18 de octubre de 2019, 4:21:59
Cultura

entrevista


Andrés Amorós: "Los separatistas atacan a los toros, que son la identidad de España: a ella es a quien odian"



¿De donde le viene su pasión por el mundo de la tauromaquia y cómo mantiene intactos recuerdos tan antiguos?
Como a muchísima gente, mi pasión por la Tauromaquia nace de que mi padre, gran aficionado, me llevó a los toros cuando yo era un niño: hace ya 60 años... Y uno no se olvida de las cosas que ama.

¿Esos recuerdos los está plasmando en una serie de obras escritas como es “Luis Miguel Dominguín, el número uno”. ¿En esta afición tubo algo que ver García Lorca?
Me apasiona la Fiesta Nacional por sí misma, por su belleza, sin necesidad de más motivos. Pero también me satisface, naturalmente, que esa belleza la hayan sentido también gente como García Lorca y Miguel Hernández, Goya y Picasso, Orson Welles y Eisenstein, Pérez de Ayala y Bergamín, Alberti y Gerardo Diego, Valle-Inclán y los Machado, Francisco Nieva y Antonio Gala...

¿Y hablando de escritores, ¿qué opinión le merecen los escritos de Ernest Hemingway sobre el mundo taurino concretamente, esa serie de artículos que él escribió para la revista “Life” titulados “El Verano Sangriento” donde mostraba la rivalidad entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez?
Hemingway es un magnífico escritor pero en aquel momento estaba ya en una gran decadencia: de hecho, poco después de escribir eso se suicidó. En "El verano sangriento" falta a su norma básica de escritor: no cuenta lo que vio sino lo que quiso ver y se atribuye así mismo un papel de protagonista en esa novela que sueña. En realidad, estaba tratando de recuperar su juventud perdida: humanamente, es lógico; taurinamente, desastroso.

Cómo gran taurófilo que es, ¿Echa de menos en la actualidad dos grandes matadores como lo eran ellos? y ¿qué le parece José Tomás?, algunos aseguran que ha vuelto el mito, ¿qué piensa usted?
Hoy existen grandes toreros, como Enrique Ponce y José Tomás; o El Cid, el Juli, Manzanares, Perera... Echo de menos que sostengan una competencia por el cetro, en las grandes Ferias: Sevilla, Madrid, Bilbao... Eso sería magnífico para la Fiesta Nacional.

¿Cómo ve las lidias de hoy y de qué siente nostalgia?
Lamento que los toros han perdido mucha casta y, por eso, se ha perdido en gran medida el sentido de la lidia clásica; también, por supuesto, que hoy hay muchos menos aficionados que público.

¿Por cierto, ¿y qué me dice de los apoderados actuales, los toros y la fiesta taurina ahora que está tan denostada por algunos sectores nacionalistas de la sociedad?
A los enemigos tradicionales de la Fiesta se han unido ahora los ecologistas, que no comprenden que, sin ella, desaparecería el toro de lidia, un bellísimo animal. Y los políticos separatistas, atacan a la Fiesta Nacional porque la consideran, y en eso tienen razón, un signo de identidad cultural de España: a ella es de verdad a quien odian.

¿Cree que la Fiesta Nacional puede estar en peligro por este tema?
Le preguntaron una vez a Pérez de Ayala, Embajador de la República Española en Londres, si creía que la Fiesta moriría alguna vez y contestó, rotundo: "Jamás. Moriría España". Y eso es mucho más importante que la Tauromaquia.

Vamos a centrarnos en la figura de Dominguín, ¿cómo fue su primer encuentro con él?
En casa de mis padres, cuando yo era niño, acudía de vez en cuando Luis Miguel y su padre, Domingo.

¿Qué le llevo a escribir sobre esta figura del toreo?
Situar adecuadamente su importancia como torero y como personaje. Por haber seguido su carrera taurina, junto a mi padre, haberlo tratado y haber estudiado todo lo que se ha escrito sobre él, creí que podía yo hacerlo.

De todos estos años en los que ha permanecido tan cerca de Luis Miguel Dominguín, ¿qué destacaría de su persona y del contexto que le tocó vivir?
Era una de las personas más inteligentes que yo he conocido, con inteligencia natural, pues apenas había estudiado. En cierto modo, representaba a una España que salía de la guerra y tenía hambre de todo: por eso y por su carácter, no se dejaba ganar la pelea por nadie, en el ruedo.

¿Es cierto que Luis Miguel podía con todo, hasta con los toros más veletos y descarados de cuerna?
Desde luego. Seguía la línea de Joselito el Gallo: poder con todos los toros y dominar todas las suertes.

Recuerda cuál fue la mejor y la peor faena de nuestro querido Luis Miguel Dominguín.
Una de las malas fue en Vitoria, cuando su padre estaba gravemente enfermo y él tenía la cabeza en eso. Una de las mejores, la de la lidia completa, en Vista Alegre, cuando se subió al caballo y picó al toro, además de realizar él todas las suertes, sin ayuda de nadie. Esa foto fue portada del ABC y admiró en el mundo entero.

¿Por qué Luis Miguel fue un hombre tan odiado y envidiado?
Le gustaba provocar: al toro, a sus rivales, al público. Era orgulloso y triunfaba dentro y fuera de los ruedos. No es extraño que, en aquella España pobre de la posguerra, muchos le envidiaran.

¿Imagino que en esto también influyó el que fuera un gran conquistador. Se llegó a decir que amó a mujeres de la talla de Ava Gardner, Romy Schneider o quien fuera su propia esposa, Lucía Bosé, ¿ Qué hay de cierto en todo esto?
Es verdad: le gustaban las mujeres y no tenía mal gusto. También podía ser el más simpático y seductor con los hombres, cuando quería. Era muy buen amigo de sus amigos, de cualquier nivel social y económico.

Sin duda, es usted una persona muy privilegiada ya que ha tenido la oportunidad de codearse con grandes personalidad del mundo taurino, literario y del cine. Díganos, ¿quien ha sido la persona o personas que más le han impresionado?
Estando en este mundo de la cultura, con los años he tenido la oportunidad de charlar alguna vez con gente de enorme interés: Orson Welles, Oskar Kokoschka, Rostropovich, Maurice Béjart, Giorgio Strehler... Y de haber sido amigo de algunas personas de primera categoría: Américo Castro, Marcial Lalanda, Rafael Lapesa, Fernando Fernán Gómez, Manolo Vázquez, José Fernández Montesinos... y Luis Miguel.
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