25 de enero de 2020, 22:42:59
Editorial


Negociación PP-C’s: el tiempo apremia



Cuando la reunión entre Mariano Rajoy y Albert Rivera se saldó positivamente anunciándose que el PP y Ciudadanos iban a comenzar a negociar con la vista puesta en la investidura se abrió una puerta a la esperanza. Sin duda, resultaba más que perentorio que se avanzara para terminar con la lamentable y bochornosa situación de un bloqueo inaudito y sin precedentes. Aunque sin conjurar totalmente la amenaza de unas terceras elecciones que, para más inri, muy probablemente arrojarían un resultado similar, se iba en la dirección correcta. Un acuerdo entre el PP y Ciudadanos en el que la formación naranja diera el “sí” a la investidura de Rajoy pondría contra las cuerdas a un Pedro Sánchez y a un PSOE empecinados contra toda lógica en un rotundo “no”.

Al principio de las negociaciones todo eran parabienes por parte de ambos partidos, pero parece que después, cuando ha llegado el momento de la concreción, no todo discurre con la agilidad y los resultados esperados, deseados y necesarios. Parece que en las últimas reuniones han ido surgiendo varios escollos. Hasta el extremo de que Ciudadanos mostró su preocupación y consternación y reprochó al PP que en su boca hubiera más negativas que aceptaciones a sus propuestas. Ante ello, el PP quitó hierro al asunto asegurando que todo se desarrollaba con normalidad.

Parece que, entre otros puntos, frente a la plena sintonía en cuanto al pacto anticorrupción, no la hay tanta en la cuestión de la Justicia, a tenor de las críticas de Ciudadanos, que recrimina al PP su escasa predisposición para hacer una reforma integral de la Justicia encamina a su despolitización y a una neta separación de poderes. También otro de los puntos de mayor fricción es que Ciudadanos insta al PP a que dé cifras muy concretas de las partidas que se destinarían al paquete social. En el primer caso, resulta sorprendente que, si es como dice Ciudadanos, el PP vea con reticencia algo necesario que iría a favor de la profundización de la democracia. En el segundo, no deja de ser sensata la postura del PP que, sin negarse a incrementar la política social -de hecho, ya han llegado a algunos acuerdos en este sentido-, señala que no puede tomar una senda populista y demagógica que prometa medidas que luego choquen con la realidad de los números. Los Presupuestos son un encaje de bolillos en los que entran en juego muchos factores, y no el menor la estabilidad presupuestaria y nuestros compromisos con Europa.

En una negociación de calado como la que está llevando a cabo PP y Ciudadanos no es extraño que se presenten dificultades y discrepancias. Pero los dos partidos deben hacer el máximo esfuerzo y conseguir que prevalezca la flexibilidad en beneficio de un objetivo que beneficia a todos los españoles. Sería muy mala noticia que las negociaciones se encallaran y no llegasen a buen puerto. Y, sin duda, el tiempo apremia.
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