24 de febrero de 2020, 5:30:07
Opinion

TRIBUNA


"El que no roba es porque no puede"

Nacho López


Política: “Un conflicto de intereses que se enmascara como una discusión de principios. La utilización de los asuntos públicos para obtener beneficios privados”. Ambrose Bierce, ‘El diccionario del diablo’


Creo que el meme popular de que ‘todos somos unos ladrones en potencia’ es mucho más dañino que la actual podredumbre moral de muchos políticos, empresarios, artistas y personas con cierto éxito material. “Los papeles de Panamá” son un ejemplo más de la decadencia de una clase social, y de una clase de personas: los chorizos de guante blanco.

Si les soy sincero, no me impresiona ver como bastantes de las caras que salen en las revistas, en las televisiones o en los periódicos, son las mismas acusadas con el dedo de la inmoralidad. Una desvergüenza que se muestra en múltiples casos de corrupción, robo, evasión de impuestos, abuso de poder y excentricidades varias, pero también en forma de misantropía y desprecio por la naturaleza y por los animales. Uno podría pensar que para llegar arriba hay que ‘jugar al juego’ sin escrúpulos y dejarse llevar por la corriente de los deshonestos, pero no creo que todos los que han llegado a tener éxito político, empresarial o material sean unos frescos. Los chorizos, sin embargo, intentan justificarse unos a otros con su extendido mal comportamiento: “así es como se hacen las cosas aquí”, nos dirían. Tampoco creo que “el que no roba es porque no puede”, como he escuchado numerosas veces. Permitir el uso y abuso de frase tan popular es obsceno, e injusto. Uno no roba porque está mal, y punto.

¿Cuántas veces habremos oído la dichosa frase? Parece como si hoy en día nadie creyera que una persona con poder social o económico no engañe o abuse, se da por sentado que lo hace. ¿Cómo es posible que permitamos insultarnos de esa manera? Pensar que si uno llegara a tener tal o cual poder, abusaría sin pensarlo, es como si un devoto de cualquier religión maltratara al prójimo, o como renegar de nuestra propia conciencia; un sinsentido. Las palabras, sin embargo, de tanto usarlas se pueden convertir en la profecía que se auto cumple, por lo tanto les invito a dar la vuelta a la tortilla y empezar a defender con vehemencia que “nosotros, aunque pudiéramos, no robaríamos sino que seríamos aún más generosos”.¿Por qué?, porque el que bien hace, bien recoge, y sobre todo porque la voz de nuestra conciencia es tan delicada que resulta fácil ahogarla, pero es también tan clara que resulta imposible confundirla (Madame de Staël); y aunque parece como si una parte de ‘la élite’ no la tuviera, todos la tienen, incluso apaleada. Allá ellos.

Otras frases corrientes (memes) que siguen a la primera son: “tenemos los políticos que nos merecemos” o “tenemos la situación económica que nos merecemos”. Vayamos por partes, como decía Jack el destripador: una cosa es que tengamos una forma de ser y de vivir que, de alguna manera, no nos ponga al nivel profesional de otros países, y otra cosa es que libremente elijamos que unos golfos nos gobiernen o que unos ricos nos mangoneen, porque, en el fondo, también somos unos “ladrones en potencia” y nos lo merecemos. No señor, me niego rotundamente a pensar que yo, mi familia y la mayoría de mis amigos son así. Pongo la mano en el fuego ahora mismo por todos ellos. Nada de esto tiene que ver con no pagar (o no cobrar) el IVA de un servicio, ni con las descargas piratas por internet ni con llevarse a casa un poco de material del trabajo. Una cosa es vivir conforme a unos usos y costumbres populares, con la consiguiente evolución de lo que llaman ‘economía colaborativa’, por ejemplo, y otra muy distinta es acostumbrarse a exigir un soborno por valor del 3% de cada obra o contrato público. No es lo mismo tomarse ciertas libertades en el trabajo que sentirse con el derecho -y la libertad- de esconder todo el dinero generado en un paraíso fiscal. Y no es igual trabajar en una profesión liberal donde se cobra dinero B (negro) para sobrevivir, que abusar del poder político-económico para arrasar con todo y abusar de todos los que se cruzan por el camino. Nadie puede comparar lo uno con lo otro: mientras unos intentan sobrevivir y luchan como pueden, los otros son unos inmorales que viven fuera de la ley, tanto de la oficial como de la oficiosa. En realidad todos ellos son unos ignorantes pobres de espíritu que piensan que su ‘impune grandeza’ nunca será juzgada, pero lo será, tarde o temprano, por lo legal, por lo social o por lo espiritual.

Dejemos pues de pensar que, en el fondo, somos todos igual de malos y de chorizos, ya que los que no engañamos, no robamos y no abusamos de los demás, no merecemos tales atributos. Aunque tampoco lleguemos a merecer una portada o el nombre de una calle. Por mí, se pueden quedar con el callejero entero.

“Según pienses, así serás” Wayne W. Dyer

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