25 de noviembre de 2020, 14:45:51
Cultura

EL RAP DESCORCHA, AL FIN, SU ANCESTRAL CHAMPÁN


Entrevista. Kase.O nos abre la infinitud de su cima, ‘El Círculo’ y un diván

Diego García

El patrón del rap español recupera el vigor, su relamido vigor, desde sus cenizas. Por Diego García



El conformismo y la autocomplacencia creativos constituyen conceptos inconexos para con la propia esencia artística de un escritor que circunde (o yazca aposentado, según crítica y público) la cima de su rama. El hieratismo o la especulación con el fluir distinguido, más cuando uno se sabe capaz de entretejer ejercicios virtuosos navegando sobre campos semánticos y rítmicos que establecen paradigmas estilísticos, podrían concebirse como una negligencia anacrónica en los tiempos de fluidez que corren. Sobre todo cuando un género tan hambriento y efervescente como el urbano (hip-hop, en concreto) exige, con sonoro recelo y en vigilia multianual, los nutrientes autografiados por uno de sus referentes identitarios. Por ello, entre otras variables, Javier Ibarra (Zaragoza, 1980) decidió cruzar sus fronteras interiores y enfrentar un camino, tornado en callejón dantesco, que ha concluido en la presentación de ‘El Círculo’ (2016, Rap Solo), su última obra extramuros de Violadores del Verso. El resultado, variopinto, reconocible y singular, aliña sangre y seda, escaramuza y analgésico. Para comprender la paleta del particular paisaje, ya a la venta y lanzado, se antojan necesarias varias escuchas (como diagnostica el autor) y una charla. Así que, con la sencillez de un tótem sin atalaya y abrigado con su alias “La palmera que se dobla pero aguanta el huracán”, Kase.O nos ofrece una canoa para escudriñar el viaje que cataloga como “infierno mental”, en una suerte de anexo al relato más íntimo de su discografía. Mostrando, sin maquillaje, las cicatrices del escorzo por el que ha perseguido, esta vez, a la excelencia. En un nítido punto de inflexión a su cortejo del micrófono.



Pregunta: Buscar un axioma común y de trazo grueso a un disco dibujado con tantos matices parece absurdo, pero tiene apariencia de catarsis. ¿Cómo ha sido el proceso de construcción del proyecto?

Respuesta: El proceso ha sido largo y duro. Ha finalizado en catarsis pero ha habido muchos procesos en el camino. Me fui a Colombia con la idea y con dos o tres canciones ya empezadas, y pensaba que iba a llegar allí y que iba a ser la panacea. Que me lloverían las rimas e iba a ser la gran inspiración. Pero la situación fue otra: de repente tuve que lidiar con muchas voces que había en mi cabeza y con muchos miedos. Sentía la cosa como un doble o nada. Como si fuera que “o la cago totalmente y ya no soy el número uno, se perdió y toda esa mierda, o la clavo donde es, sobrevivo a este marrón, hago un discazo y me consigo quitar el estrés”. Pero la mayoría de las voces eran negativas. Y no las supe gestionar… Iban encaminadas a que se acabó, que se acababa el mundo. No conseguía crear y la obsesión por crear me impedía hacerlo. Lo poco que creaba no me gustaba por el nivel de auto exigencia que tenía. Fue un proceso un poco duro.

Además, aparte de esa figura pública o ego que yo quería defender estaban mis cánones musicales y mi ideal de la música, que tampoco los encontraba ni sabía muy bien por dónde enfocarlos. No quería hacer un disco recopilatorio de ritmos que me había pasado la gente y rimar encima. Quería sentir la música, sentir que era mía, que era mi estética y que estaba haciendo algo diferente que no pudieras escuchar en otros discos de rap español o americano. Algo con personalidad que fuera mío. Y toda esa crisis, macho, duró hasta que poco a poco fui produciendo. Empecé a producirme cositas yo mismo, a hacer música y me puse una fecha. Cuando me puse una fecha ya no tenía tiempo para pensar en todas estas rayadas sino en rimas, en rimas y en rimas. En terminar el disco y entregarlo a tiempo. Entonces vino mucho trabajo y esa fue la fase final. Los últimos seis meses estuve encerrado con los cuadernos, con todo lo que había escrito en Colombia, que era excesivo, incluso, y haciendo muchas cribas. Ha tenido mucha criba, de todo el material que tenía escrito, tachando frases, que sólo se quedaran las mejores y desarrollar las mejores ideas. El disco tiene muchas horas frente al cuaderno y escuchando ritmos.

