27 de mayo de 2019, 5:50:22
Cultura

NOMINADO AL GOYA AL MEJOR ACTOR


Pedro Casablanc: "Si nos callamos porque nos dan dinero, somos corruptos"

Laura Crespo

Nominado al Goya al mejor actor por su tremendo Luis Bárcenas en 'B. La película'. Por Laura Crespo


¿Cuál fue tu primera sensación o pensamiento cuando te llega el papel de Bárcenas en esa obra de teatro de Alberto San Juan que es germen de la película?
Bueno, estoy muy acostumbrado a que me den papeles raros, a que me llamen para hacer cosas arriesgadas. He hecho de animal, de bicho, de malos terroríficos… Esto era una buena sorpresa, pero tampoco tanto. Hace tiempo hice una película para televisión en la que interpretaba a Mariano Rubio, el Gobernador del Banco de España en la época de Felipe de González, que también estuvo en la cárcel por corrupción. Me gustó la idea, porque me gustaba el personaje, me gustaba el caso Bárcenas y, sobre todo, me gustaba que me lo propusiera Alberto San Juan para hacerlo en el Teatro del Barrio. Fue todo bastante natural, bastante sencillo, no me esperaba para nada que fuera a convertirse en esto.

Los actores que estáis acostumbrados a hacer de ‘lo malos’, tenéis que hacer un esfuerzo para comprender sus motivaciones y objetivos. ¿Has llegado a entender a Bárcenas?
Cuando haces un malo, y yo he hecho muchos, siempre le tienes que entender. Siempre tienes que ponerte en su lugar, tienes que defenderlo y hacer lo que está escrito, responder a sus necesidades y a sus motivaciones. En el caso de Bárcenas, tampoco era muy difícil. He hecho malos que tenían unas motivaciones más criminales o más oscuras. La motivación de Bárcenas era, simplemente, meter mano de lo que no es tuyo. Conociendo la dinámica de la picaresca española, t das cuenta de que casi todo el mundo se mueve así, que hay chorizos y mafiosos en todas partes y que todos lo sabemos, todos los conocemos y todos nos los callamos. Yo tenía que defender a un chorizo más.

Esto de “la picaresca española” es muy recurrente al hablar de ciertos problemas que sufre nuestro país. ¿Hay una especie de trauma de lo que significa ser español?
Es difícil, pero sí que hay una tradición de picaresca, de ladronzuelos, de sinvergüenzas y de gente fuera de lo legal, desde El Lazarillo de Tormes, que nos hace mucha gracia y que nos gusta. Si no, no tendrían tanto éxito los programas de Telecinco, de gente de muy dudosa condición. A la gente le gusta mucho ver esto. Uno que se haya lucrado y enriquecido haciendo trampas, suele ser bien considerado. En nuestra profesión, tenemos casos bastante recientes de corrupción y nadie dice nada, porque parece que tenemos que defender lo nuestro. En todas las profesiones pasa.

Con ejemplos como el juicio del caso Bárcenas, ¿crees que la justicia funciona?
Creo que hay una especie de simulacro de justicia, donde algunos pagan incluso de una manera excesiva y otros, que a lo mejor deberían pagar más, no lo hacen. Ahora tenemos el gran caso de la Justicia, el caso Noós, en el que está imputada o procesada la Infanta junto a su marido… Ahí está la radiografía de nuestro país: que la hija del rey abdicado y hermana del Rey actual esté acusada y declarando en un juicio. Es muy definitorio de esta sociedad. Sí que es verdad que la Justicia a veces funciona y que hay algunos jueces o algunos miembros de la judicatura que pueden hacer su trabajo. Pero hay otros que no. Creo que el caso del juez Ruz ha sido tremendo o incluso el del juez Garzón, otro al que no le han dejado hacer su trabajo. Otra de las picarescas de nuestro país es que la justicia esté tan ligada al poder.

