exhibe orgulloso junto a sus amigos Marcelo y Fernando, que también llevaban, como cada año, coloridos trajes con cintas y lentejuelas. "Son míos los tres", aseguraba Marcelo, el más mayor de todos, que está convencido de que los ha modernizado porque entre las pesetas y los duros del traje también hay una moneda de un euro.

Setenta y cinco millones de pesetas fue la cantidad que cantó Fernando Vázquez el 12 de diciembre de 1954, cuando dio el Gordo de ese año que fue a parar al 53.584. Entonces, como los niños y niñas este año, estaba "nerviosillo", pero asiste año tras año porque cree que en el sorteo reside la esencia de la Navidad.

Hoy las luces propias de estas fechas han estado presentes en los gorros, camisetas y hasta en la sonrisa de un público que ha tenido que esperar pasado el mediodía para conocer al deseado Gordo. Hasta llegar a ese momento, han comentado cada una de las pequeñas anécdotas que han surgido en el desarrollo del sorteo. Y desde el primer minuto porque el primer premio en salir lo ha hecho a escasos segundos de iniciarse el sorteo, en el primer alambre.

Pero tampoco han faltado las normales caídas de bolas al intentar cogerlas de las copas de cristal para cantarlas y un leve error en la segunda lectura de un sexto premio, en la que la niña ha cantado el 9,043, en vez del 943, pero lo ha subsanado en la séptima tabla al cantar el Gordo.

Ese Gordo no ha tocado entre el público, pero muchas de las personas que han seguido el sorteo volverán el año que viene y el siguiente... y así, como dicen muchos de ellos, hasta que la suerte les llegue porque "la ilusión no está perdida".
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