14 de diciembre de 2019, 20:48:02
Economía

PODRÍA SER LA MAYOR ZONA LIBRE COMERCIAL MUNDIAL A FINALES DE AÑO


EEUU y la UE, lejos de cerrar un histórico y polémico TTIP

B.M.H.

Diferencias en materia agrícola, derechos de los consumidores y ayudas públicas.


Tres años de reuniones, miles de horas de negociación y el Tratado de Libre Comercio (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP) que han negociado Estados Unidos y la Unión Europea estos días en el marco de la decimotercera ronda de diálogo sigue pendiente de un hilo.

Aunque los beneficios que obtendrían ambas partes han sido ampliamente publicitadas tanto por Washington como por Bruselas, lo cierto es que las partes negociadoras, reunidas en Nueva York, no están logrando un punto de encuentro, especialmente en lo tocante a los productos agrícolas, y ya hay voces, como la del primer ministro galo, Manuel Valls, que reconocen que será difícil la firma del TTIP, votado en 2013, antes de finales de año.

"Quiero ser muy claro: no llegará a buen término si no aporta garantías que mantengan el nivel de exigencia que tenemos en Francia para la salud y el medioambiente de nuestros conciudadanos", declaró Valls en su discurso de clausura una conferencia medioambiental en París este mismo jueves.

En este sentido, para el experto Michael Moran, director de la consultora política estadounidenses Control Risks, el TTIP tiene ahora mismo un 40 por ciento de probabilidades de salir adelante y un 60 por ciento de fracasar, dado que a su juicio las posibilidades de éxito se reducirían drásticamente si no hay al menos un borrador de acuerdo este verano y que todo se reduce a una confluencia de intereses políticos.

¿Bueno o malo?


Aunque en principio todo parecen ser bondades para la economía y el comercio mundial, y en concreto transatlántico, crecen las voces discordantes en el seno de la UE en contra del tratado, que consideran un abuso de poder por parte de la Administración de Barack Obama.

De ratificarse, el TTIP crearía la mayor zona comercial libre del planeta al sumar esfuerzos la primera y la tercera economía mundial, que juntas aglutinan alrededor del 60 por ciento del PIB global y más de 800 millones de potenciales consumidores, y según los analistas podría incentivar la creación de hasta dos millones de puestos de trabajo en ambas riberas atlánticas.

En principio, el TTIP busca potenciar y desarrollar la inversión de EEUU en la Unión Europea y viceversa mediante una reducción de los aranceles, que ya son muy bajos entre ambas partes por término medio (en torno al 4 por ciento), y una considerable revisión y unificación de la legislación comunitaria en siete frentes principales: materiales cosméticos, productos de ingeniería, nuevas tecnologías, materiales médicos, pesticidas, productos farmacéuticos, textiles y vehículos.

Sin embargo, la fuerza de los detractores al TTIP es cada vez mayor, un contingente opositor que esgrime, entre otros argumentos, la pérdida considerable de derechos por parte de los consumidores del Viejo Continente habida cuenta de que la legislación de EEUU, a la que tendrían que plegarse las instituciones comunitarias, es mucho más laxa y proclive a los abusos por parte de las grandes corporaciones.

Esta presunta rebaja de derechos es especialmente sensible en lo tocante al controvertido fracking, los cultivos transgénicos o el uso de productos químicos, como antibióticos, entre la ganadería, tres prácticas mucho más extendidas en Estados Unidos que en territorio europeo.

En concreto, estos dos últimos asuntos son líneas rojas sobre las que las autoridades europeas no negocian. Por su parte el Gobierno de Obama no está dispuesto a cambiar la Buy American Act, que permite proteger a productos estadounidenses en contratos públicos, y solo aceptará contadas excepciones en sus cesiones.

También ha sido motivo de preocupación para el Parlamento Europeo el futuro marco legislativo en lo referente a la protección de datos, la regulación de propiedad intelectual y los derechos de autor.

Las voces discordantes con el tratado se escuchan sobre todo en dos de los grandes pesados de la familia comunitaria: Francia, con una de las legislaciones comerciales más proteccionistas, y Alemania, donde los verdes llevan haciendo campaña meses y han logrado conformar un apoyo popular enorme, con multitudinarias concentraciones como las de estos días por todo el país, en contra del TTIP.

Reino Unido, por su lado, vive más pendiente del referéndum sobre el posible 'brexit' y no está haciendo especial campaña en favor de su histórico aliado, con el que ya mantienen un status comercial especial.

Por su parte, en Estados Unidos también aumenta la oposición al tratado y la mayor parte de los aspirantes a la Casa Blanca han expresado en mayor o menor medida sus recelos ante el mismo. En este sentido, Bruselas ya ha mostrado su optimismo a que las negociaciones sigan su cauce con la nueva Administración entrante que resulte electa en las próximas elecciones presidenciales de noviembre.
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