20 de noviembre de 2019, 10:31:02
Editorial


Despolarizar la política española



Cada vez más cercana la cita en las urnas, se multiplican los sondeos. Aunque nunca dejará necesariamente de repetirse que el verdadero “sondeo” solo se produce el día de las elecciones -y no pocas veces sus resultados apenas han coincidido con las encuestas-, las previsiones de intención de voto ofrecen una panorámica digna de reflexión. Las dos encuestas, elaboradas por empresas diferentes, que ayer publicaron los diarios El País y El Mundo coinciden en esencia: el Partido Popular sigue siendo la formación más votada, pero no conseguiría la mayoría absoluta, y se confirma un nuevo poder en la izquierda, con el cacareado sorpasso de Podemos al PSOE. Una ventaja en la que ha tenido un papel fundamental la alianza, pese a su precipitación, entre IU y el partido morado, con Alberto Garzón y Pablo Iglesias como principales adalides.

Pero no ha sido menos decisivo para ese sorpasso la creciente radicalización y deriva sectaria de los socialistas, que no es solo de ahora, sino que se viene gestando sobre todo desde los tiempos del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Esa radicalización echó al PSOE en brazos del populismo, apoyándole en Comunidades y Ayuntamientos, con los resultados de todos conocidos, no precisamente positivos para los lugares en los que se ha instalado. Y con la consecuencia, que puede hacerse realidad el próximo 26- J, de que el PSOE se echó en brazos de quienes pueden convertirse en sus verdugos. Y tampoco ha sido ajeno cierto inmovilismo y blindaje del PP a cambios imprescindibles, un PP que parece empeñado en radicalizar la situación, erosionando al PSOE e insultando a Ciudadanos. Todo ello encierra un efecto negativo para España.

La intención de voto parece abocar, de hecho, ya se está en ello, a una polarización que nunca es buena, y menos, si cabe, en un escenario complejo, con exigencia de pactos, en el que ningún partido ha estado a la altura de las circunstancias. Llamadas a estarlo están todas las formaciones, y quizá más que ninguna el PP y el PSOE que no deben caer en la trampa tendida por el populismo, que siempre incita a la radicalización de sus adversarios de uno u otro signo para conseguir ganancias. De manera especial en los actuales momentos se impone una saludable despolarización de la política española. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez y sus respectivas formaciones han de trabajar en esta línea sin cerrarse en banda en posiciones maximalistas.
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