23 de enero de 2020, 7:57:39
Editorial


EPA: luces, y algunas sombras



Sólo un mundo sin perfiles está carente de sombras. Lo mismo cabe decir de la economía, en la que cada factor tiene su envés y su revés. La última EPA ha sido celebrada, con razón, pues muestra que la recuperación económica (que ha sido refrendada con los últimos datos de PIB) empujan finalmente al mercado laboral, que sigue una senda de franca recuperación.

En el último año se han creado 525.100 empleos, un aumento del 3 por ciento, acompasado con la actividad. Ahora, la economía española puede crear más empleo con menos actividad, lo cual muestra que la reforma laboral ha tenido un efecto benéfico. El paro sigue remitiendo, y el número de familias que tiene a todos sus miembros en esa situación, también, aunque siguen superando el millón y medio. Por otro lado, el número de hogares en el que todos sus miembros trabajan sigue creciendo, y se acercan a los diez millones. Uno de los mejores datos arrojados por la EPA, y que no ha recibido el interés que se merece, es el de que por fin remite sin vacilaciones el paro de larga duración. La situación de desempleo, si es prolongada, contribuye a que sea más difícil salir de ella. No sólo se pierde la contribución que esos trabajadores pudieran hacer a la riqueza, sino que su capital humano puede resentirse si no se aprovecha bien el cese de actividad, o hay un cambio tecnológico muy rápido.

Pero también hay sombras. No tanto la precariedad, pues es normal que en una recuperación como ésta llegue primero la cantidad del empleo antes que su calidad. De hecho, estos aspectos oscuros tienen que ver más con la demografía que estrictamente con el mercado laboral. Uno de ellos es el número de hogares, que no deja de crecer. El motivo no es el aumento de la población que, antes al contrario, se reduce año a año, sino que los hogares son cada vez más pequeños. Y crece, a gran velocidad, el número de hogares unipersonales. Han adquirido tal importancia, que el INE ya ofrece de forma desgranada su número: constituyen uno de cada cuatro hogares.

Hay otra gran sombra que se puede ver en la EPA, y no sólo en ella. La población activa suele caer cuando el mercado laboral expulsa masivamente a los trabajadores, y esa situación se mantiene durante un tiempo, y sube, con cierto retraso, cuando las contrataciones vuelven a superar a los despidos. Pero esto último no ha ocurrido. La población activa sigue remitiendo, a un ritmo mucho mayor que el de la población. La proporción de los mayores de 65 años ha aumentado en más de dos puntos en los últimos seis años, y se queda a tres décimas del 22 por ciento. Esto explica que, a pesar del aumento del número de empleados, y en consecuencia de cotizantes, la hucha de las pensiones ha vuelto a reducirse en 2015, y está en la mitad del máximo que alcanzó en 2011. La economía española, y en general las desarrolladas, tienen que adaptarse a una población cada vez más envejecida.
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