28 de julio de 2021, 6:58:31
Opinión

TRIBUNA


Perspectivas para el nuevo año

Alfonso Cuenca Miranda


Como se aventurara hace un año desde estas líneas, 2015 ha sido un año profuso en acontecimientos, muchos de los cuales han tenido consecuencias importantes en el devenir mundial.

Comenzando por el aspecto económico, el año recién concluido ha sido un año de crecimiento, aunque con destacadas excepciones. En el ámbito occidental la recuperación “se ha quedado”, especialmente en países como Estados Unidos, Reino Unido o España y, en general, en el espacio Unión Europea, como ha atestiguado la reciente subida de tipos de interés acordada por la Reserva Federal norteamericana. Las perspectivas para los países señalados en 2016 son de continuación del crecimiento, si bien de modo más moderado que en los pasados doce meses. En el escenario de las economías emergentes, países como India o China seguirán con su tendencia alcista; no obstante en el segundo caso el índice de crecimiento experimentará una importante contracción con repercusiones en otras partes del mundo que sufrirán la disminución de la demanda china de materias primas y otros productos. Ello afectará singularmente a Iberoamérica, en donde la evolución de Estados como Brasil o Venezuela (por distintos motivos) arroja serias dudas.

En el aspecto geopolítico 2016 continúa con muchas de las incertidumbres de 2015, acrecentadas por diversos acontecimientos ocurridos en el pasado año. El mayor desafío actual, al menos en el corto plazo, viene dado por el denominado Estado Islámico. Los atentados de París supusieron un salto cualitativo en el conflicto abierto hace unos años y trasladaron definitiva y peligrosamente el tablero de lucha a suelo occidental. Sobre el terreno los esfuerzos de la coalición (¿o de la “no-coalición”?) han dado algunos resultados, pero la irrupción de actores como Turquía, Arabia y, sobre todo, Rusia, complican la partida o, mejor dicho, las numerosas partidas que se están jugando en una zona en donde, una vez más, parece concentrarse la Historia. Junto a ello, “tramas-límite” como la ucraniana podrían volver a escena, con evidentes repercusiones para la estabilidad global.

Extremo Oriente bien puede calificarse como el centro del poder mundial, pues, no en vano, la verdadera partida se está jugando, se jugará, allí. En dicha zona la temperatura geopolítica ha subido varios grados en el año 2015, previéndose la continuación de este cambio “climático”, con una China que parece finalmente dispuesta a salir de su guarida. La construcción del primer portaviones enteramente chino o el anuncio de la eliminación de la renuncia a la guerra en la Constitución japonesa son bien ilustrativos de lo afirmado.

Otro gran teatro a seguir es Iberoamérica. Los cambios producidos en Cuba, Venezuela o Argentina pueden ser calificados como de auténtico movimiento sísmico en una zona que ojalá pronto se desprenda completamente de los residuos de anomalías históricas del pasado incompatibles con la democracia y los derechos humanos. Por contra, la habitación oscura en la que parece haber entrado el gigante brasileño supone hoy por hoy el principal peligro para una región deseosa de salir de una vez por todas del siglo XX.

Europa puede ser, de pronto, cuando parecía haberse instalado en el fin de la historia fukuyamiano, escenario de importantes cambios. A las heridas en su modelo de Bienestar abiertas por la crisis económica, se suman los serios desafíos lanzados a su propio modelo de convivencia. Ante unas instituciones comunitarias que parecen haber entrado hace tiempo en estado de hibernación en lo que a capacidad de iniciativa se refiere, asistimos a la resurrección de la política nacional, cabiendo destacar por el liderazgo ejercido (contra las apuestas iniciales) figuras como Cameron o Renzi. No obstante lo señalado, hay una cierta sensación de provisionalidad, de detención del tiempo, pareciendo todo a la espera de la cita clave, las elecciones presidenciales francesas de dentro de quince meses, que se antojan decisivas para el futuro de todo el continente.

Con todo, buena parte de lo que suceda en 2016 habrá de entenderse en clave electoral, ya que la superpotencia mundial está llamada a renovar su liderazgo. La incógnita de la nominación republicana y lo reñido de la batalla final por la Casa Blanca hacen más aventurado que nunca cualquier pronóstico. Por otra parte, junto a su incidencia interna, ha de tenerse en cuenta que, como ha ocurrido con frecuencia en el pasado, alguno de los otros actores mundiales intentará aprovechar que la mirada del coloso estará fija en las urnas.

En definitiva, 2015 ha contado con días luminosos y grises, si bien hemos de admitir que el mundo es más inestable hoy que hace un año. Con ello no quiera verse una apología del pesimismo. En todo caso, quizás estemos adentrándonos en una fase de antítesis histórica, de la que inevitablemente haya de salir una síntesis aceleradora del progreso histórico. Otra cosa es el precio que haya de pagarse por adelantado. Feliz año.

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