25 de enero de 2020, 1:10:23
Opinion

TRIBUNA


Los valores en España

Natalia K. Denisova


España, como el Quijote, siempre nos sorprende. Siempre hallamos algo que nos salva de la deriva. Frente a la palabrería y los aspavientos que salen desde las tribunas de las organizaciones subvencionadas, hallamos que hay instituciones culturales y educativas que funcionan al margen de la financiación pública. Ejemplo excelso es el de la Asociación Estudios de Axiología, que va a cumplir el próximo 15 de abril veintiocho años. Tiene mucho mérito una asociación que estudia los valores para vertebrar mejor una sociedad, la española. La asociación fue fundada por José María Méndez, con el objetivo de divulgar el saber sobre los valores válidos para todos los humanos. Esta asociación es un ejemplo de una organización que se mantiene sin apoyos gubernamentales ni de cualquier otro organismo. Y, a diferencia de las instituciones más potentes, no se queja amargamente sobre las faltas y carencias, sino trabaja y organiza distintas actividades. Quizá una de las tareas principales es organizar, desde hace 23 años, el Curso sobre Valores Humanos.

Este año se lleva a cabo esta actividad en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Los ponentes, destacados profesores y conferenciantes, escogen libremente el valor que les interesa. De las diez sesiones programadas, cuatro ya han tenido lugar. La primera conferencia abordó el valor de la filosofía política de Ortega, especialmente su liberalismo, para entender lo que esté pasando hoy en España. Después de pasar revista al proceso de desnacionalización de España de los últimos veinte años, el doctor Maestre reivindicó la idea de la España liberal de Ortega. El ponente del segundo día, doctor López-Quintas, desgranó con diáfana claridad los niveles del conocimiento de los valores y los problemas que nos pueda causar la confusión. Uno, con el mínimo conocimiento de la obra de Ortega y Gasset, podría pensar que las nociones básicas de esta conferencia proceden de sus obras, verbi gratia, de El ensimismamiento y alteración, pero el dr. López-Quintás con un comentario desmintió esta apariencia al decir que Ortega no sabía pensar bien. Una lástima, sigo empeñada en pensar lo contrario.

Las sesiones de esta semana han sido de otro cariz. La doctora Almacellas utilizó el lenguaje cinematográfico, lleno de imágenes y sonidos, para acercarse al valor del verdadero educador que no siempre coincide con el profesor, y con frecuencia tiende a convertirse en un mero manipulador. Mientras que el ponente del viernes, el dr. Felicísimo Valbuena, con un lenguaje directo y vehemente, propio de una reflexión profunda, se lanzó al estudio de las relaciones entre la ética, moral y política. El telón de fondo de su reflexión es el pensamiento de Gustavo Bueno y la obra de Silverio Sánchez Corredera sobre Jovellanos. Le sobraron los ejemplos de cómo lo político puede aniquilar lo individual o, al contrario, lo individual subyugar el bien común a su tiránica voluntad. Un viejo debate que parece no tener otra solución. Repasó algunas de estas contradicciones entre ética y política a la luz de las series contemporáneas de televisión, especialmente, la británica Ministro, señor Ministro.

En resolución, aunque los buscásemos con un candil encendido a mediodía como los nuevos Diógenes de Sínope, los valores escasean; por esto aplaudimos las iniciativas que los potencian. La Asociación Estudios de Axiología es una de ellas. Mantener una asociación sin ánimo de lucro casi treinta años es un gran mérito. Un gran valor per se.

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