Creo que la gente que ha visto ‘B’ ha visto realmente a Bárcenas en tu interpretación. ¿Qué fue lo más difícil del papel?
Lo más difícil para mí en una película o en una obra de teatro es siempre memorizar. Y creo que esta es la obra de teatro o la película donde más texto he tenido de todo lo que he hecho. Un texto además muy, muy difícil de aprender, porque hay muchos datos y muchas fechas que yo no conocía previamente y que he tenido que aprender completamente de memoria y, sobre todo, porque había que darle al texto la seguridad que tiene el personaje. Luis Bárcenas tiene una característica que le hace ser muy carismático y que es la seguridad y el empaque que tiene cuando habla, la facilidad de palabra que tiene, su capacidad para introducir algún chascarrillo o broma y de ser siempre sarcástico y sacarle punta a las cosas. Eso me hizo mucha gracia del personaje y lo quise incorporar. De hecho, creo que es lo que a la gente le hace recordar el carácter del personaje sin que nadie le conozca realmente, porque le conocemos todos de cuatro declaraciones en televisión, tampoco le hemos visto mucho más. No es un personaje que se preste mucho a los medios. La gente se piensa ahora que Bárcenas soy yo, porque él no sabemos cómo es.

La película tiene un punto humor que saca más de una carcajada en el cine. ¿Cómo hacer que a gente se ría de algo tan serio?
La gente se ríe por la situación tan descarada que se está planteando allí, por cómo un tipo está contando con tanto descaro comportamientos ilegales, casi delictivos, y lo está haciendo con una tranquilidad y con una normalidad pasmosas. Cuando nos reímos de algo es porque nos estamos reconociendo en eso. Ese es el tema, que hay mucha gente que se reconoce o que reconoce a alguien de su entorno cercano que es igual de corrupto que esa gente de la que está hablando Bárcenas en la película, y eso es lo que nos hace mucha gracia.



¿Ha cambiado tu visión del caso Bárcenas después de haberte metido en el personaje?
No ha cambiado porque yo no tenía una visión muy concreta ni una opinión al respecto más allá de que ahora es Bárcenas, pero antes fueron Mario Conde y Mariano Rubio en la época de Felipe González, el caso Roldán, el caso Paessa... Casos de corrupción ha habido siempre y supongo que seguirá habiendo, desgraciadamente. No es que haya cambiado, es que la he conocido más en profundidad.

Antes de hacer la película llevabas un año con el personaje en los escenarios. ¿Es el sueño de cualquier actor, poder convivir tanto tiempo con el personaje antes de ponerse delante de la cámara?
Absolutamente. Cuando haces una película con un personaje grande lo que necesitas es ensayar. Yo no sé improvisar, necesito tenerlo todo muy seguro. Para mí la interpretación de un personaje es crear una partitura de movimientos, de cómo habla, de cómo se mueve. Si no lo llevo muy ensayado, hay una cierta inseguridad y sólo queda confiar en el montador. Lo bueno de esto es que lo llevábamos tan ensayado, tan integrados los personajes, que llegamos a la película con mucha seguridad, con mucho trabajo hecho.

David Ilundain ha adaptado la obra de Alberto San Juan al lenguaje cinematográfico, decantándose por una estética muy documental. A nivel de interpretación, ¿hubo que cambiar de un medio al otro?
No, prácticamente nada. Digamos que en el teatro domina el actor, es el que está solo durante la hora que dura el espectáculo delante del espectador, y en el cine el trabajo lo hacen el director y el montador. Pero yo me limité a trasladar lo que hacíamos en el teatro a la sala real de la Audiencia Provincial donde rodamos la película. Estaba más cómodo, eso sí, pudiendo vivir la situación real. En el teatro es todo más abstracto o sugerido, aunque también es verdad que en el Teatro del Barrio hicimos un trabajo, si se quiere, cinematográfico, muy de verdad, intentando hacer algo que fuera un poco documental, que no fuera muy teatral, que no tuviera tonos de voz muy elevados.