P: Y una vez que somatizas que ha acabado el proceso, ¿cómo lo sientes?

R: Ahora, macho, es como que me he quitado una carga. Es que no me lo creo. Cuando hablo de la depresión, que fue real y muy dura, la tengo muy lejana y, encima, no le encuentro el sentido a qué pensaba. Pero, también, esa crisis fue, al final, el motivo principal del disco. No podía crear porque no tenía nada sobre lo que hablar. Estaba tumbado en el jardín, viendo las nubes cómo pasaban y no tenía vivencia alguna. Por eso, al final, la propia crisis es lo que ha dado vida al disco. Y ahora lo veo y me gusta. Escucho las canciones y me emocionan. Con los pelos de punta y llorando en las primeras escuchas. Son cosas que nunca me habían pasado. Igual que nunca había escrito ni ensayado llorando. De vez en cuando me lo pongo en los cascos y digo “jodo, la que has liado”. Es que yo convivía con esas canciones en mi cabeza. No las tenía grabadas, no sabía si eran buenas, si los ritmos eran buenos o si iba a rapear bien. Hasta que no las he ido terminando no me he ido quitando el estrés. En mi cabeza se han pegado dos años luchando. Todas esas putas frases pegándose, co (coletilla característica). Al final, como comprenderás…no les tengo odio, no les tengo odio. Bueno, un poquito (risas).

Ha sido una obra de ingeniería. A veces me preguntan qué ocupación tengo y yo creo que podría decirle ingeniero, arquitecto, matemático o alquimista, y no mentiría, se lo podría justificar, porque con palabras sueltas te hago una frase y creo un mundo. Y no es que esté egocéntrico, les ocurre a todos los artistas. Pero son muchos los procesos a la hora de hacer una canción.

P: En tu carrera siempre has expresado una dialéctica entre lo endógeno y lo exógeno, pero en este trabajo gana lo primero, se muestra un Kase.O más introspectivo. Se presenta una trama salpicada de retazos que esbozan una querencia por hacer un balance vital.

R: Totalmente. Ha sido eso, pasar balance. Es por todo ese proceso de interiorización y de voces internas con las que he luchado. Estaba ciego y sólo vivía dentro de mí. Me mirabas a los ojos y era un muñeco. Estaba viviendo dentro de mí. De normal vivo en mi propio mundo y todo ese rollo, pero mientras sea imaginativo o soñador, bien; cuando es para darte caña se vuelve un poco sombría la cosa. Hay mucho de escarbar en el disco. También, siempre me pongo en manos de Dios y lo que hay en ese disco es lo que Dios quería que yo dijera. Ahí me quito bastante responsabilidad. Pero, sí, evidentemente el disco está densito y es muy personal. Hay poco de mirar hacia afuera. Quizá ‘Esto no para’ es de las pocas en las que hablo del mundo de fuera. Y casi no hay crítica social ni musical. Es como si no hubiera existido nadie durante esos dos años. Y lo he vivido así, realmente. Por eso ha salido así de personal, el cabrón.

P: En las reflexiones que has ligado a este proyecto reiteras la importancia de dejar un legado. A pesar de la prolífica estela que te acompaña, ¿cómo traduces, en este punto, ese anhelo de trascender?

