17 de septiembre de 2019, 8:57:51
Editorial


La envenenada propuesta de Podemos al PSOE



Las propuestas de Podemos al PSOE se mueven entre la arrogancia, la trampa y la provocación. Si hace poco Pablo Iglesias, dando por hecho el sorpasso, le ofrecía a Pedro Sánchez la vicepresidencia de un supuesto gobierno de coalición en el que, naturalmente, el líder de la formación morada sería el presidente, ahora le ha brindado con la misma “generosidad” que Podemos y el PSOE presenten listas conjuntas para el Senado. Ante la negativa del secretario general de los socialistas a la idea, envenenada, Iglesias envió una carta al Comité Federal del PSOE con la misma cantinela. Carta que ha hecho pública y en la que señala que la alianza en el Senado supondría tener una mayoría autodenominada “progresista” en la Cámara Alta, convirtiéndose en un elemento “ilusionante” para formar un gobierno de cambio y, sobre todo, eliminando la barrera que impida abrir un proceso constituyente, más allá de una reforma constitucional.

De cambio a peor, dadas las peligrosas intenciones que enmascara la retórica podemita. Porque Iglesias con esa propuesta no persigue otra cosa que llevar el agua a su molino en su determinación por abrir un proceso constituyente, echando por la borda una Carta Magna que, aunque mejorable como todo en esta vida, ha traído a España su mayor periodo de estabilidad y auténtico progreso. Y en ese proceso constituyente por el que Iglesias bebe los vientos hay un punto capital que es acabar con la soberanía nacional, con la soberanía de los ciudadanos, para sustituirla por algo tan reaccionario como la “soberanía” de los territorios. En román paladino, una puerta más que abierta al secesionismo, camuflado con la añagaza del “derecho a decidir”; se entiende que decidirían los territorios, en lugar del conjunto de la ciudadanía.

No es extraño que Ximo Puig, presidente socialista de la Generalidad valenciana, siempre no solo muy tibio con los amigos del secesionismo, sino incluso defensor de ellos, subvencionado a organizaciones como Acció Cultural del País Valencià de talante pancatalanista, se haya apresurado a decir que negociará con Podemos esa lista conjunta pese al rechazo de Ferraz. A la misma tesis se ha sumado la Comunidad aragonesa, con su presidente, el socialista Javier Lambán, deseoso de intensificar sus lazos con Podemos. Pedro Sánchez no debe perder ni un minuto en atajar con firmeza el desafío de estos barones regionalistas, que no dejan de ser la punta del iceberg de una corriente del PSOE, que de crecer provocaría en el socialismo un cisma de gran calado. El PSOE no debe olvidar nunca sus señas internacionalistas plegándose al populismo que aboga por los territorios frente a los ciudadanos. El sectarismo de Pedro Sánchez por ofuscarse en el cordón sanitario al PP solo le está acarreando problemas. Pablo Iglesias busca de una forma u otra darle jaque mate.
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