18 de enero de 2020, 22:26:40
Opinion

TRIBUNA


Guerra Civil

Agapito Maestre


Mientras seguía el lamentable espectáculo del Comité Federal del PSOE, leía algunos trabajos de profesores de filosofía de España sobre la obra de Ortega y Gasset. No sabría decir qué me causaba más vergüenza ajena, más bochorno intelectual, si la barbarie de los socialistas, en realidad, la torpeza de un señor como Pedro Sánchez, o ese patán, representante de muchos profesores de la universidad española, que mantiene con la estulticia de Sánchez que José Ortega y Gasset es un filósofo vulgar a la hora de abordar el idealismo; sí, un profesor de filosofía dice que Ortega, el mayor filósofo de España y uno de los más grandes del mundo en el siglo XX, tiene un concepto simplista de modernidad. El crítico más grande que ha dado nuestra época del totalitarismo revolucionario y contrarrevolucionario, surgido de la filosofía racionalista e idealista moderna, es descalificado como un filósofo menor y simplista por un colaborador de la Fundación José Ortega y Gasset - Gregorio Marañón, profesor de la Complutense y no me extrañaría nada que también estuviera próximo a las posiciones de Podemos.

No sabría decir quién es más salvaje si el político que desprecia la mayor aportación del PSOE a España, a saber, ser un partido político que busca el bien común con otros partidos de diferente signo ideológico, o el profesor que inculca a sus alumnos unas ridículas mentiras contra el filósofo más grande de España, que solo tuvo un objetivo en su vida, a saber, “servir a España y elevar su nivel político”. El patán que desprecia a Ortega tiene muchas cosas en común con Sánchez. El uno no es sin el otro. Ni el profesor-patán de la Complutense ni el torpe-político del PSOE han surgido de la noche a la mañana. Son producto de un pasado horrible. Son los destilados últimos de la peor España. De la España de Caín que nos llevó a la Guerra Civil. Ésta no quiere irse. No quiere ser pasado sino presente y, lo que es peor, futuro.

Cualquier día alguien sensato, riguroso y discreto hará la nómina de los políticos que nos han llevado hasta Pedro Sánchez -el hombre que todavía está dispuesto a romper lo poco que queda de PSOE, pues que no sólo no abandona el Parlamento sino que amenaza con presentarse a unas posibles elecciones primarias para elegir un nuevo Secretario General-, será entonces cuando tengamos que contrastarla con la lista de profesores de filosofía, de intelectuales, que hicieron del odio a Ortega, o peor, de su cruel utilización para justificar alevosamente una Transición política perversa, dirigida por alguien que no sabía nada de la historia de España y no había leído un libro en su vida, su seña de identidad. El listado de políticos competirá en estulticia y maldad con la larga nómina de intelectuales que, en los últimos 77 años, no han querido reconocer que nuestra guerra civil fue una catástrofe, una hecatombe, de la que no conseguimos salir. La Guerra Civil sigue siendo la causa de nuestros horrores. El mundo intelectual, cultural, está tan vacío y pervertido como el político. Ni uno ni otro han sido capaces de mostrar ni, por supuesto, continuar la gran verdad de Ortega: España necesita política de realidades, vitalidad e historia y le sobra política de “ideas”, huecas utopías y “razones puras”.

El desprecio, el resentimiento y el odio que siente por Ortega el profesorcillo-trepador, burócrata ridículo al servicio del kantismo más perverso, ese que nos lleva directamente a los campos de concentración, se da la mano, se abraza, con Pedro Sánchez, el antiguo Secretario General del PSOE, que ha conseguido romper casi por completo al PSOE, con la colaboración del Grupo Prisa y Felipe González, porque ha marcado a fuego su futuro: o se está con él o se está con Rajoy. Terrible. El profesor y el político participan del odio atávico al excelente. Una vez más, la enésima, a Ortega sigue asistiéndole la razón: “Una de las cosas más decisivas que con verdad pueden decirse de España es que, relativamente a las demás razas de Europa, es y ha sido siempre el pueblo popular, esto es, que ha vivido predominantemente de su piso bajo, de las clases inferiores. Hemos padecido casi sin interrupción una aristocracia deficiente, en cierto modo, la ausencia de minorías selectas.” O sea, con palabras eternas de Ortega, “aquí lo ha hecho todo el ´pueblo`, y lo que el ´pueblo`no ha podido hacer se ha quedado sin hacer.”

En fin, creo que si Ortega regresase por un rato a la España de hoy, a la guerra civil que vivimos en la política y la cultura, regresaría a escape a su tumba.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.elimparcial.es