23 de octubre de 2019, 4:10:31
Editorial


El PSOE y su modelo de España



Pedro Sánchez es el paradigma de la incoherencia. Si a principios de semana declaraba no creer “en líneas rojas sino en puentes de diálogo” -en referencia a las cinco líneas rojas marcadas por Podemos para entablar cualquier tipo de acuerdo-, ahora marca él una. Así, hoy domingo presenta a sus barones una propuesta de resolución que limita la negociación de un posible pacto de investidura sólo a aquellos partidos que renuncien a poner sobre la mesa el derecho a decidir.

Esto dejaría fuera tanto a Esquerra como a Podemos, en tanto en cuanto no renuncie su idea del referéndum secesionista en Cataluña, sin olvidar la posibilidad de repetirlo, para empezar, en Euskadi -asunto éste que ha pasado de putillas pero que ahí está- y, después, en el resto de las autonomías, que es lo que conlleva un sistema confederal, como el que se propone sin confesarlo. Es un hecho que hay dos posturas dentro del PSOE: la inoculada durante el zapaterismo, proclive a entenderse con formaciones secesionistas de extrema izquierda a cualquier precio, y un socialismo más responsable que no está dispuesto a hipotecar sus señas por cuotas de poder.

Sin embargo, el socialista es un partido que en los últimos tiempos ha ido abandonando todo escrúpulo si con ello conseguía gobernar, aunque fuese en precario. Un ejemplo es el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara: critica un posible pacto con Podemos a nivel nacional, mientras que en su comunidad gobierna con ellos. Hay, pues, pocas esperanzas de que el PSOE haga un ejercicio de sensatez y trate de evitar que Podemos rompa España, aunque sería deseable que un partido de su trayectoria hiciera lo posible para que eso no pasara.
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