R: Ese pensamiento fue la solución a todo el lío mental que llevaba. Es como el que escribe su diario. Me lo tomé así: “Pasas por el mundo, deja una impresión en unas canciones”. Es un pensamiento que surge cuando ya tienes público, porque creo que el artista que no enseña su obra o no que no tiene público no sé si piensa mucho en trascender. Escribir sirve para liberarse de cargas y vaciar la mente, normalmente. Yo, en mi caso, que no estoy haciendo maquetas como cuando empecé y sé que me escuchan casi millones de personas, sabía que tenía que medir cada palabra y que me estaba representando en el mundo real. Lo hice por mí pero iba a tener trascendencia en el mundo real. Entonces, tuve mucho trabajo que hacer para ajustar la persona que cantaba a la persona que ven mis amigos o la que vas a ver en un bar. Intentar ajustar que no hubiera mentiras. Aunque algunos recuerdos son borrosos o igual fueron de otra manera, porque la verdad y la mentira, la realidad y los recuerdos, son borrosos. Y, como digo, fue la solución. “Me he metido en este lío y voy a escribir mi libro”, como quien dice (risas). Y aún me hubiera gustado dejar más poso espiritual, más teoría espiritual. Pero ya llegará en el futuro.

P: Ampliando esto último que mencionas, lo de tu arquetípico pliegue filosófico, da la impresión que esta vez ha ganado la partida lo emocional a ese tren metafísico. No resplandecen las referencias a los clásicos que envuelven tu lírica.

R: Lo de las referencias clásicas viene, sobre todo, de mi juventud y de cuando estudiaba. Encontraba mucha inspiración en la mitología y cultura clásicas y era muy amigo de la profesora de griego del instituto. Me flipaba la manera de explicarse de los gachos en las tragedias y el mundo de los Dioses también inspira. Y queda muy bien en el rap, claro. Pero cuando te haces una comparación guapa tratas de no tirar de cosas muy frikis o cultas. Si digo “Poseidón” todo el mundo lo conoce. Además, trato de no tirar de referencias muy elevadas porque tampoco soy un profundo conocedor. Conecta porque todo el mundo sabe quién es el Minotauro.

Con respecto a la segunda parte de la pregunta, he preferido el mensaje directo a las metáforas o las cosas más poéticas y enrevesadas. O, quizá, la rima me daba igual en ciertas canciones. También he luchado contra eso. El peso de buscar la rima perfecta y la palabra bonita es muy pesado y al final te pegas mucho tiempo y no expresas. El sentimiento igual se queda por ahí. Aquí parecía que tiraba más el rimar lo cotidiano que lo grandilocuente y las palabras guapas. Hay de todo en el disco y ‘Yemen’ está lleno de cosas más poéticas, pero ‘Guapo tarde’ o ‘Viejos ciegos’, es lenguaje muy cotidiano pero económico, efectivo y que representa el sentimiento. Eso ha sido un descubrimiento (casi excepción en su currículo), que primara más al sentimiento que a la estética. Aún así soy un esteta enfermo. Esa es mi lucha: combinar el mensaje con el dibujo, el sentimiento con la métrica. Es la gran lucha de los MCs.

P: Aunque hay matices que evocan el particular y reputado paladar de tus ego trips (vertiente estilística que saca lustre al yo, en comparación y competición con los otros), también se deja sentir su reducida presencia en ‘El Círculo’. ¿Se debe a alguna evolución al respecto?

R: Es un género bonito, porque por ahí canalizas todos los halagos de la gente y los esfuerzos por estar en el suelo tienen que salir por algún sitio, y al final te marcas tu canción de alabar a tu propio estilo. Esto no deja de ser una fuente de inspiración para los rappers. No digo que tenga que ser la única, pero se encuentra una fuente de inspiración en el propio estilo, en tu propia persona. En el disco hay algunas dosis, pero ha sido cuestión de refinarlo. De buscar el refinamiento. Que sea una vacilada que la puedas decir y que sea verdad. Que no quede mal y no sea grosera. Se trata de que digan: “Hostia, qué cabrón. Es que encima es verdad”. Esta es otra de las búsquedas del MC y también es un divertimento.

