24 de mayo de 2019, 19:20:07
Editorial


El asesinato de Jo Cox



El asesinato ayer de la diputada laborista británica Jo Cox, más allá de la tragedia, y de la lógica conmoción que ha provocado, resulta enormemente inquietante. El cobarde ataque de su verdugo, que le disparó dos tiros y parece ser que también la agredió con arma blanca, se produjo en Birstall, localidad del norte de Inglaterra, cuando Jo Cox salía de una biblioteca en la que había mantenido una reunión con los vecinos de su circunscripción. Jo Cox, figura emergente del partido liderado por Jeremy Corbyn, venía desarrollando una intensa actividad en el marco de la campaña sobre el referéndum de la permanencia o salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE)

Jo Cox era una firme partidaria de la permanencia del Reino Unido en la UE y se había implicado mucho en la posición contra el Brexit, algo que puede guardar relación con su asesinato. Aunque el móvil no se ha aclarado, pero sí se ha detenido al presunto criminal, es más que preocupante que, según el testimonio de varios testigos, su agresor gritó «Britain First» (Gran Bretaña primero), nombre de un partido de extrema derecha, posicionado a favor del Brexit, que ha mostrado cierta tibieza en la condena de lo ocurrido, en contraste con la firmeza de los líderes de otros partidos.

Es de capital importancia que se investigue con rapidez y se dilucide el motivo del asesinato. Sea cual fuere, el hecho merece la más absoluta condena y sobre el criminal debe caer el peso de la ley. Pero si estuviera en relación con el asunto del Brexit, a la tragedia se añadiría preocupación. Sería una terrible muestra de que la extrema polarización en política, y el sí o no al Brexit se está viviendo con gran radicalización, puede degenerar con facilidad en violencia. Hasta en violencia asesina.
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