27 de enero de 2020, 11:16:22
Opinion

TRIBUNA


Mecanografía del poder

Emilio Arnao


Como una perforación de minas, hemos asistido en estos últimos días al colt del poder por el poder mismo. Francis Bacon decía que los hombres situados en altos puestos son tres veces siervos. Mientras que George Clemenceau comentaba que el poder es la más completa de las servidumbres. Lo sucedido con el soe -no me gusta quitar la “p”, pero ya está registrado el término casi por la Academia- se puede entender en un momento de calefacción en que por tales disparos se ha cambiado ya la historia presente y pasada para un porvenir, zurra y vulpeja, que no sabemos muy bien en qué mar va a desembocar. Seguro que en el mar de Jorge Manrique, donde la brevedad de la vida se zurce en las antípodas de una política ejercida con escándalos y farras mexicanas.

Desde luego por lo menos yo atisbo un roznar de insidia a la hora de intervenir sobre este infante difunto que ya es Pedro Sánchez. Cadáver exquisito para los surrealistas. Pero para entender estas tres películas de “El Padrino” de Coppola hay que tapizar la urgencia con que se ha tramado el drama donde baste en escuchar aquellas palabras, sencillas y tiernas como el amor de Serrat, que, en su momento dado, sevillana y rosa quemada, dijo Susana Díaz: “Este chico no vale, pero nos vale”.

Abrió la boca el potentado Felipe González, zumo de euros y yate en “La Divina Comedia” de Dante, y el soe se puso a temblar. No cabe la menor duda que Dios -así lo trataban amigos y enemigos cuando reinaba con jardines máximos en la Moncloa- todavía está presente en la conciencia colectiva de los socialdemócratas españoles. Y digo socialdemocracia porque ésta nada tiene que ver con el socialismo de verdad. La socialdemocracia es el capitalismo europeo desde una perspectiva de orientación centrista y monetaria, que es en lo que se ha convertido Glez. -ah, mi Umbral- en estos últimos años, mientras que el socialismo ya es lo que trajeron Gramsci o Berlinguer o Toni Negri o Michael Hardt, incluso, si mucho se me apura, hasta Blanqui, esto es, una izquierda pura, dinámica, con tronisca de obrerismo y justicia social y zulaque de igualación entre las masas, que es lo que realmente adivinó durante dos escasos años Pedro Sánchez, muerto a lo César, tras las cuchilladas de Calsa y Bruto, si bien César, antes de morir, asestó una herida en los muslos de Bruto -esa herida es la que puede procurar el pedrismo a la hora de presentarse nuevamente cuando haya Congreso extraordinario-. Sánchez pretendió gobernar sólo en torno suyo, advirtiendo la falta de anuencia entre los padrinos y la baronía. A Sánchez le zurrieron el zurriburri ante el espectáculo lamentable de los ocho tigres devorando las torres de Kío.

Pero, ya digo, ha triunfado la cabeza de caballo sobre la cama, y la traición de los barones y la aristocracia del capitalismo de centro han recreado el funeral por un infante difunto -por decirlo más o menos con Debussy-. El felipismo y la susanamanía prefieren que gobierne el Partido Popular antes que el socialismo de verdad, esto es, el que compilan los militantes y los votantes del extinto soe, los cuales rezan al Cristo de los Demonios para que haya un gobierno alternativo. La gestora ya ha dicho que nada de gobernar con Podemos, que mejor que continúe Rajoy para que se aprueben por lo menos los presupuestos generales.

Si la muerte de Sánchez no hubiera ocurrido a las 20.21 horas del sábado 1 de octubre, se podría haber desalojado a la derechona peripatética acosada por esta proteína que es la corrupción. Ahora mismo Gürtel y black.

Lo ocurrido en Ferraz no ha sido otra cosa sino la interpretación de la comedia inventada en Grecia por los recitados conmemorativos a Fales, donde el falo era el estandarte mientras que en este lenguaje político lo que ha existido es la castración absurda y moral de la auténtica izquierda de un partido que debe llevar lirios cortados y afónicos a la tumba de Pablo Iglesias Posse. Un rapsoda bala en la deflagración.

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