18 de septiembre de 2021, 15:13:02
Opinión

ESCRITO AL RASO


De Rajoy a Sánchez: vetos y abrazos

David Felipe Arranz


Es excusado declarar que la tortura que nos espera a todos los españoles en esta precampaña y campaña electoral, hasta el 26 de junio, más el previsible verano ambiguo de pactos para la investidura por lo ajustado del resultado, ha hecho que algunos ya nos hayamos programado un ferragosto alejados. Por tanta llamada rehuida, se prevé una baja participación: a las urnas solo se acercará el 70% de los españoles, un 3,2% menos que en diciembre. En la encuesta de Metroscopia cuyos resultados se publicaron el pasado fin de semana, se nos anuncia que los populares ganarían los comicios con un 29% del voto estimado, seguidos de los socialistas (20,3%) y Podemos (18%), que a su vez han bajado.

Político que carece de formación y facultades no gobierna, sino que desarrolla la fábula y se empeña en dar una sensación de saber hacerlo; ante este panorama, el comité federal del PSOE ha puesto en marcha sus primarias, con un mensaje –“debe quedar en el olvido”– de su Blancanieves andalusí, Susana Díaz, sobre la tomadura de pelo de los cuatro últimos meses, que es la naturaleza muerta del invierno y la primavera que nos han pintado sus señorías. El susanismo le da a la soflama, la tertulia de la tele y la declaración de la Feria de Sevilla un trascendentalismo que solo ve su líder. Vistos de cerca, en su camarín, son sobremanera simples. Llega un momento en la vida de un político en el que uno se encuentra frente a frente con su oficio, con el vacío: el de “Ps” llegó nada más “nacer” a la vida candidata, en cuanto los barones lo eligieron secretario general, jugándose la posteridad; el de Mariano es como la agonía del que no tiene nada que decir y el abrazo al pensionista en el geriátrico, “estamos para lo que vd. necesite, señora”. Sensible hasta un radio de tres metros con las miserias del ciudadano, para el presidente en funciones ir un poco más allá en esto de los afectos, las empatías y los dolores concretos es como irse de safari a una tierra inexplorada. Las maletas reventonas de billetes de Luis Bárcenas, Paco Granados o el clan valenciano le quedan más cerca. Y ni por esas declina a presentarse de nuevo.

Pedro “Ps” Sánchez, el hombre-traje, ha reiterado que nunca va a pactar con Mariano el Ausente, el del silencio hermético, al que ha puesto el veto a perpetuidad. Quisiéramos que los señores candidatos fueran, en efecto, grandes políticos. Queremos decir que quizás sea imposible que haya un político verdaderamente grande, acabado y tal que a todo el mundo satisfaga. A nosotros nos gusta mucho el profesor sevillano José Antonio Pérez Tapias, filósofo, uno de los grandes expertos hispánicos en Gadamer y Erich Fromm –sus libros en Trotta son una delicia–, y hombre bueno a carta cabal que en las pasadas primarias dimitió por la ola banal y lamentosa de madinismo y pedrosanchecismo que ha barrido Ferraz. Y en las huestes de Mariano, le quieren hacer la cama a Cristina Cifuentes, versolibrista popular, apasionada cinéfila, agnóstica y republicana convencida, libertaria de tatuajes –hasta cinco conforman el mapa de su piel– y renacida de sus propias cenizas tras un gravísimo accidente de moto que la dejó en coma, a punto de morir; por su parte, Alberto Garzón, en perpetuo intento de refuerzo de su imagen pública, ha dicho hoy que ni ellos son de Podemos, ni quieren ser de Podemos, ni sorpasso que valga. Que no nos extraña. Le falta de todas formas la autoironía finísima y el espíritu burlón de Anguita, porque Alberto nos ha salido muy plano, digno y de mucha homilía. De una izquierda poco práctica que, por desgracia y según se mire, pasa de la floristería conmemorativa de la II República a la descomposición interna por exceso de Narcisos. Y hasta ahí.

El liberal y regeneracionista don José Canalejas, profesor de literatura, se comprometió con Prat de la Riba a conceder a Cataluña el estatuto de Mancomunidad, lo que nos hubiese evitado muchos males secesionistas: se paró a mirar el escaparate de la librería San Martín de la Puerta del Sol y Pardiñas lo mató. Don Manuel Azaña conocía la prosa y la poesía de los lugares. Leopoldo Calvo Sotelo cruzaba de parte a parte la Constitución de los españoles hasta tocar sus fondos y luego, después de conocerlos, podía ejercer de presidente flâneur. El votante con un poco de criterio y de amor por la historia, enfrentado a las nuevas elecciones, pasa de la consternación al retraimiento y a la satisfacción de su cotidianidad, el menudeo de sus quehaceres, la guerra diaria de la familia o la supervivencia laboral en el imperio de los poderosos. Se vuelve, en definitiva al drama mínimo que es el drama general del vivir y se queda en casa ante la perezosa perspectiva del colegio electoral.

Ahora, los candidatos del multipartidismo han conjurado la tentación de la democracia con altas dosis de esterilidad y unas desaforadas ansias de poder como ya no se recuerdan por aquí, que es una forma disimulada de fascismo. A casi todos les falta inquietud viajera, educativa, política, estética y literaria, precisamente la vena loca que a algunos nos trae y nos lleva, y nos da las mayores alegrías. Error y falsedad en la trilogía de sainetes de Arniches que nos han representado: Las estrellas, El tío miseria y ¡Que viene mi marido! La culpa de sus líneas rojas no es de nadie. O, si acaso, lo será de la naturaleza misma de las cosas españolas. Vetos y abrazos. Sencillamente, la España improvisada y breve de siempre.

@DavidFelipe1975

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