20 de noviembre de 2019, 23:13:33
Cultura

FERIA DE SAN ISIDRO


Feria de San Isidro. Vuelta a la rutina, sólo el carnicero está feliz

Álvaro Ignacio Muñoz Cardona

Tras dos días de emociones fuertes, el regreso a la rutina provocó el síndrome post-emocional. Sin emoción no hay fiesta y con la corrida de Cuadri hubo de ser así. Los toreros solventes.


PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

TOROS

6 toros de CUADRI. Aplaudido el 3º.

TOREROS:

ENCABO (Rosa y oro): Pinchazo hondo y descabello –Silencio-. Pinchazo y descabello –Pitos-.

ROBLEÑO (Blanco y plata): Bajonazo – Silencio-. Pinchazo y estocada –Silencio-.

RUBÉN PINAR (Carmesí y oro): Estocada –Ovación-. Estocada – Palmas-.

INCIDENCIAS:

Feria de San Isidro. ¾ de plaza.

Encabo observaba detrás del burladero la salida del primero, que tras llegarse a los burladeros se centró en los cites a la verónica con las que lo saludó el torero madrileño. Lo llevó al caballo de picar dejándolo a una buena distancia desde la que se arrancó el cuadri para empujar abajo y posteriormente permitir el quite. Para el segundo encuentro con el picador se lo pensó mucho, hubo que meterlo y se fue en cuanto se lo propusieron. Robleño no dejó pasar el quite. El tercio de banderillas fue protagonizado por el propio Encabo: arriesgando, con inteligencia y siendo aplaudido. Con la muleta comenzó el de Alcalá por abajo para someter, dominar las arrancadas y ya en el tercio le presentó la muleta para torear por derechazos y enseguida probarlo al natural. No ponía mucha emoción en sus embestidas el cuadri a pesar de su nobleza. De nuevo con la muleta en la derecha no hubo ajuste y a pesar de las fuertes arrancadas del toro no se llegaba a los tendidos con intensidad. Insistió el torero pero no consiguió encandilar al respetable. Aviso.

Robleño se estiró con el toro, que enseguida se centró en el capote del torero que puso gusto en el toreo a la verónica y en la media. En el peto no hubo una gran pelea y también tardeó en el segundo encuentro. Pinar realizó un quite breve por chicuelinas. En banderillas midió el toro mucho y esperó a los banderilleros. Con el golpe del clarín y el timbal llegó el momento de tomar la muleta. Primero tandas de prueba y acople y después trató de hacer el toreo fundamental, primero con la derecha en el que el toro embestía con vibración si se le daba la distancia apropiada, se usaba el pulso para aplicar el temple y se manejaban diferentes alturas en la trayectoria de la embestida; arrancó ovaciones. Al natural el animal humillaba aún menos y tenía un recorrido más corto, pero Robleño lo entendió perfectamente y consiguió aplausos convencidos con su trasteo. Muy cruzado aprovechó los últimos desplazamientos del toro por el lado derecho.

El tercero tuvo recorrido en el capote de Rubén Pinar y le dejó estirarse. En el peto se arrancó alegremente pero luego empujó sin clase y para tomar el segundo puyazo se volvió a arrancar galopando para luego desentenderse. Encabo intentó el quite por delantales y desistió. En banderillas el toro fue mejor en el capote que para los rehiletes. Pinar se dobló con el toro en el tramo inicial de faena muletera para sacárselo a las afueras. Por el pitón derecho el toro se orientó muy rápido y acortó los viajes para buscar al torero y pararse. Por la izquierda aceptó el toro el primer lance pero luego volvió a tardear exigiendo una faena “de uno en uno” sin poder ligar y llegar al público. Muy serio el torero y muy meritorios los naturales de Pinar que el público no supo valorar.

El cuarto, Astrólogo de nombre, remató en los burladeros y no mostró especial celo en el capote de Encabo. A la hora de verse con el picador, Astólogo prefirió irse a ver las estrellas y hubo casi que meterlo a los dominios del caballo, manseó con el picador y mucho. En banderillas siguió en la misma tónica y Encabo cedió los palos a su cuadrilla. En la muleta las primeras arrancadas fueron sin humillar y cuando sentía los engaños por arriba tiraba cabezazos. Por el lado izquierdo añadía a su arrancada un gañafón al final del muletazo. El toro se movía galopando pero sólo el oficio del torero le dejaba estar en la cara, nada de clase en la embestida y sí un peligro sordo. Nada.

Llegábamos al quinto ayunos de arte, emoción, divertimento, miedo y cualquier otra cosa que provocara interés. Robleño, a pies juntos, provocó los olés con sus verónicas y el pellizco de una media. En el caballo el toro puso la cara por las nubes y salió suelto pero hizo ademán de deslizarse en el percal de torero. En banderillas tres pasadas. Comenzó la faena flexionando la rodilla por ambos pitones. Robleño aplicó buenas maneras, firmeza y mando en la muleta tanto por el pitón derecho como por el izquierdo. La muleta a media altura y perdiendo pasos a cada arrancada para tratar de ligar y aprovechar la inercia del toro. Ganas de Robleño pero poca repercusión.

Y por fin salía el sexto, y la esperanza estaba en que Rubén Pinar nos sacara del hoyo del aburrimiento. Con el capote no lo conseguía (sólo palmas de ánimo). En el peto el cuadri se dejó pegar y tampoco hubo quites que resaltar. En banderillas hubo un buen par de Ambel. Tomaba la muleta el de Tobarra y se dobló con el toro para irse a los terrenos de fuera. Con la mano de recha se gustó en un par de tandas que tuvieron: temple, ritmo y recorrido. Hubo un cambio de mano aplaudido y comenzó el toreo al natural para arrancar dos tandas. Volvió a la derecha y alargó la faena (quizá demasiado). Aviso.

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