14 de noviembre de 2019, 20:20:49
Editorial


Los pueblos de Margallo



El ministro de Asundos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha vuelto a pronunciarse sobre un asunto que no le compete. Lo ha hecho en varias ocasiones, y de modo especialmente destacado e inapropiado cuando debatió con un candidato secesionista catalán, actuando como ministro de exteriores. Daba así carta de naturaleza a la absurda ida de que Cataluña es un Estado independiente que mantiene relaciones con España. Pero de lo que ha hablado ahora es de economía. Ha obviado a sus compañeros de gabinete Cristóbal Montoro y Luis de Guindos, y les ha enmendado la plana. A ellos y a su amigo y jefe, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. García-Margallo ha dicho que por lo que se refiere al ajuste presupuestario, el Ejecutivo popular, en sus cuatro años de política económica, “se ha pasado tres pueblos”.

Las declaraciones de García-Margallo no hay por dónde cogerlas. En primer lugar, porque se chocan violentamente con la realidad. Por no ir más atrás, y por ofrecer una razón más cuantificable que los “tres pueblos” a los que hace referencia, ha cerrado el último ejercicio con un déficit público de 56.000 millones de euros, un 5,16 por ciento del PIB del país. Luego el Gobierno se ha pasado, pero en la ventaja del gasto sobre los ingresos; lo contrario de lo que dice el ministro de Exteriores. Si nos fijamos en lo que ha hecho en toda la legislatura, el balance es descorazonador: 328.700 millones más de deuda, hasta alcanzar la totalidad del PIB. Con este gobierno, cada español asume una deuda de 23.045 euros, 7.314 más que cuando Mariano Rajoy llegó al poder. ¿Es eso un exceso de austeridad?

Sólo lo pueden considerar así políticos que han hecho del populismo su palanca para llegar poder. No sabemos si es el caso de García-Margallo, pero sí el de Pablo Iglesias o el de Donald Trump, por buscar una referencia foránea. Por otro lado, no está clara cuál es la intención de este último dislate. Puede ser un acercamiento a Podemos, del que Esteban González Pons ha dado buena y cariñosa muestra. Puede ser que Margallo señale cuál es camino que él habría seguido de haber ocupado la cartera que siempre quiso, que es la de Economía.

Sea como fuere, además de falaz, la declaración del ministro de Exteriores es de lo más inconveniente, en un momento en el que el Gobierno quiere pedirle clemencia a Europa no por un exceso de ajuste, sino por haberse saltado sistemáticamente los compromisos en materia de déficit. Cuál será el asombro de la Comisión ante un ministro que desmiente el discurso del gobierno y dice que los déficit y la deuda tenían que haber sido mayores, sólo nos lo podemos imaginar.
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