17 de noviembre de 2019, 13:51:51
Opinion

TRIBUNA


Sonrisas Digitales

Nacho López


“La Sonrisa Profesional, una pandemia nacional en la industria de los servicios […] Ya conocen esa sonrisa […] esa sonrisa que no llega a los ojos del que sonríe y que no significa nada más que un intento calculado de adelantarse a los intereses del que sonríe fingiendo que le cae bien el objeto de la sonrisa. ¿Por qué los empresarios y gerentes obligan a los profesionales de los servicios a irradiar la Sonrisa Profesional? ¿Soy el único consumidor en quien dosis elevadas de esa sonrisa producen desesperación? […]Y, sin embargo, ha llegado un momento en que la ausencia de Sonrisa Profesional también causa desesperación. Cualquiera que haya comprado un paquete de chicles en un estanco de Manhattan […] conoce bien el efecto devastador para el alma del ceño fruncido de un empleado que sirve al público, es decir, la humillación y el resentimiento de que a uno le nieguen la Sonrisa Profesional. Y a estas alturas, la Sonrisa Profesional ya ha eludido incluso mi resentimiento hacia la Sonrisa Profesional: me alejo del estanco de Manhattan no solamente resentido por el mal carácter o la falta de buena voluntad del estanquero sino por su falta de profesionalidad al negarme la Sonrisa. Menudo jaleo, coño.”David Foster Wallace, ‘Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer’

Sumar relaciones profundas o multiplicar las superficiales, esa es la cuestión. Antes, lo importante era cultivar y regar una relación para recoger los frutos durante toda una vida; ahora, sin embargo, parece que es mucho mejor esparcir semillas de ‘muchas buenas impresiones’.

De lo sincero a lo mecánico y de lo reposado a lo inmediato: ¿somos más sociales o nos hemos vuelto ‘digitales’? Hemos pasado del tradicional paseo con el amigo, al párrafo escueto con emoticonos (el más usado, por lo visto, es el de la cara llorando de risa, que los americanos ya abreviaron con las siglas LOL -
Laughing Out Loud- para sustituir al ‘JAJAJAJAJÁ’ de toda la vida), uno ya no sabe qué es mejor, si lo moderno y efectista, pero superficial, o lo sincero y profundo, aunque anticuado. ¿Para qué tanta palabrería y tanta filosofía? ¿Por qué querría uno ser distante, discreto o reflexivo, de buenas a primeras? o ¿qué beneficios tendría para nuestra Marca [email protected] ser educado, prudente o serio? En realidad, puede que uno no debiera esperar un tipo de amistad muy distinta a lo que podría esperar de un vendedor con su ensayada Sonrisa Profesional, es decir, si alguien es un buen vendedor y después de su estándar y simpática presentación dental nos da un buen servicio, a un precio y calidad razonables, bien; pero si detrás de tanta efusividad y fragancias auditivas nos engaña y nos da gato por liebre, mal. Quizás más valga un sincero afligido que un postizo reluciente. Los primeros, devaluados; los segundos, colonizando.

En su libro “
Superficiales. ¿Qué está haciendo internet a nuestras mentes?”, Nicholas Carr desarrolla con brillantez la teoría de que las nuevas tecnologías están produciendo un cambio neuronal impresionante, hasta el punto de que cada vez nos cuesta más profundizar o concentrarnos en una sola cosa por mucho tiempo, relaciones personales incluidas. Puede que lo tecnológico y digital haya simplificado demasiado nuestras vidas. Ahora, ‘hablar’ con alguien significa ‘whatsapear’ y sin embargo ‘llamar por teléfono’ es casi siempre ‘inesperado y urgente’; ‘ligar’ se parece más a un intercambio de cromos -“si-le, no-le…”- o a la búsqueda de un buen restaurante (incluido facebooks, linkedins, instagrams, tweets y demás reseñas googleianas del susodicho) que a otra cosa; ‘leer’ se ha convertido en un tremendo ‘ejercicio contemplativo’ propio de un anacoreta y escribir más de los caracteres permitidos por Twitter (140 al principio, creo – no estoy muy actualizado, me temo) parece una tremenda pérdida de tiempo. ‘Ser majo’, hoy en día, está más relacionado con tener una ‘sonrisa Vitaldent’, con hacer un buen self-pitching (auto-presentación) o con soltar la única pregunta de rigor “¿a qué te dedicas?”... para seguir -sin aliento- con nuestro rollo, que con escuchar de verdad: con la cara, con los ojos y con la boca.

Es cierto que una cara sonriente puede ayudar a establecer una mejor relación, del tipo que sea, pero al igual que un uso indiscriminado de hipervínculos nos distraen de un texto en internet, un exceso de detalles enlatados nos alejan de las personas y de nuestro objetivo: conectarnos. Yo también tengo mi propia Sonrisa, más bien mueca, Profesional Digital medio ensayada y, aunque se activa en muy pocas ocasiones, reconozco que en mi caso es una pésima reacción primitiva del que busca la aprobación sin mucha esperanza, como el texto de internet que por hacerlo más atractivo está lleno de links y al minuto nos distrae con otra página,… y ésta con otra más,
ad infinitum. Igual tendríamos más éxito social si trabajáramos nuestra mejor Expresión Seria, y Analógica, para así alejarnos del picoteo social (un poquito por aquí, un poquito por allá, poca atención, pero a muchas cosas), ya que, en el fondo, todos sabemos que ‘picotear’ es lo que engorda en realidad,… el ego en este caso.

“Damos forma a nuestras herramientas, y por lo tanto ellas nos dan forma a nosotros”. John Culkin, sacerdote jesuita

NOTA: disculpen la ‘morbosa’ elección del nombre de la franquicia, pero es otro ejemplo de la Inmediestupided Digital imperante. Las franquicias son principalmente negocio para el franquiciador y no para el franquiciado. El truco está en inventarse una, copiarla o exportarla, tener éxito a la velocidad del sonido (hacer funcionar de 1 a 3 tiendas) y vender la idea al mayor número de personas en el menor tiempo posible (todas ellas deseosas de conseguir beneficios también a la velocidad de la luz). La única que ha hecho ganar dinero a los franquiciados durante muchos años, a pesar de los posibles y presuntos abusos, es la marca de la gran M (no estoy intentando sonar grosero). Aun así están floreciendo más franquicias en España y más miles de Sonrisas Digitales, que negocios sostenibles y estrechas relaciones, respectivamente.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es