18 de enero de 2020, 8:20:05
Opinion

ESCRITO AL RASO


La guerra de la investidura

David Felipe Arranz


El sábado pasado nuestra querida Estefanía, entre mojama y palo cortado de Jerez, nos reveló que ni había leído ni pensaba leer nuestras columnas de contenido político, porque –según ella– los periodistas nos hacíamos eco de las mentiras de sus señorías. Todo puede ser, aunque procuramos contrastar. El laberinto de la política y el rifirrafe de sus protagonistas se han convertido en el tema de los últimos seis meses, y escribir sobre ella, en el desagravio universal.

Estefanía, de profesión escritora y de oficio sus dos gemelas –a las que apoda cariñosamente con el nombre de dos insectos parasitarios y chupasangre, veremos si cuando las niñas crezcan se lo consienten–, es una atractiva, simpática y motorizada mujer de fibrosa estampa que escribe unos bonitos y preventivos cuentos para niños maltratados por adultos monstruosos. Le podríamos contestar a Estefanía, que por cierto también se tira en paracaídas desde cualquier altura, que cuando somos adultos, descubrimos que los cuentos que nos han contado y regalado en nuestra infancia constituyen la primera prevaricación, la primigenia falsedad, el original y truncado anhelo, la inicial tomadura de pelo de aquellos batracios convertidos en príncipes azules y amantísimas princesas cisne en busca de su Rainiero. Ni el príncipe de Wilde es feliz porque su consorte se ha hecho la cirugía estética tropecientas veces y gasta muy mala leche con las cuñadas, ni Rapunzel espera a que el hijo del rey suba al torreón por sus dorados cabellos… porque en realidad la niña está pendiente de Instagram. Mentira todo. Aun así, la queremos mucho, aunque no nos lea la cosa política, aunque sea tan de derechas, aunque se niegue a acariciar con su mirada melancólica estas sufridas letras agosteñas.

Decíamos que a Estefanía la política como conversación, como debate, le resbala –“es que me la suda”, suele decir ella–, pero lo cierto es que no nos resistimos a contar la falacia de la democracia (orgánica y preconstitucional) que nos han vendido. Una melé que ha venido a desembocar en la guerra de la investidura que se ha transmutado ya en el revistón estival del no a Mariano, que habla en greguería, como Zetapé, que incluso en septiembre de 2011 llegó a citar al gran Ramón: “El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo”, fijando así, sin él quererlo, el programa político del futuro presidente, su sucesor, ahora en funciones. Mariano y José Luis han sido la alarmante del limón amargo que nos ha tocado tragar, el prendimiento de la salud democrática de nuestro país, el aviso para caminantes.

El CIS ha publicado hoy los resultados de eso que llama el “barómetro”, que no es el de mercurio que teníamos a la entrada de nuestro cuarto en Valladolid, sino la última encuesta de estimación de voto del Centro de Investigaciones Sociológicas que paga Presidencia, llevada a cabo en julio con todo el personal remojándose los callos en la playa. Y los veraneantes, entre incendios, accidentes mortales y aguas fecales de los Juegos Olímpicos de (Me) Río de Janeiro desbordándose por el televisor, han contestado que votarían lo mismo, punto arriba, media abajo. Es decir, que ganaría la España de la derechona, con un 32,5% de los votos, en este verano rígido y protodemocrático de nuestro descontento. Con los datos en la mano y la propaganda en la otra, el secretario de Economía del PSOE Pedro Saura aplaude porque los socialistas han subido un punto en las encuestas y la vicesecretaria de Estudios y Programas peperos,Andrea Levy, muestra su gozo en público por aquello de que Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy. Los 190 afiliados al partido que “lidera” Pedro “Ps” Sánchez son contrarios a que gobierne Rajoy, aunque por la guerra interna que tienen no sabemos si son también favorables a que gobierne su actual y discutido secretario general, que hoy se reblandece las meninges en las playas almerienses y se unta la crema after-sun del 26-J con su inseparable Begoña, que es una rubia sonrisa, una primera dama que hace pilates, la ninfa constante de la democracia y descanso del trance del guerrero. Ambos hacen mucho deporte, como Mariano, para no perder peso ideológico y ganar en oposición, que no en abstención como su portavoz Antonio Hernando repite cada vez que le ponen delante una alcachofa. Se nos ocurría que podría formar con su contrario Rafael el dúo los Hernandos, como los Chichos de la portavocía bipardista, pero especializados en monólogos pactados y de mentirijillas para periodistas en las Cortes, con su perejil de humor y salsa de chascarrillo ambos.

En la encuesta cae en barrena la marca blanca del PP, que es naranja –las leyes de los colores políticos dicen que el azul más el blanco da naranja–, y los chicos marxistas-leninistas de salón del profe Pablo Iglesias, que andan ya nerviosos a ver si se cambian de formación antes de engrosar las listas del paro, después del disparo en la línea de flotación de Echenique y sus dos asistentes “en negro”. Ahora andan todos locos con las rebajas de agosto, que son las últimas, como todo el mundo sabe, y en la Gran Vía, aunque no hay quien pare, quien más y quien menos puede ir al esclavista Primark y comprarse un Mariano low cost o un Albert a precio de ganga. Así que entre el puñito rosa y cerrado y la mano abierta de unos y de otros, acontece ya el desgaste del presidente autonómico con la parienta, del secretario general con los colegas de mus y del miembro de la ejecutiva con la amante en el piso franco, reconsideraciones de estrategias aparte. Tras el verano caliente, al PP se le viene encima el otoño de los Bárcenas, los Blesa, los Rato, los Correa y las Anamato con el Jaguar aún en el garaje, vehículo icónico de este milenio de corrupción.

Estefanía no nos lee ni leerá las columnas políticas, pero es que hasta Antonio Banderas ha salido ayer de la gran pantalla de la gala Starlite como en La rosa púrpura del Cairo perfumado con su colonia famosa y su suegra, y ha dicho que, de seguir así, nos vamos a dar un “talegazo importante”. Y es que ya hay que ponerse en la tesitura de lo peor, en la guerra de la investidura a lo George Lucas o George Bush (padre, hijo y espíritu santo estadounidense), hasta que se restituyan las aguas mansas y redondas de la vida nacional, allá por el burladero de la Navidad, el auténtico milagro español. Esperemos, amén.

@DavidFelipe1975

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