13 de noviembre de 2019, 8:17:04
Editorial


Último día de sondeos



Si hoy se produjeran elecciones, el resultado no sería muy diferente al del pasado 20 de diciembre en lo que se refiere a equilibrio de fuerzas. O lo que es lo mismo, seguiría habiendo los mismos problemas de gobernabilidad que han acabado cristalizando en una nueva cita con las urnas. Apenas habría cambios perceptibles en la intención de voto, aunque se aprecia un descenso en la participación. Excepción hecha del más que plausible sorpasso, que auparía a la coalición comunista-populista Unidos Podemos –por demás, una coalición en cada una de sus partes- al segundo lugar en detrimento de un PSOE cada vez más irrelevante: la peor noticia –junto a la polarización de la política española- para la estabilidad y solvencia del sistema.

Es algo tan revelador como negativo, si bien no resulta extraño. El espectáculo ofrecido estos meses por la clase política en su conjunto ha sido absolutamente deplorable, al punto de que un buen número de electores no tiene la más mínima intención de volver a votar. Y mientras que Podemos sí tiene movilizado a su electorado, el PSOE -y algo también el PP, aunque menos- ha desencantado al suyo por deméritos propios, en tanto que Ciudadanos no termina de despegar.

Por otro lado, hemos asistido a la campaña más atípica de cuantas ha habido. Los partidos, todos, han hecho auténticas filigranas para volver a conectar con un electorado que, comprensiblemente, ha ido distanciándose de ellos. De ahí que el CIS ponga su foco en la abstención, más importante que nunca.
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