12 de noviembre de 2019, 15:20:42
Opinion

TIRO CON ARCO


Una apoderada del PSOE

Dani Villagrasa Beltrán


Ayer, viendo la final de Milán, me acordé de dónde estaba hace apenas un par de años, el 24 de mayo de 2014, cuando se celebró el primer derbi madrileño en la final de la Champions League entre el Real Madrid y el Atlético. Al día siguiente me levanté temprano porque me había tocado ser vocal suplente en una mesa electoral de las elecciones al Parlamento Europeo. Tenía la esperanza de volver a casa con unos churros para desayunar, en lo que parecía que iba a ser un domingo idílico, pero finalmente tuve que quedarme allí toda la jornada. Cuando llegó el momento del recuento de aquella urna, no paraban de salir papeletas de un nuevo partido llamado Podemos, que se promocionaba con la cara de un profesor universitario con coleta, un tipo que entonces aparecía mucho en los debates políticos de televisión. Salieron otras tantas del PP, algunas de otros partidos y pocas, muy pocas, del PSOE.

La apoderada del partido socialista en aquella mesa resultó ser una mujer muy simpática. Sin ella, la jornada electoral se nos hubiera hecho más larga a todos. Nos estuvo contando su vida, hizo chistes con su apellido y nos explicó que ella estaba allí porque a nadie del partido le apetecía perder un domingo como aquel, un domingo de mayo. Que ella era la que acudía en estas ocasiones, cuando nadie quiere ir. Cuando terminó el recuento, y al ver el fiasco socialista, no percibí en ella ninguna tristeza. Más bien al contrario. Se acercó hasta el joven apoderado de Podemos –apoderado empoderado, para entonces- y le felicitó por los resultados. A esa hora corría ya el rumor de que el nuevo partido había sido la gran sorpresa de la jornada.

Dos años después, el PSOE acude a las elecciones con serios enemigos a derecha e izquierda, tras haber obtenido los peores resultados de su pasado reciente. Pablo Iglesias y Alberto Garzón están dispuestos a hacer lo que Syriza hizo con otro partido socialista histórico, el PASOK, rebasado por la formación de Alexis Tsipras.

Podría argumentarse que las horas bajas del PSOE se deben a circunstancias sobrevenidas y coyunturales, pero, de nuevo, un vistazo a Europa puede aclarar algo. Pienso, por ejemplo, en el partido socialista alemán, gobernando junto a Angela Merkel. O en el Partido Socialista Francés, emprendiendo recortes presupuestarios inéditos y una reforma laboral que ha puesto en guerra a los sindicatos del país vecino esta misma semana. O en Manuel Valls que, en pleno arranque de sinceridad propuso debatir sobre si el Partido Socialista Francés debía conservar en su nombre la palabra ‘socialista’.

El mundo está cambiando muy deprisa, en los albores de una cuarta revolución industrial que traerá nuevos paradigmas sociales. En los últimos años, la clase media ha sufrido y las fuerzas se han polarizado. A ver qué dicen las urnas. ¿Se habrá pasado a Podemos aquella socialista tan simpática?
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