20 de enero de 2020, 11:19:13
Opinion

Y DIGO YO


La nueva política: okupas y colillas

Javier Cámara


Dentro que lo que se viene llamando nueva política, sólo una de las dos formaciones que la plasman, Podemos, con sus diferentes marcas blancas, ha decidido “tocar pelo” y gobernar. Está bien, es lo que hay que hacer si la ciudadanía te ha votado. Apechuga y gobierna.

La otra, Ciudadanos, ha preferido seguir en segunda fila, aunque, eso sí, condicionando su apoyo a una serie de pactos con los que gobiernan. Pero lo dicho, sin entrar a mancharse las manos en tareas ejecutivas. Sus motivos tendrán. Hay algunos a los que no les gusta esa pusilanimidad y así se lo han reprochado. Tiene una ventaja muy clara: nadie va a criticar a C’s por sus acciones de gobierno y, por el contrario, estos sí van a poder atacar a los que han decidido tomar esa responsabilidad. Algo parecido le pasó a UPyD, ¿se acuerdan?

El caso es que, visto lo visto en las ciudades de Madrid y Barcelona, casi mejor que se hubieran quedado en sus casas Manuela Carmena y Ada Colau. Ninguna de las dos lo está haciendo bien. Por distintos motivos, pero igualmente perjudiciales para las ciudades que representan Ahora Madrid y Barcelona en Comú, están siendo noticia. Una se pasa de permisiva y la otra de pueril.

Madrid necesita una mejor gestión de sus problemas, por no decir que hace falta gestión, que la que ofrece una cuadrilla de inexpertos recién llegados que no han hecho más que espantar inversores. Empresas y bancos están dando la espalda a una ciudad en la que no saben con qué reglas apostar e invertir su dinero. Lejos de apoyar iniciativas que dejarían miles de millones de euros, las ideas del equipo de Carmena, que parecen sacadas del taller de manualidades en un colegio de primaria, pasan, simplemente, por aleccionar y llevar a los madrileños –¡pobres descarriados!– por el buen camino.

De un cenicero-urna para tirar las colillas y decidir de paso quién creen los fumadores que va a ganar la final de la Champions hasta la idea de plantar huertos de lechugas y acelgas en terrazas y azoteas para reducir la contaminación, pasando por la venta de botellas vacías para consumir agua de las fuentes de Madrid –¿dónde?–, las propuestas del Consistorio no pasan de eso, de meras iniciativas sin fuerza ni lógica que la ciudadanía acoge como ocurrencias de un equipo de Gobierno que tiene que justificar su sueldo, pero que no solucionan ningún problema.

No están mucho mejor las cosas en Barcelona. A una gestión nefasta del crecimiento y el turismo hay que añadir el “cariño” que Ada Colau muestra por los amigos de los ajeno. Con la excusa de que no quería que la ciudad “perdiera su alma”, ha dado la espalda a potenciar una ciudad visitada por millones de personas al año y que suponen una notable fuente de ingresos. Incapaz de evitar una huelga de transporte público cuando más lo necesitaba la ciudad (Moblile World Congress), pasó de alentar las movilizaciones a tildarlas de “desproporcionadas”. Es lo que tiene cambiar de bando.

El contraste curioso que llama la atención es que mientras la ciudad condal vive noches de disturbios, de destrozos y saqueos en comercios por okupas con un saldo, de momento, de 11 personas heridas –entre ellas 6 policías– y tan solo un detenido, en Madrid el Ayuntamiento ha multado con 1.600 euros a un delegado sindical por usar un megáfono y silbatos en una manifestación que había sido comunicada en tiempo y forma a la Delegación del Gobierno. Son, obviamente, diferentes formas de entender el desorden público.

Difícil solución al problema en Barcelona. La CUP ordena a la alcaldesa que “se pronuncie en contra de la violencia policial” en el barrio de Gracia y Colau se pliega y pide “prudencia” a los Mossos en lugar de actuar contra los delincuentes. Ahora, la primer edil barcelonesa reconoce su fracaso y pide ayuda a los vecinos para que intermedien con los okupas.

Y digo yo: ¿Se imaginan un Gobierno de España con Pablo Iglesias como presidente? ¿Qué políticas se aplicarían, las de Barcelona o las de Madrid? ¿El Ejecutivo se pondría de parte de los que apoyan invadir la propiedad privada o propondría poner a los niños a recoger colillas? ¿Echaríamos a todos los inversores? ¿Qué pasaría con el turismo en España? ¿Y con el Ejército?

Mientras Colau fomenta el manual del perfecto okupa, las chuscadas de Carmena pasan por dar clase de cocina a los niños en los colegios para “que aprendan a hacer sopa, tortillas o rosquillas”. Eso que ganamos por aquí con la nueva política. Esto es lo que perderíamos todos los españoles.

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