‘B’ ha terminado en los cines gracias a una campaña de crowdfunding. ¿Qué opinas de este tipo de micromecenazgo como forma de financiación de proyectos cinematográficos, o, en general, culturales?
En este caso estoy muy agradecido a toda la gente que colaboró, porque yo quería que saliera adelante esta película y era una oportunidad para mí como actor que estaba deseando que llegara, y se lo agradezco a David y a los 500 y pico mecenas. Pero a mí no me parece un medio. Creo que hay que apoyar el cine, hay que dar dinero para cultura y tiene que tener una partida específica en los PGE. Creo que el crowdfunding es pedir dinero a la gente para hacer algo, y esa no me parece que sea la solución.

¿Por qué era necesaria esta película? ¿Por qué tenía que hacerse?
Creo que porque no se hace cine político en España, un cine político donde se presenten situaciones reales con nombres y apellidos. Y se deben, probablemente, a que siempre estamos dependiendo del dinero que nos den los políticos de los que queremos hablar. A partir de ahí no se puede hacer nada. Es otro sistema de corrupción que añado a todos los anteriores: nos tenemos que callar, y cuando nos callamos porque nos están dando dinero, estamos siendo corruptos. Esta película es necesaria porque demuestra que se pueden hacer cosas desde fuera, con dinero privado. Y no me refiero sólo al crowdfunding, sino a que haya grandes mecenas que puedan apoyar iniciativas privadas que puedan contar en una película las cosas que ocurren, como hacen los americanos, los franceses o los italianos. Aquí todavía no podemos hacer eso, tenemos mucho miedo a que se nos corte el chorro que ya está, de hecho, muy cortado. Y el tema del 21 por ciento es otro un castigo que nos han puesto.

Pero en España parece que, mientras se empobrece la inversión pública, tampoco termina de arrancar la privada…
Tenemos una lacra importante que es la educación en cultura en la sociedad. Aquí la cultura no se ha entendido nunca como una necesidad sino, probablemente, como un capricho o una forma de entretenimiento, por lo que no se considera una responsabilidad del Gobierno. Hubo un recorte importante con la llegada del PP al Gobierno y lo estamos sufriendo. No se considera importante o no consideran que la cultura les vaya a beneficiar de ninguna forma. Pero por otra parte, como dices, no hay una decisión definitiva por parte de la iniciativa privada de hacer ese tipo de cosas.

En este sentido, ha habido películas en los últimos años que están demostrando que el cine en España también puede ser un negocio rentable. ¿Eres optimista?
Yo no sé muy bien dónde están esos grandes taquillazos. A parte de Santiago Segura y ‘Los apellidos’… son casos muy puntuales, muy concretos y se habla de ellos como de algo mágico que ocurre de vez en cuando. Todavía no tenemos conciencia de que esto pueda ser una industria que reporte beneficios.

¿Cuál es, entonces, el camino?
No lo sé. Me dedico a actuar. No tengo la forma de cómo se podría… creo que es una concienciación de los gobiernos y de la sociedad de que lo que hacemos es necesario.

Ahora estamos viviendo un momento de cambios en la política del país. ¿Será un punto y aparte en los casos de corrupción casi inherentes al sistema o vamos hacia más de lo mismo?
Creo que hay que confiar en que haya nuevas iniciativas. Yo estoy muy contento con el Gobierno municipal de Colau en Barcelona, por ejemplo. Creo que es un gran paso de gente nueva que, por lo menos, trae ilusión. No sé si van a ser igual, pero sí que veo que hay una nueva generación de políticos jóvenes, gente muy formada que parece que tiene ganas de que todo cambie, y eso me alegra. Tengo esperanzas, de verdad.

¿Facilita la repercusión de esta película y la nominación al Goya que salga más trabajo?
Esta película ha sido un punto y seguido, uno muy importante porque es la primera vez que hago un protagonista en una película y la primera vez que estoy nominado para los Goya, y para otros premios como los Forqué o los Feroz. Pero era un momento en que estaba teniendo bastante trabajo. La verdad es que no me puedo quejar, siempre he trabajado. No sé si esto va a hacer que trabaje más. En cualquier caso sí que va a hacer que yo, que he hecho más teatro y televisión, esté más metido en el círculo del cine, que es bastante estanco y ahora parece que me ha abierto un poco la puerta. Me apetece mucho.
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