7 de diciembre de 2019, 16:19:05
Deportes

SIMONE BILES LOGRÓ EL ORO EN EL CONCURSO INDIVIDUAL DE GIMNASIA


La estrella de Río

Efe

La estadounidense, a sus 19 años, obtuvo el segundo oro de los cinco a los que aspira en gimnasia artística en estos Juegos Olímpicos.


Simone Biles amplió el círculo mágico en el que ha vivido en el último trienio de sus apenas 19 años con el título olímpico individual de gimnasia, ganado con una suficiencia abrumadora: por 2,100 puntos, el mayor margen registrado en la historia de los Juegos. Es el segundo oro de la gimnasta estadounidense en Río de Janeiro, de donde aún puede llevarse otros tres en las finales por aparatos.

La campeona acumuló 62,198 puntos. La medalla de plata fue para su compañera Alexandra Raisman (60,098) y la de bronce para la rusa Aliya Mustafina (58,665), que llegó a ser líder pero no resistió el ritmo de las norteamericanas.

Hasta esta jornada, la mayor distancia entre el oro y la plata olímpica eran los 1,4 puntos que la checa Vera Caslavska sacó a la soviética Zinaida Voronina en 1968. Biles, con las uñas y los ojos pintados de dorado, mandó a paseo esos registros. La campeona mereció las mejores notas de la final en salto, barra y suelo. Solo flaqueó, como es habitual, en las asimétricas.

Se adelantó con su primer ejercicio, un salto de dos piruetas y media puntuado con 15,866. La dificultad era máxima y le dio la mejor nota pese a dos pasos en la salida. Mustafina, con su doble pirueta clavada, se quedó en los 15,200. La rusa aprovechó su mejor aparato, las asimétricas (15,666), que coincide con el peor de Biles (14,966), para darse el pequeño placer de llegar al ecuador de la clasificación en cabeza. Por 34 milésimas, pero por delante.

Hasta ahí duró la contienda. Biles abrió en barra, aparato en el que es doble campeona mundial, con el ejercicio de máxima exigencia que ha preparado para Río. Puntuada con 15,433, Estados Unidos incluso presentó una reclamación para que le subieran la nota pero los jueces no la consideraron.

La rusa fue incapaz de darle la réplica. Se quedó en 13,866 después de varios desequilibrios, puso en bandeja a Biles el título y, de paso, brindó a Raisman la oportunidad de pelear por la plata. La eternamente seria Mustafina y la siempre sonriente Biles abordaron el suelo con todo decidido.

Mustafina, ganadora de cuatro medallas en Londres 2012, acusó el golpe y se quedó en 13,933 puntos en el suelo. Ni Raisman, campeona olímpica en Londres y siempre superlativa en el suelo, ni Biles, campeona mundial, tuvieron el menor problema para asegurar el 1-2 para Estados Unidos. Por detrás de las chinas Chunsong Shang y Wang Yan y de la canadiense Elisabeth Black ocupó la séptima posición en la final la venezolana Jessica López (57,966).

La gimnasia artística se toma ahora dos días de descanso en Río antes de abordar entre domingo y martes las finales por aparatos.

La nueva Comaneci

Simone Biles, nueva campeona olímpica de gimnasia, representa la quintaesencia de este deporte: cuando entra en la sala, lo hace para ser la número uno. Entre ella y la perfección no hay ningún filtro.

Los títulos por equipos e individual que ya ha ganado en Río, a los que puede sumar otros tres en las finales por aparatos, completan un trienio glorioso, que comenzó en 2013. En ese año, a los 16, debutó como internacional y ganó en Amberes su primer título mundial. Siguieron luego dos más, en 2014 y 2015, una racha nunca lograda por nadie. Tres veces consecutivas campeona del mundo, el título olímpico era cuestión de tiempo.

Estados Unidos es una fuente inagotable de producción de gimnastas. Las últimas cuatro campeonas olímpicas han salido de esa fábrica: Carly Patterson en 2004, Nastia Liukin en 2008, Gabrielle Douglas en 2012 y Simone Biles en 2016.

La competencia es tanta que es muy extraño que alguna pueda repetir. Douglas está con la selección estadounidense en Río, pero ni siquiera pudo disputar la final individual. Acabó la ronda de clasificación tercera, pero tenía por delante a Biles y a Alexandra Raisman y solo se admite a dos gimnastas de un mismo país por final.

Biles ya tiene reto: aguantar un nuevo ciclo y convertirse en la tercera mujer en la historia que revalida el oro olímpico, algo que no consiguió ni siquiera Nadia Comaneci, campeona en 1976 pero subcampeona en 1980. Sí lo habían hecho la soviética Larisa Latynina (1956 y 1960) y la checa Vera Caslavska (1964 y 1968).

Era Caslavska la que tenía hasta ahora el mayor margen de puntuación entre el oro y la plata, con sus 1,40 de diferencia sobre la soviética Zinaida Voronina en 1968. Biles deja ese registro en nada con sus 2,10 de hueco sobre Raisman.

La biografía de Biles se acopla perfectamente al modelo del sueño americano: miembro de una familia desestructurada, adoptada por su abuelo y la mujer de este debido a la desatención de su madre, comenzó a practicar la gimnasia en Texas a los 6 años. Alguien adivinó su talento y la encaminó hacia un entrenamiento serio. El último capítulo de esta historia se escribe en Río.

A los 15 años Biles abandonó la escuela pública y continuó en casa sus estudios de bachillerato, para dedicar así más tiempo a la gimnasia. Se graduó en 2015, siendo ya doble campeona mundial.

Un año después ya suma, entre las distintas disciplinas, diez títulos mundiales y dos olímpicos. Dos de dos, pero, salvo catástrofe, serán cinco de cinco. No hay en Río nadie que se le acerque.
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