Luego, ha habido un proceso depresivo en el que el ego se diluyó. Había más miedo que ego. Entonces, todo esto se resintió o yo elegí también que se dejara ver menos. No quería que el disco fuera todo el rato de técnicas y el metarap. Tenía que haber, porque me encanta y como ejercicio es divertido, pero no podía hacer sólo eso. Y creo que está compensado: hay cosas más personales y de dentro, y cosas más de rap o de técnicas. ‘No sé qué voy a hacer’ es un ejercicio técnico, sin más ambición, por ejemplo. Creo que es más fácil hacer métricas hablando de nada, de tu flipada, que hablar de temas serios, políticos o personales. Normalmente, el vehículo es más simple cuando expresas otro tipo de sentimiento. Yo uso el ego trip para darle a la métrica piruetas que no podrías hacer con temas más serios.


P: Voy a abrir un paréntesis para extenderte dos cuestiones sobre política. Como retratista de la sociedad en que convivimos, ¿crees cierta esa interpretación que proclama el fin de las ideologías, de esa dualidad izquierda-derecha?

R: Todo eso se ha quedado obsoleto con la globalización. Ahora los presupuestos dependen de otro sitio que no es el propio Estado. Los Estados están desposeídos de legitimidad. El juego político ya es un teatrillo donde cada uno saca lo que puede para sus amigos y no se trata más que de gestionar. Lo estamos viendo, es como una telenovela que no va a ningún lado. Las ideologías se pueden aplicar a muy pequeña escala y es lo que se ha de hacer: que los municipios y los barrios tuvieran más incidencia en las vidas de las personas. Pero se tiende a lo contrario, a centralizar. Y es que ahora las decisiones vienen de un ente. Un ente que de repente dice que hay deuda y hay deuda, co, y no puedes hacer nada. Es un mecanismo imparable.

P: Enlazo este relato con una declaración que te he leído. Dijiste que al volver de Colombia te encontraste un país muy politizado. ¿De qué es síntoma que el discurso de la gente se contamine de conceptos macroeconómicos?

R: Y tanto. Tenemos un país muy politizado. Además, todos queremos tener la sensación de que nos enteramos de algo. De leer el periódico y sentir que nos hemos enterado de la última noticia. De repente se te llena la boca con la prima de riesgo o la deuda, pero podría ser cualquier cosa. Ahora tenemos las terceras elecciones…vaya telenovela. Y se va pasando el tiempo y no sé cómo hace la gente para sobrevivir y llevar una vida digna.

Al final es ruido. Si apagas la tele, te lo digo porque he estado dos años aislado prácticamente, se vive de puta madre. Te fijas en los pájaros, en los árboles, en las cosas reales y no en el bluf ni en todo el ruido que hay. Y me encanta España, pero esa crispación latente me cansa un poco. Sin embargo, aquí lo puedes obtener igualmente: te vas al campo, desenchufas el internet y empiezas a observar las cosas que son reales, incluso empiezas a oír cómo respiras y cómo se mueven las hojas de los árboles y lo bonito del color de la tierra. Todo eso es el espectáculo más guapo que nos ha dado la Creación. La naturaleza. No todo este ruido absurdo, co. No sólo político. También con la música, la moda…estoy un poco viejo para eso, creo. Los chavales de ahora tienen una mente en la que les entran datos por un tubo y yo me fatigo (risas). Habría que hacer un día a la semana dedicado a observar la naturaleza. Y llevar a los críos y que vean hormigas, que ya ni se ven hormigas en las ciudades. Y dejar la tablet y todo este rollo. No digo que no la use, yo la tengo, pero me doy asco y es verdadero estrés lo que hay por la pantalla, macho.

P: Entonces, ¿confirmas que hay vida más allá de la sociedad de la información?

