21 de noviembre de 2019, 20:00:17
Opinion

POR LIBRE


La jugada maestra de Rajoy

Joaquín Vila


Por inaudito que parezca, cada día que pasa nos acerca más a unas terceras elecciones. A la espera de esos presuntos contactos secretos para intentar acuerdos, si los candidatos en liza mantienen sus declaraciones, habrá nueva convocatoria a las urnas.

Rajoy anda perplejo. Pedro Sánchez sigue enrocado en el “no” y Albert Rivera, muy en su línea centrista de no mojarse ni en la ducha, ha propuesto abstenerse en la segunda votación para, en la primera, escupirle un “no” a la cara al que le ridiculizó por su vodevil con el secretario general del PSOE. No ha tenido el coraje de envainársela.

Rajoy, no obstante, parece estar decidido a presentarse a la investidura. Cree que, aunque no salga elegido, pondrá tan en evidencia al PSOE y a Ciudadanos que en esas terceras elecciones, el PP podría lograr una victoria aún más holgada. En Génova ya se chotean de Pedro Sánchez y Albert Rivera, porque, dicen, pueden terminar en el Grupo Mixto; eso sí, juntitos.

La maniobra de Rajoy ya está preparada. En cuanto se encarame a la tribuna de oradores, propondrá de nuevo el gobierno de gran coalición entre los tres partidos; incluso, con un reparto de ministerios en función del número de escaños. El objetivo, el de siempre: consensuar entre los tres partidos la reforma de la Constitución con nuevo sistema electoral incluido, una ley de educación que dure más de cuatro años, un acuerdo sobre la defensa de la unidad de España, unas medidas contra la corrupción sin fisuras… Todos están de acuerdo. Solo falta que se remanguen y se propongan llegar hasta el final, con cesiones de unos y otros. En efecto, una utopía.

La respuesta del PSOE y Ciudadanos a la oferta del PP también está prevista. Rechazarán el pacto con los argumentos de siempre y, sobre todo, con el mantra al que se han abrazado desde el principio: el veto a Rajoy. Y entonces, llegaría la jugada maestra del presidente en funciones: ofrecer su cabeza a cambio del pacto de Gobierno. Les pillaría con el pie cambiado, se quedarían mudos. Y si, todavía mantienen el “no”, entonces, sí, las nuevas elecciones serían inevitables; Pedro Sánchez y Albert Rivera acabarían en el Grupo Mixto, y Rajoy volvería a ganar de largo. ¿O alguien lo duda?

En realidad, la gran duda es que Rajoy se inmole. Y con razón, pues ha ganado holgadamente las elecciones. Pero, si se sacrifica, puede facilitar la gobernabilidad y despedirse como un gran hombre de Estado. O volver a presentarse y arrasar. Por eso, anda rumiando si ejecutar la jugada maestra hasta el final, pues corre el riesgo de quedarse fuera del ruedo. Pero supondría una faena redonda. Saldría a hombros por la puerta grande con las orejas de Sánchez y Rivera en las manos. Esta vez, sí, Rajoy tiene que coger al toro por los cuernos.

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