15 de diciembre de 2019, 4:59:39
Editorial


Santos y el reto de la paz



No ha dejado de causar sorpresa el Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos después de que el referéndum arrojase un “no” a los acuerdos alcanzados en La Habana entre el presidente colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). No obstante, el Comité de los Nobel ha señalado que premia la fortaleza de Santos -a quien hay que felicitar por el galardón-, y sus esfuerzos para poner fin a la guerra que ha asolado el país desde hace más de medio siglo. Sin duda, un conflicto devastador que se ha cobrado la vida de miles y miles de colombianos, ha producido un sinfín de heridos, desplazados y desaparecidos, y ha restado al país enormes posibilidades de progreso y desarrollo. Podemos considerar así que con el Nobel se ha querido reconocer sus buenas intenciones.

Unas buenas intenciones que ahora, tras el resultado adverso en la consulta a los ciudadanos, deberán encarrilarse a conseguir que sus conciudadanos le otorguen su confianza para que puedan convertirse en realidad. Porque los colombianos, naturalmente, no han rechazado la paz sino un determinado y concreto pacto con los narcoguerrileros que conllevaba elementos polémicos y preocupantes. Juan Manuel Santos ha dedicado el galardón a todos los colombianos y, en especial, a las víctimas del conflicto. En consonancia con ello, el presidente colombiano ha de renegociar un acuerdo con las FARC en el que la memoria de esas víctimas esté mucho más presente y no haya duda de que el peso de la ley caerá sobre quienes hayan cometido crímenes de lesa humanidad.

Y para ello no ha de perder un minuto. Resulta muy urgente que se ponga de acuerdo con los expresidentes Uribe y Pastrana, defensores del “no” en el referéndum, para hacer frente al reto de una paz que se compagine sin titubeos con la justicia hacia las víctimas. En este sentido, el Nobel puede ser un acicate para que los colombianos puedan finalmente vivir sin la pesadilla de las FARC. Resulta inquietante que ciertos terminales mediáticos de la izquierda se hayan indignado porque el Nobel no ha premiado también al actual líder de esa pesadilla, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, el que, por cierto, no parece muy por la labor de establecer el acuerdo en otros términos.
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