6 de diciembre de 2019, 5:16:57
Editorial


Las amenazas de Pablo Iglesias



Aunque tuvieron sus más y sus menos, Pablo Iglesias conservaba la esperanza de que Pedro Sánchez aceptara el apoyo podemita a la cantinela del “derecho a decidir” y, junto con los secesionistas, pudieran formar un Frente Popular en el que el partido morado tuviera en realidad la sartén por el mango. Un Frente Popular que liquidaría, y muy probablemente de manera irreversible, los avances conseguidos para salir de la crisis, y que sentaría las bases de la ruptura de España. De ahí que después de la fallida investidura de Rajoy, Iglesias, y el propio Sánchez, volvieran a echar mano del mantra de lo que llamaban Gobierno de progreso, y que no sería otra cosa que ese Frente Popular tan negativo para España y los intereses de la mayoría de sus ciudadanos.

Ahora, sin embargo, parece que Pablo Iglesias ha tenido que darse cuenta de la imposibilidad absoluta de ese pacto, una vez que Pedro Sánchez ya no es secretario general del PSOE. Y se ha lanzado a un discurso contra los socialistas, esperando sacar réditos de la debacle del PSOE y de su guerra interna. Iglesias ha acusado al PSOE de mentir si ahora adopta la abstención que haga posible a Rajoy formar Gobierno, ha dicho que su partido es el futuro, y se ha autoproclamado líder de la izquierda.

Pero no queda ahí la cosa. Pablo Iglesias, en un tono amenazante y en medio de las cada vez mayores discrepancias con Iñigo Errejón, se ha permitido lanzar un órdago al PSOE, diciendo que la militancia y los dirigentes de Podemos “tomarán nota” de si los presidentes autonómicos del PSOE que lo son gracias a su apoyo apuestan por la abstención. Y obrarán en consecuencia tras ese “tomar nota” amenazador, poniendo como ejemplo del buen camino el emprendido por la presidenta de Baleares, Francina Armengol, que está dispuesta a mantener el “no” a Rajoy para no romper el pacto con Podemos. Mal haría el PSOE en dejarse amedrentar por la posible cancelación de los pactos autonómicos y municipales que son el abrazo del oso. El populismo podemita persigue fagocitarle y ha dado suficientes muestras de cómo se las gasta.
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