16 de octubre de 2021, 8:13:08
Opinión

TRIBUNA


Trumpism

Natalia K. Denisova


Asomarse al otro lado del Atlántico, siempre es un ejercicio tan fecundo como necesario para mantener el pulso de la vida política de Occidente. Los acontecimientos en los EEUU dejan a los analistas más que sorprendidos, estupefactos. Pero no son las declaraciones políticamente incorrectas de Trump las que confunden a los analistas, tampoco sus salidas de tono y menos sus declaraciones populistas. El problema es el fenómeno que ha creado Trump. ¿Cómo analizarlo? ¿Qué es el “trumpism”? Quizá sea un nuevo “movimiento” político. De entrada ya tiene un nombre alt-right. ¿Y cómo traducirlo al español? Difícil tarea, pero no imposible de realizarla. Una vía de para comprenderlo es preguntarnos: ¿quién es el principal votante de Trump?

Cuando salieron los resultados de las encuestas “a pie de urna” o exit polls, quedó derribado el mito que sólo el votante marginado se decanta por el bronco rubio. Nada más lejos de la realidad: el votante típico de Trump es muy parecido, si no es igual, al votante que apoya a Ted Cruz o a Hillary Clinton, es un hombre medio, normal, muchas veces nada marginado, sino bastante próspero. Se encuentra entre todos los sectores del partido Republicano. De este modo, Trump deja de ser un rara avis y sus ideas ya no son el fruto del delirio, sino es el portavoz de las más firmes bases republicanas.

Estas relativas sorpresas electorales se dan a la vez con otro fenómeno interesante: las redes sociales de EEUU acogen y proliferan los blogs y tuits de contenido antidemocrático y, numerosas veces, abiertamente racista. El blog Zero Hedge alaba al autoritario Putin como el más grande gobernante de la historia, incluso lo comparan con Barak Obama y éste sale de este ejercicio retórico verdaderamente malparado. La política internacional, según estos anónimos bloggers, es fácil de regular con el envío de tropas y los problemas sociales se resuelven con la imposición o exclusión. La democracia pierde su eficacia para estos bloggers frente a los regímenes autoritarios. ¿Quién podría estar detrás de estas anónimas expresiones de malestar político? Pues, las personalidades que han salido del anonimato son prósperos banqueros, gente de Wall St. o Silicon Valley, y estudiantes en busca de un pingüe empleo en algún despacho. Varios artículos, que salieron en The Guardian, The New York Times o The New Yorker,tratan de explicar el auge de este comportamiento, pero muchos ingenuos todavía le restan la importancia al movimiento alt-right, anónimo y “online”, diciendo que sus comentarios no tienen carácter político, sino, al contrario, es pura diversión de retar y pisotear las normas sociales.

Restar importancia a estas expresiones de disconformidad con la sociedad políticamente correcta es la mayor ceguera que se puede tener. Más grave todavía, decir que no tiene carácter político la simpatía por Putin y su aliado Bashar al-Assad. ¿Qué político de los EEUU ha viajado a Siria la semana pasada para asegurar a Bashar al-Assad su colaboración? ¿Fue uno del equipo de Trump? No, fue uno de representantes de Ted Cruz, otro republicano. Trump no ha inventado nada, no es tan radicalmente distinto de otros republicanos como quieren presentarlo. Trump ha expresado algo latente durante muchos años en la sociedad estadounidense. Trump ha montado un buen espectáculo, el problema es que la mayoría de los votantes lo ha tomado demasiado en serio. Los republicanos se han llevado un buen susto al verse reflejado en el espejo de su electorado. A ver ahora cómo lo abordan sin desengañarlo.

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