16 de noviembre de 2019, 0:06:57
Editorial

EDITORIAL


Chaves y Griñán, la socialización del robo



La monumental estafa auspiciada por la Junta de Andalucía de los falsos ERE y la de los Cursos de Formación, representan, en términos económicos, por la cantidad de dinero defraudado, el mayor caso de corrupción ocurrido durante la actual democracia. Causan por ello auténtica indignación los movimientos hoy dentro del PSOE por negar la mayor y auroexculparse ante ese colosal desfalco. Se trata de una amplia movilización interna en el socialismo español para blanquear esa estafa masiva a costa de los fondos públicos. Las declaraciones de Felipe González a los medios de comunicación sosteniendo que considera a Manuel Chaves y a José Antonio Griñán inocentes del gigantesco robo, las afirmaciones del exconsejero de Innovación de la Junta Martín Soler a un diario andaluz señalando que “el caso se utiliza en clave interna para acabar con la generación política de la vieja guardia”, y la descarada negación de este caso de corrupción por parte de todos los tertulianos socialistas en múltiples televisiones, son solo la punta de lanza de una movilización más amplia a favor del desmentido y la negativa a asumir los hechos.

En realidad, el auto judicial del juez Álvaro Marín que lleva por igual a Chaves y a Griñán a sentarse en el banquillo de los acusados, pone en jaque demasiados asuntos en el PSOE. Desmonta, en primer lugar, ante la opinión pública el relato según el cual la corrupción es un tema que concierne solo al PP, o a la derecha en general. El procesamiento de los dos dirigentes socialistas evidencia, por el contrario, que ese repugnante fenómeno posee un carácter trasversal e incide por igual a derecha y a izquierda conforme se haya detentado poder político. Pero esta verdad -y la obligación consecuente de actuar con igual energía en unos casos como en otros- destruye el argumentario que el PSOE armó durante años para pulverizar a su oponente. Más aún, este caso ha permitido que las nuevas generaciones, más radicalizadas, pongan entre la espada y la pared a los exitosos líderes socialdemócratas de la década de los ochenta del siglo pasado. La erosión hace que las encuestas den hoy al PP como vencedor en Andalucía. Pero mucho peor todavía, el PSOE y sus terminales mediáticas han entrado en pánico ante el posible sorpasso de Unidos Podemos, que se dirime precisamente en el granero de votos andaluz. Y la formación morada está siendo muy eficaz en gestionar en su beneficio los escándalos ciertos de la Junta.

En vez de afrontar con franqueza e inteligencia lo sucedido, propiciando una auténtica limpieza política, el PSOE ha comenzado a elaborar otro relato exculpatorio torpe e infantiloide. Ahora resulta que el desfalco fue un simple error administrativo que a su vez no debe causar disgusto alguno porque Chaves y Griñán no se llevaron el dinero a ningún paraíso fiscal. Es cierto que no robaron dos, sino que robó una multitud –o a una multitud se les hizo cómplices del robo repartiendo el botín- realizando lo que se podría denominar una socialización del robo. El objetivo no ha sido otro que crear una red clientelar de corte tercermundista en Andalucía. Una red clientelar que explica porqué las ingentes ayudas de fondos europeos y nacionales no han creado ni riqueza ni crecimiento económico en el sur de España, por completo indefenso ante la crisis. Esto exige una grave sanción política, menos relatos fantasiosos y un vuelco electoral en la Junta. Porque no es creíble que los organizadores de esa red clientelar que los ha sostenido en el poder -de Andalucía y de España-, vayan a ser quienes la desmonten. Aún más cuando se dedican a negar las evidencias.
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