R: Todo está en la voluntad de cambio y es una decisión de vida: que la política te afecte lo menos posible. Porque, entre quien entre le va a pegar el bocao a tu sueldo. Eso hay que asumirlo. Yo lo que quiero es llevar la vida y no enterarme mucho de sus comedias y sus tragedias. Me protejo de eso. Y ahora vivo con mis padres y vemos el Telediario…y se come mal. Hay que apagar la tele y hablar de nuestras cosas porque te amargan la comida. Es muy aburrido.

R: Salto de página para preguntarte una duda: ¿El proyecto ‘Kase.O Jazz Magnetism’ (2011) te descontextualizó del rap? Al final, supongo que no será fácil salir de tu molde, acomodarte a otro y regresar al estudio para reencontrarte en tus fundamentos líricos.

P: Yo creo que sí. Creo que eso estaba también ahí en mi cabeza y corazón. El hecho de venir de un disco y una gira con una musicalidad y estética libres, locas y maravillosas, y decirme: “¿ahora qué hago? ¿Después del jazz qué viene?”. Y no quiero hacer free jazz, (risas). No quería hacer un disco muy friki. Pensaba hacer un disco noventero, con ritmos de toda la vida y a mitad del proceso me aburrí. “Qué hago haciendo la misma vaina de hace 20 años”, me dije. Eso me encanta, pero no me iba a divertir si era todo así. A mí me gusta el rap escueto, hardcore, y hay un poco de ello en el disco, pero es que me gustan muchos palos. Tenía que dar rienda suelta a todos los que me gustan y aún así no he llegado, porque me gustaría experimentar cosillas. Y hay canciones con musicalidad e instrumentos por la experiencia del jazz. Porque puedes rapear encima de un loop pero meterle un chelo, hacerle un arreglito sin que se note mucho, que parezca que está sampleado incluso. Quería que fueran cosas sutiles, con estética rap. Que no hubiera solos pero que hubiera música bonita, violines bonitos. Todo muy sutil y en estética rap. Y ha sido difícil. Ha salido raro: es rap pero es raro, porque son estéticas muy personales y hay cosas más clásicas e identificables pero otras muy raras.




P: Mencionas a Charles Bukowski. Me interesa conocer por dónde te ha llevado y si ha influido en la soslayada necesidad por desnudarte que se explicita en este disco.

R: La referencia de Bukowski en ‘Guapo Tarde’ está enmarcada en esa época de ‘Guapo Tarde’, que sería cuando tenía 16 o 18 años. En esa época, en la que tuve mi primera depresión, me atraía, en cierto modo, la estética del loser: perdedor, borracho, semi vagabundo, etc. Entonces, te llega a la mano un libro de Bukowski, lees esa vaina y ves que el tipo está igual de podrido que tú o más jodido, y es un buen compañero de viaje. Bueno, no sé si bueno o malo, pero a mí me acompañó en una época de depresión y con la vena alcohólica incipiente. Entonces, beber y leer a Bukowski era un éxtasis de sentirse vivo. Y cómo escribe el hijo puta. Yo, encima, escribía, estaba con mis maquetillas, me buscaba la vida y leía esa mierda tan fresca. Ahora, en el último disco, me he desnudado más, pero igual sí sería una referencia latente.

En Violadores y en el ‘Genios’ (1999, Avoid) hay mucho Bukowski, mucho alcohol y rollo loser. En este he tirado más de recuerdos para traerlos aquí. La época de Bukowski es ‘Genios’, ‘Atrás’ (2001, Rap Solo) y un poco de ‘Vicios y virtudes’ (2001, Rap Solo-Boa Music). Y Bukowski es una pasada. A mí me flipaba, directamente. No lo he leído todo, ni mucho menos, pero la poesía y los relatos que tenía…qué maravilla. Como te pille la época, tiendes a imitarle, por eso te decía que no sé si es bueno. Porque ciertas perversiones que se permite en su literatura, se te pule. Da miedito. Pero, aún así, inspira. Te hace ver que hay cierta felicidad en la vida que relata y eso es, al final, lo que jode. Y tú te sientes feliz siendo un desgraciado, durante una depresión. Te sientes agradecido porque te hace sentir vivo, aunque sea por el dolor, que es el que te hace sentir vivo (risas).

