28 de enero de 2020, 12:48:52
Editorial


Rajoy no debe imponerse, sino negociar



Desde la sede del Gobierno en funciones en Moncloa comienzan a salir a la luz pública sorprendentes replanteamientos tras la debacle interna protagonizada en las últimas fechas por el PSOE. Hasta el momento, el PP había reclamado evitar unas terceras elecciones disparatadas mediante el trámite de una abstención socialista ante el pacto alcanzado entre los populares y el partido de Albert Rivera. Demanda más que razonable persistentemente rechazada por Pedro Sánchez. Su obcecada negativa contra toda lógica ha acabado estallándole en la cara, como era previsible que sucediera cuando se actúa contra la más elemental sensatez política.

Ahora la insensatez parece que tienta a sus contrincantes. Desde Moncloa ya no se pide una abstención del Grupo Socialista que permita una segunda legislatura de Mariano Rajoy. Parece ser que esto ya no es suficiente. Empieza a exigirse otra cosa distinta: una adhesión sin contrapartidas del PSOE a los presupuestos generales del Estado en vías de tramitación bajo la supuesta premisa de que esa subordinación es indispensable para la gobernabilidad. Se trata de un argumento que va contra cualquier lógica política y que puede estallarle a Rajoy en la cara de modo análogo a la obstinación disparatada de Pedro Sánchez. Necesitará una extraordinaria habilidad la Gestora socialista para cambiar en tan breve lapso de tiempo el sentir generalizado en Ferraz y conseguir la abstención.

Requerir más que la abstención carece del más mínimo sentido. Mariano Rajoy debería recordar que es el partido mayoritario, pero que está en minoría en el Congreso: no ha logrado la mayoría absoluta. Por eso, debe interiorizar que la opinión pública y los resultados electorales le exigen flexibilidad y negociación. Más que reclamar adhesiones, haría mejor en bajar a la arena y fajarse con el indispensable pacto a tres bandas al que apremian los nuevos tiempos políticos. Si no se siente capaz de ello, mejor que arroje la toalla. Cierto que en Génova puede tentar ahora forzar unas terceras elecciones aprovechando que el PSOE se encuentra descoyuntado. En ese caso habría de afrontar el rechazo generalizado de la ciudadanía de ese retorno inaceptable a las urnas y un peligroso repunte de las fuerzas populistas.

Si en esta tesitura, el miedo del PSOE a una catástrofe electoral le arrastrara a refrendar sin más la gestión del PP, en poco tiempo veríamos cómo las bases socialistas volverían a alzar a la secretaria general a Pedro Sánchez o a cualquier figura populista que les prometiera resarcirse de ese sometimiento. Dos escenarios que no le convienen en modo alguno a la nación. Mariano Rajoy debe mantener los pies en el suelo y guiarse por una mayor sensatez política, si no quiere que la falta de lógica desemboque en un nuevo caos, esta vez en su propia casa.
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