23 de enero de 2021, 2:05:44
Opinión

WELTPOLITIK


Elecciones españolas y los mensajes de la sociedad

Carlos Ramírez


En una reciente charla con politólogos de El Colegio de México, el presidente ejecutivo de la Fundación Ortega-Marañón, Eduardo Serra, hizo una afirmación dialécticamente acertada: la economía es global y la política es local; pero en los hechos, lo local de la política se internacionaliza en función de las políticas económicas.

Esta columna que se inicia en El Imparcial de España asume en su título la dialéctica de la geopolítica: el genio perverso de Kissinger se refirió a la “aldea global” mucho antes de las intercomunicaciones cibernéticas. Sin embargo, el concepto viene de más atrás: en 1922 José Ortega y Gasset publicó un ensayo que exige una relectura a la luz de los acontecimientos político-electorales: España invertebrada.

Y en ese texto que indagó el origen de España Ortega y Gasset revalidó un concepto alemán que se ajusta al intento de esta columna de disminuir el océano que separa: la weltpolitik, que se traduce como política mundial pero que con un ajuste sintáctico puede adquirir una dimensión mayor y más directa: política-mundo. España, recordó entonces el filósofo, nació de la unión de dos grandes políticas internacionales: la de Castilla, hacia África y el Centro de Europa; y la de Aragón, hacia el mediterráneo. Y luego llegó América.

Desde México la política española preocupa. Con procesos de transición locales, en el juego geopolítico las distancias pueden ser inexistentes. El encauzamiento del saldo electoral del 20-D tendrá que encontrar sus dinámicas propias, pero en México preocupa por el mensaje de los electores. ¿Qué quisieron decir los españoles al construir sobre la marcha un pluripartidismo de cuatro corrientes dominantes, aunque, como dijo don Eduardo Serra, colocados sólo en las dos ideologías polarizantes: izquierda y derecha en diferentes expresiones? ¿Qué mensaje enviaron los electores a los partidos que se disputan accesos al poder?

La sociedad que participa en elecciones ha tenido un proceso de evolución en el corto plazo: a través de voto construyó la pluralidad. Pero el funcionamiento de los sistemas de partidos ha llevado a la ineficacia de las instituciones o a la incapacidad de las élites políticos para entender las evoluciones de la sociedad. De la pluralidad se pasó, por la vía de los proyectos ideológicos poco negociables, a la fragmentación. Y por efecto del uso de las redes sociales como mecanismos de participación de pasiones, las sociedades se encuentran en el camino de la balcanización de posiciones irreconciliables.

Las dificultades para construir mayorías parlamentarias --aún en sistemas presidencialistas como el mexicano-- no sólo está demostrando la poca funcionalidad de los actuales sistemas políticos, regímenes de gobierno y Estados nacionales, pero los partidos políticos y las élites dirigentes pareciera que no están entendiendo los mensajes de la sociedad. Como se ve desde México, el saldo electoral del 20-D no se entiende como la necesidad de una alternancia vía construcción de pactos partidistas, sino --también como en México con las victorias del PRI en escenarios de crisis sociales y políticas-- la urgencia de reformar el sistema/régimen/Estado para volver a hacer funcional la relación de la nueva sociedad activa-participativa con los dirigentes políticos.

El gran peligro político radica en que la fragmentación social en las elecciones lleve a los partidos a la balcanización, es decir, a la definición de espacios propios dentro de una sociedad mayor pero sin voluntades de entendimiento: el aislamiento absoluto. La democracia procedimental o de primer piso radica en el uso de las elecciones para relevar direcciones políticas en el gobierno a través del modelo de las mayorías absolutas o simples. Pero la clave de la administración política de la democracia consiste en que las mayorías no excluyan a las minorías, ni las minorías aspiren a espacios de poder para considerarlos como propios.

El saldo electoral en España ha mandado el mensaje de que la pluralidad ya se encuentra en la fragmentación y corre el peligro de la balcanización: no se busca el entendimiento sino la imposición de fuerzas para la apropiación del poder. Lo paradójico del caso es que la organización de las instituciones electorales y políticas permiten salidas formales a problemas que parecieran terminales: o se construyen mayorías absolutas con pactos basados en reformas indispensables para ajustar el sistema/régimen/Estado a una nueva realidad de la diversidad política o nuevos procesos electorales irán decantando salidas audaces.

En México los peligros son correlativos: la alternancia del 2000 no derivó en la instauración de un nuevo sistema/régimen/Estado y el PRI regresó al poder en el 2012; en medio de pérdida de su base electoral y en función del esquema procedimental de mayoría simple, el poder se ejerce en sus tres niveles de gobierno --federal, estatal y municipal-- a partir de minorías que disminuyen la legitimidad: el partido del presidente Enrique Peña Nieto ganó el 2012 con el 28.9% de los votos y subió a 39% con su alianza con el Partido Verde; para las presidenciales del 2018 puede darse el caso de que el próximo presidente llegue a Palacio Nacional con el 33% de los votos de la alianza ganadora.

La pluralidad de la sociedad presenta un desafío a las élites gobernantes. El riesgo es que la fragmentación de espacios derive en una balcanización social-política-partidista de plano sin posibilidad de acuerdos. Porque alianzas electorales de minorías electorales sólo llevan a la paralización de la gobernabilidad.

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