28 de enero de 2020, 12:40:06
Opinion

TRIBUNA


Esta España invertebrada

Emilio Arnao


Siguiendo el telediario de José Ortega y Gasset y su famoso libro “España Invertebrada”, donde acusaba a Celtiberia de no responder a las expectativas del regionalismo español, yo comienzo con mi pluma de ave telefonista este artículo sobre esto mismo, esto es, la diferenciación o etimología sin nupcias a bordo del fondón de la España profunda. No cabe la menor duda, no sé si vuestras mercedes estarán de acuerdo conmigo, que no hay una España sino tantas como telespectadores se asoman a las distintas montañas, ciudades, campos de olivos, dialectos, historias nacionales y niños prodigios. España no es una sino números cardinales.

¿Por qué digo esto? Sencillamente, porque la cuestión federal que viene defendiendo el partido socialista español no va mal encaminada para evitar el separatismo de las nacionalidades históricas que vuestras mercedes ya conocen cuáles son. Por lo tanto, todo este historicismo, en donde partimos de los celtas y los íberos, más los visigodos, los fenicios, los griegos, los romanos, los musulmanes y finalmente los castellanos de los Reyes Católicos, quienes depositaron en flor las bases del moderno reino español, se tiene que tener en cuenta a la hora de comprender por qué un manchego, un suponer, nada tiene que ver con un catalán nacido en Figueres -digamos que Salvador Dalí-, pues les separa no sólo el kilometraje geográfico sino una lengua y una mecanografía en donde todas las palabras se convierten en liendres a la hora de envestir la vagina total de España.

De modo y manera y con tal que hay que revisar la historia, como hizo mi gran Ortega -del que por cierto estoy haciendo mi tesis doctoral con la Universidad Complutense de Madrid-, para llegar a aguar estos mares que nos separan y esta convección de diferentes pueblos y razas que componen el territorialismo de Hixpalis. Digo que Españas son muchas, pero si tengo que hacer caso a Sergio Ramos, el cual eleva la cabeza en los estadios de fútbol cuando suena el himno nacional, también diré que existe una cohesión -medida por una multiculturalidad- o una unidad invisible si acaso que vertebra Castilla como eje de composición de todos los álamos que don Antonio Machado versificó cuando se casó con Leonor, porque Soria pudo ser Sevilla si atendemos a la genética de un españolismo psicoanalizado por Sigmond Freud.

Por lo tanto les diré a vuestras mercedes que España es muchas y una a la vez. ¿Cómo entender este paradojismo? Baste viajar por las pueblas, por los rincones, por el castellano de Alfonso X el Sabio, por los escritores barrocos, por una preterización que nos separa y une a la vez. Si no logramos entender esto, nunca seremos capaces de comprender por qué Catalunya se quiere separar de España. Me considero un patriota de todas las Celtiberias por las que a menudo paseo tal y como don Miguel de Unamuno y su tradicionalismo e iberismo se enfrentó a la europeización que traía en sus manos de “El Imparcial” Ortega y Gasset. Comprender España es comprender la tembladera de los desigualados reinos de una tierra que está invertebrada y que no sé si necesita más autonomismo, más fronterización o simplemente más versos de Jaime Gil de Biedma.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.elimparcial.es