23 de septiembre de 2019, 15:41:37
Opinion

TIRO CON ARCO


Varoufakis 'unchained'

Dani Villagrasa Beltrán


“A largo plazo, todos calvos”, según la frase que se atribuye a John Mainard Keynes para defender las políticas de gasto y dispendio en la economía. Yannis Varoufakis, cuya calva se hizo famosa durante la crisis griega, anda enredando con la idea de un partido paneuropeo contra la austeridad.

Cuando todavía era ministro de Finanzas griego, y, según la versión más infantiloide, parecía a punto de conquistar Europa y liberarla de la malvada tiranía de Angela Merkel, las cámaras de televisión le esperaban por los pasillos ministeriales de Madrid. Los camarógrafos querían dejar sus aparatos ya preparados para cuando saliera Varoufakis y subían bien alto los trípodes que los sostenían: “Un poco más, un poco más, que este tío es grande”. Lo imaginaban como a un gigante fabuloso. Creo que de cosas como ésta nacen las burlas sobre la estatura de Napoleón, ya que, antes de verlo, todo el mundo se lo figuraba enorme, hercúleo, un monstruo.

Napoleón también ensayó un segundo intento de conquistar Europa. Escapó de la Isla de Elba junto a su guardia pretoriana de 600 soldados y, cada vez que Luis XVIII le enviaba un contingente para apresarlo, Napoleón lograba reclutar a esos hombres para su causa, de modo que se plantó a las puertas de París con un Ejército, de nuevo. De ahí al trono de Emperador, de ahí todo recto hasta Waterloo, la última derrota.

En cuanto al discurso que enarbola Varoufakis contra la austeridad, la propia Cristine Lagarde, presidenta del Fondo Monetario Internacional, uno de los tres acreedores que aprietan las tuercas de Grecia, predica a favor de los estímulos y la manga ancha.

Lo lleva diciendo mucho tiempo, y la última vez ha sido este fin de semana, en Shanghai, donde se ha celebrado el G20. Parece que allí se ha hablado poco de Grecia y mucho del ‘Brexit’.

Yo, que prefiero viajar por las carreteras de Europa antes que por sus cielos, para medir mejor sus distancias y magnitudes, creo que al Continente le hace falta un nuevo mito, algo que le diga qué es lo que lo une y no lo que lo separa. A día de hoy, no creo que sea posible.

Sobre esto de los mitos, que es la manera de explicarnos a través de las historias, Kundera observa que hay que tener cuidado con el manejo de los paralelismos y las redondeces. Señala que Anna Karenina conoce a su amante en el tren, y, cientos de páginas después, despechada, se suicida arrojándose a las vías del mismo, como para lanzar un mensaje de reequilibrio. Durante la crisis cundió la idea de que la democracia, que nació en Grecia, en Grecia había de enfrentarse a su final.

Varoufakis quiso ensayar el papel de Ulises, de Hamlet, de Napoleón, en fin, de héroe, pero se estampó contra la Europa gris y los burócratas. Después lo abandonó Tsipras. Después lo abandonaron los votantes. Ahora intenta reconquistar al ‘pueblo’.
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