19 de noviembre de 2019, 6:17:08
Opinion

TRIBUNA


La universidad en América Latina

Alieto Guadagni


El año pasado se sancionó en Argentina la Ley 27204, estableciendo que “Todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior”. Es una ley que apunta, según expresaron los legisladores proponentes, asegurar la igualdad de oportunidades, se trata de una ley muy original ya que no se conocen muchos ejemplos de países con este régimen de ingreso a la universidad.

Según UNESCO, en los países industrializados más del 40 por ciento de los jóvenes logran una graduación en el nivel terciario; en América Latina la situación es distinta ya que la graduación universitaria es inferior, pero en la última década se está registrando un claro avance. Baste señalar que entre el 2003 y el 2013 la graduación total universitaria creció 86 por ciento en Brasil, 147 por ciento en Chile y 158 por ciento en Colombia. En Argentina el panorama es distinto, ya que en esta década la graduación total universitaria creció apenas 46 por ciento.

Mientras la graduación anual universitaria en Brasil alcanza a 50 graduados cada 10.000 habitantes, en Chile llega a 46 y en Colombia a 33, en Argentina se gradúan apenas 28 universitarios cada 10.000 habitantes. Esto significa que Argentina no solo tiene menos graduados, sino que además este atraso se agravó en la última década, ya que su graduación viene aumentando menos que en estos tres países. Como es posible tener menos graduados si es más fácil entrar a la Universidad en Argentina que en Brasil, Chile y Colombia? En estos tres países, lo mismo que en todos los países industrializados y también en China, Cuba y Ecuador, existen exámenes anuales a los estudiantes secundarios que desean postularse para una vacante universitaria. Estos exámenes son bastante parecidos, a pesar de las grandes diferencias políticas existentes, y reciben estos nombres: ENEM (Brasil), PSU (Chile), SABER-PRO (Colombia) y ENES (Ecuador). La reciente ley argentina prohíbe expresamente la aplicación de estos exámenes.

La realidad es que Argentina tiene (en proporción a la población) más estudiantes universitarios que estos países latinoamericanos que aplican criterios exigentes para el ingreso, pero el caso es que tiene menos graduados que ellos, cómo es esto posible si es más fácil ingresar a la universidad estatal o privada en Argentina?. La explicación se encuentra en la baja graduación de las universidades, que registran elevados índices de deserción estudiantil. Después de estar un año en las universidades estatales argentinas la mitad de los estudiantes no aprobó más de una materia, y desertan de la carrera 70 cada 100 ingresantes. En las universidades privadas argentinas, el 29 por ciento de los estudiantes no aprobó más de una materia después de un año, esto también incide negativamente en la baja graduación de estas universidades, donde desertan casi 60 de cada 100 alumnos ingresantes.

Si en Argentina nos quedamos así como estamos, consolidaremos nuestro atraso educativo y comprometeremos el futuro de nuestros adolescentes, ya que el Congreso ha decidido quitarles la oportunidad de esforzarse y dedicarse al estudio para ingresar a la universidad con una adecuada preparación. Si hacemos todo al revés de los demás no esperemos buenos resultados. La Argentina creció potenciada en el siglo XIX por una extendida escuela primaria, hoy el desafío está a la vista: Para progresar en este siglo XXI necesitamos una universidad de calidad.

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