14 de noviembre de 2019, 10:10:14
Economía

CRÓNICA ECONÓMICA


Crónica económica. Estado emprendedor y otros contrasentidos

José Carlos Rodríguez

El papel del Estado, gran conflicto de las ciencias sociales. Por J.C.R.


El papel del Estado en la sociedad es el gran conflicto dentro de las ciencias sociales, especialmente desde que, desde comienzos del pasado siglo, éste ha adquirido una importancia económica y política nueva. Si nos limitamos a las democracias occidentales y al aspecto económico, el cambio ha sido muy importante. Ese crecimiento del Estado se sustenta, primero, en que la riqueza creada por el capitalismo ha posibilitado financiarlo sin ahogar a la sociedad. Y, segundo, en una hidra de ideologías que lo han justificado y reforzado. Una de esas ideas es que el Estado fomenta la actividad empresarial por diversos modos.

A esta idea le dedica el Instituto Juan de Mariana su último informe, El Estado emprendedor. Es el título del libro de Mariana Mazzucato de 2013. En él demuestra, o esa es su intención al menos, que las grandes revoluciones tecnológicas últimas se deben al papel de las administraciones públicas. Realmente hubiera sido extraordinario, aunque no inconcebible, que el Estado, que ha llegado a acaparar la mitad de la renta de las economías modernas, no hubiera tenido un solo éxito a la hora de identificar un sector al que sufragar con fondos de I+D, u otros. Pero Mazzucato se ve obligada, para mantener su posición, a realizar varias trampas al solitario. Una de ellas es poner ejemplos del siglo XX. Le es muy necesario, pues en el XIX el Estado no tenía ese papel, y el avance tecnológico fue muy importante. Segundo, se ve obligada a centrarse en los sectores que le interesan y en obviar otros que no le interesan. Bien, puede considerarse que esto es falta de honradez intelectual, pero para defender ciertas posiciones hay que hacer dolorosas renuncias.

El informe ve la situación del mismo modo: a pesar de las cantidades ingentes de dinero público volcadas sobre determinadas empresas, la práctica totalidad de las innovaciones se deben a la iniciativa privada. ¿Por qué se produce esto? En primer lugar, no hay información suficiente para “determinar si los medios utilizados están generando o destruyendo valor”. Además, “se produce asimismo un efecto expulsión al detraer recursos de la economía por vía impositiva, de forma que el sector privado ve mermadas sus rentas para llevar a cabo sus propios proyectos de emprendimiento”.

Pero también hay críticas que se salen de lo habitual y que tienen mucho calado. Una de ellas es que la innovación, en el mercado, es un proceso descentralizado, en el que el éxito puede provenir de diversos sitios, en un avance abierto e incierto, pero que premia el éxito tanto como detrae de recursos al fracaso. La actuación pública, por el contrario, es centralizada. El I+D+i concentra los recursos “en una vía de investigación única y concreta”, lo que aumenta el riesgo de que la apuesta sea fallida.

Además, los intereses de los inversores privados pasan por lograr el objetivo de innovación, mientras que los de los agentes políticos son otros: favorecer a tal o cual empresa o sector por motivos políticos o corruptos. Por otro lado, desvía los esfuerzos de las empresas desde la innovación verdadera al lobby para captar los recursos públicos.

La réplica a estas razones es que el Estado tiene unas miras que son más lejanas que las del miope inversor privado. Otro argumento, más antiguo, es que la innovación es un bien público, en el sentido de que la copia resulta gratuita, y ello desincentiva a quienes asumen el coste de realizar la inversión, para que los beneficiarios sean otros. Pero el informe cita algunos trabajos que muestran que los “early adopters” se benefician de la exclusividad de su innovación durante un tiempo, y que ese beneficio es suficiente para motivar la inversión. Por otro lado es innegable, pero no es un argumento que debieran mantener los críticos con el capitalismo, que la información tecnológica se extiende rápidamente en el mercado, y se adopta rápidamente por las empresas, y a un coste asumible; bajo, e incluso en ocasiones nulo.

El informe repasa varios ejemplos que pone Mazzucato, pero los va pinchando uno a uno, como los bancos de desarrollo, y en particular su papel en las energías renovables, o la nanotecnología. En todos los casos se observa la meticulosidad en el método de quedarse con los datos que le interesan y obviar los que le contradicen. Luego se detiene en los casos del iPhone y de Google, dos éxitos que se han puesto en el haber de la actuación pública. En una prolija y cuidada exposición, el informe deja en muy poco las pretensiones de Mazzucato.

En definitiva, “no hay ninguna labor que desempeñe el Estado emprendedor que no pueda desempeñar la sociedad de forma voluntaria”, y hay una importante evidencia que muestra que el Estado dificulta la innovación, en lugar de favorecerla. Estado emprendedor es un sintagma con menos fundamento que inteligencia militar o realidad virtual, pero está detrás de gran parte de las intervenciones del organismo centralizado de coacción.
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