30 de julio de 2021, 21:46:56
Editorial


Elecciones; las consecuencias económicas



Las Navidades están contaminadas por el cruce de declaraciones políticas propias de la resaca post- electoral, diferente esta a todas las anteriores por la emergencia de dos nuevos partidos de ámbito nacional con un apoyo significativo. La alternancia entre los dos principales partidos se complementaba, cuando era necesario, con el apoyo de los grupos nacionalistas. Pero las combinaciones son, ahora, más complejas.

Así, al ganador de las elecciones, el Partido Popular, no tiene suficientes apoyos como para gobernar ni con el concurso de Ciudadanos. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha anunciado tras reunirse con Mariano Rajoy que votará en contra de cualquier opción que incluya al PP en el gobierno. Ha rechazado, también, la oferta de Ciudadanos de formar un bloque a tres que les incluya a ellos, con la defensa del sistema actual, pero sometido a unas reformas, como eje asumible por los tres grupos.

La opción a la izquierda no es mucho más viable: PSOE y Podemos suman menos escaños que PP y Ciudadanos. Necesitarían cuatro escaños más para una victoria por mayoría simple. Aunque sumasen el apoyo de IU (Unidad Popular) y de Coalición Canaria, necesitarían además o ERC o la antigua Convergencia, y ninguno aceptaría menos que un referéndum en Cataluña. O el PNV. Por otro lado, varios líderes regionales del PSOE han dejado claro que por acercarse a la ruptura de España no pasan. Y la estrategia de Podemos consiste, entre otras cosas, en hacer que esas contradicciones del PSOE acaben por debilitarle o incluso romperle, antes de que nos encaminemos a unas nuevas elecciones. Comicios que, así las cosas, son el resultado más probable.

Este complejo panorama político también tiene consecuencias económicas. Se habla, con motivos y buenas razones, de que la incertidumbre retrae la inversión. No hay nada más tímido, decía John M. Keynes, que un millón de dólares. Lo interesante es mirar cuáles son las causas de esa incertidumbre. En el nivel más básico, están en duda la continuidad de las reformas. Excepto un pacto de los tres grandes partidos constitucionalistas, e incluso si se repiten las elecciones con un buen resultado, España habrá dejado durante meses la senda de las reformas, y, aún más, si el resultado de unos nuevos comicios no es clarificador. En un segundo nivel, un gobierno manejado por Podemos imprimiría una agenda anti reformista y fiscalmente insensata, y llevaría a un enfrentamiento con la Comisión Europea y con el resto de socios de la UE. Esto es posible, e incluso probable. En un tercer nivel, Podemos tiene como gran objetivo el cambio del sistema político español, pero ya sólo el Partido Popular se basta para frenar cualquier intento en ese sentido. Y además tendría el apoyo de Ciudadanos.

En definitiva, lo previsible es, en primer lugar, que la inversión extranjera enfríe su interés por nuestro país. Si triunfa un gobierno pilotado por Podemos, a la previsible huída del capital le seguiría una sucesión de medidas desafortunadas, encaminadas a solucionar los problemas que ellas mismas crearían. Pero el desastre económico se quedaría en una vuelta a la recesión, no en nada más grave, gracias a la fortaleza de las instituciones españolas y europeas. Esa es la medida de lo que nos jugamos desde el punto de vista económico.
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