14 de diciembre de 2019, 1:52:44
Opinion

MACGUFFIN


Bescansa, más allá de la polémica

Laura Crespo


Escribir sobre el gesto de Carolina Bescansa al llevarse a su hijo de pocos meses a la sesión constitutiva de la Mesa del Congreso una semana después tiene la ventaja de la calma que sigue a la tempestad. Dieguito ya no es tendencia en Twitter y el siempre bienvenido ingenio vertido en la Red se ha ido con sus memes a otra parte. Hay quien ha vapuleado a la diputada de Podemos y hay quien la ha elevado a la categoría de heroína. Pasados los días, hay una realidad indiscutible: la conciliación familiar ha saltado al primer plano del debate político y ciudadano. Y eso, como mujer –me encantaría poder exponerlo también como hombre pero eso, claro, es imposible- en edad reproductiva, me merece un aplauso.

Luego está lo de si el fin justifica los medios, y ahí el abanico de opiniones es tan amplio como respetable. ¿Ha utilizado Carolina Bescansa a su bebé con fines políticos? No es la primera ni la última en política que aparece en la Cámara con su pequeño. También Rajoy se acompañó de su hijo para comentar un partido de fútbol en una emisora de radio en plena campaña electoral. Sí, el día de la colleja. Si repasamos la trayectoria de la número tres de Podemos en este sentido, parece que lo de llevarse a sus hijos consigo para compatibilizar, en la medida de lo posible, su vida familiar con la profesional viene de largo. Así que a Bescansa hay que leerle, cuanto menos, una coherencia al respecto. Por lo demás, está claro que la diputada podía intuir que su hijo iba a convertirse en la foto de la sesión. ¿Lo buscaba? Claro. Es lo que tiene el Congreso, que sirve para dar visibilidad a lo que dicen y hacen los parlamentarios como representantes de la ciudadanía. Y aquí está lo más gracioso de todo: el grito en el cielo de quienes han criticado a Bescansa por cargar con su retoño hasta el sillón del Hemiciclo teniendo una guardería en el Congreso, una niñera, una familia y un marido que podrían haberse hecho cargo de él. ¿Es que se está riendo Carolina de las miles de madres que no se pueden permitir esos lujos?

Uno de los motivos por el que nos encontramos en la situación, inédita en España, de ingobernabilidad actual es que buena parte de la ciudadanía se ha cansado de que los políticos que la vienen representando no busquen soluciones a sus problemas simple y llanamente porque no los entienden, porque nunca se han visto en paro o sobreviviendo con el salario mínimo interprofesional. Muchos de ellos, ni siquiera los han sentido, probablemente, en su círculo más cercano. Ni tampoco ninguno de los que ahora se sientan en el Congreso tendrá problemas para contratar una niñera o buscar una guardería. Por eso es importante que, aunque no los sufran en sus carnes, tengan la sensibilidad suficiente como para visibilizar las dificultades con las que tienen que lidiar sus votantes, incluso las de quienes no optaron por su papeleta.

Ni todas las madres y padres se pueden llevar a sus hijos al trabajo, ni todos, aunque pudieran, querrían hacerlo, y tan lícita es una opción como la otra. En términos de maternidad/paternidad la variedad de opiniones y vivencias es la norma, basta con echar un vistazo a las millones de entradas en Internet que hay al respecto. Quizás en poder elegir esté la solución. Como lo han hecho algunas de las políticas de nuestro país. Soraya Sáenz de Santamaría volvió al trabajo sólo diez días después de dar a luz en 2011, y Carme Chacón se tomó apenas seis semanas de baja maternal cuando era ministra de Defensa en 2008. Respetable elección en casos particulares que no pueden, sin embargo, sobreponerse al hecho de que en España, las 16 semanas de baja por maternidad están muy lejos de las 26 de la media europea.

Como en muchos otros aspectos, en la maternidad, la sociedad está pervirtiendo a la naturaleza. Y cuando escribo “sociedad” subyace, casi siempre, “economía”. ¿Nos extrañamos de que la presidenta del Círculo de Empresarios reconociera sin tapujos el año pasado que prefiere contratar hombres o mujeres en edad no fértil? ¿Nos asombra que tener un hijo se asocie –en el caso de las mujeres- a una especie de renuncia implícita a la trayectoria profesional? ¿Nos sorprende que la media de hijos en España se sitúe en el 1,3 por ciento, sin garantizar siquiera el relevo generacional? ¿Tenemos miedo de quedarnos sin pensiones? Y mientras, asumimos que dejamos a nuestros hijos en una guardería para irnos a ganar dinero que nos permita pagar esa guardería. Muy simplificado, así de absurdo es el país que hemos construido.

La solución no es que una diputada se haga una foto con su bebé en el escaño que ocupa, no. Pero lo de Bescansa ha reavivado un debate necesario. Si esa era su intención, desde aquí, mi elogio y un voto de confianza para que en unos meses, cuando se pase de los gestos a los hechos –y las leyes-, siga por la senda correcta.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es