18 de septiembre de 2019, 3:21:20
Opinion

TIRO CON ARCO


‘Sorpasso’ no es un postre italiano

Dani Villagrasa Beltrán


No sé qué pasa con Italia y la sociedad española en los últimos tiempos. Hemos aprendido a cocinar la pasta al dente, a preparar excelentes ‘negronis’ y a utilizar palabras como ‘sorpasso’, ‘aggiornamento’ o ‘lampedusiano’ cada vez que queremos hablar de política. Para colmo, desayunamos, casi a diario, con titulares sobre corrupción.

Esta nueva etapa italianófila ha sucedido a la anterior, en la que todas las miradas estaban puestas en Alemania, entendida como la gran madrastra de la Europa de la austeridad. Fue entonces cuando se forjó el palabro ‘austericidio’, que quería significar ‘muerte a través de la austeridad’, aunque, en castellano riguroso su significado sería, más bien, ‘muerte de la austeridad’. Hasta entonces, la austeridad se suponía como un valor positivo, connatural a los sabios y a los gobernantes juiciosos –creo que se escogió la palabra con esa intención-, pero ahora parece que nos decantamos hacia la sensualidad desatada, anárquica y barroca que asociamos a la bella Italia.

En Alemania gobierna una coalición entre los demócratas cristianos y los socialistas, la ‘gran coalición’. Ha sido la fórmula favorita de Mariano Rajoy para formar gobierno en esta legislatura fallida, aunque, como se ha visto, por el momento no ha conseguido trasplantarla a Madrid.

“Políticamente soy italiano; mi cabeza política se hizo en Italia”, ha declarado Pablo Iglesias, que no para de citar a Antonio Gramsci y a Nicolás Maquiavelo. A veces parece que Iglesias es ubicuo, y que está detrás de todo lo que ha sucedido últimamente en la opinión pública española. También de este giro del centro de gravedad desde Berlín y Frankfurt hacia tierras italianas. Su irrupción en la política se produjo inmediatamente después a la de Beppe Grillo en tierras transalpinas, aunque a Iglesias le gusta –o le gustaba- confraternizarse más bien con la victoriosa Syriza griega.

El concepto de ‘sorpasso’ –el adelantamiento al PSOE y la hegemonía en la izquierda-, sin embargo, nació en los años 90 con Julio Anguita, y va a ser uno de los ejes de la contienda electoral. Pero no es el único con regusto italiano que ha orbitado entre la opinión pública. Ahí está también la ‘solución Monti’, que adoptó la península vecina tras la salida de Berlusconi. Fue la última propuesta de Albert Rivera, cuando llamó, sin éxito, a buscar a una persona de consenso para presidir el Gobierno de España.

Cabe la tentación de pensar que en Italia se ha inventado todo. En política, y a bote pronto, alumbró a lo largo del siglo pasado el fascismo, la democracia cristiana y el eurocomunismo.

También la noción de una sociedad que puede seguir adelante sin necesidad de gobierno e, incluso, a pesar de sus gobiernos. ¿Llevamos ese camino? Quién sabe. Por cierto, que el FMI cree que España dará el ‘sorpasso’ económico a Italia en 2017, cuando la superará en PIB per cápita. Eso habrá que verlo.
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