P:¿Cuál es la búsqueda que has vivido en este disco?

R: Te iba a responder con una frivolidad, co (risas). Pues, para mí ha sido la búsqueda de quitármelo de encima. Quería terminar el disco, me había metido en ese lío y la búsqueda era terminarlo (risas).

A mí me hace ilusión transmitir ciertos valores o que puedas alegrarle la mañana a una persona. O un cierto momento. Eso me hace ilusión y pienso que es una misión bonita en la vida. Yo nunca he creído en eso porque es como creerte que tus canciones van a ayudar y todo eso, pero me hace cierta gracia y no dejo de intentarlo. Dejar ciertas señales ahí que sé que llegan al alma y que dan cierta esperanza al que está jodido. Esa podría ser una ambición como escritor, si tuviera que buscar alguna. Y es demasiada ambición (risas).

Y, bueno, simplemente, me gusta la estética y la alquimia. El simple divertimento de hacer un juego de palabras divertido nunca se me va a pasar. Siempre que haya un buen ritmo por debajo que me haga cosquillas. Es un divertimento.

P: Hace cinco años, mientras estabas en la rampa de lanzamiento del ‘Jazz Magnetism’, declaraste: “Ya no quiero sufrir más, aunque sean peores canciones”.

R: (Risas) ¡En qué momento! No sabía la que me esperaba cuando dije eso… En realidad, eso era por una frase que tenía yo, que venía a decir que “si para hacer canciones buenas tengo que estar jodido, prefiero ser feliz y hacer canciones malas”. Pero era con sentido del humor. A veces el sentido del humor se pierde con las comillas y el whatsapp. Hay que poner un icono de risas porque era con ese sentido. Y por no sufrir más. Quería decir, con humor, que las canciones tristes son las mejores, pero que es muy pesado su paquete.

P: Me da la impresión que has vuelto de este viaje, el de Colombia y el de ‘El Círculo’, con la importancia de la percepción como prisma de la realidad más preeminente. Más enfocado en desdramatizar, en relativizar lo que ocurra.

R: Esa es una lucha que se libra a diario. El estar en contacto contigo mismo, preguntarte si estás bien y si realmente quieres hacer lo que haces. Hay que tener tres o cuatro momentos al día, como hacen los musulmanes cuando rezan. Un poco consiste en eso, en relativizar y en estar en contacto contigo mismo. Pero todo esto con amor, por eso te preguntas cosas. Porque quieres estar bien y quieres estar en todo momento acorde con tu pensamiento y sentimiento. Esa es la vaina, estar en contacto con uno mismo y ser agradecido a la vida. Y pienso que todo es mental: la realidad absoluta no existe, cada uno la percibimos de una manera. A veces vivimos en las sombras, como decía Platón, pero yo no puedo luchar contra tu verdad, hermano. Me doy contra un muro. No te puedo convencer de mi verdad. Es una lucha perdida y es la fuente de todas las discusiones humanas: intentar tener la razón, cuando la realidad es muy relativa. Tienes que aprender a percibir, como digo en la ‘Outro’. A percibir las cosas con amor y buen ánimo. Y a vigilar tu percepción. Es necesario vigilarte, porque hay pensamientos que son erróneos, que vienen dados por el ruido. Y es muy difícil saber lo que uno quiere hoy en día, porque te descuelgas como seas diferente o no concuerdes, y hay que seguir la corriente. No es fácil el camino de la espiritualidad y del conocerse, por eso la mayoría de la gente no lo hace. No es fácil pensar en uno mismo todos los días y en estar feliz. La peña sale para adelante como puede, con sus carencias, sus virtudes, sus defectos, su amor… pero hay una corriente, una oportunidad, que si la descubres te puede cambiar la vida.

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