19 de octubre de 2019, 5:14:47
Sociedad

CRÓNICA GASTRONÓMICA


Crónica gastronómica. Un menú en homenaje a Renoir en Pedro Larumbe

Rafael Anson

'Menú de Renoir' en El 37 de Larumbe para celebrar la exposición del gran maestro del impresionismo que se exhibe hasta enero en El Prado: un diálogo entre gastronomía y pintura.


Hasta el 22 de enero de 2017 (posteriormente irá al Museo de Bellas Artes de Bilbao) permanecerá abierta en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid la exposición 'Renoir: Intimidad', un acercamiento a uno de los grandes maestros del impresionismo, a través de más de setenta de sus obras.

Según nos cuentan en el propio Thyssen, la exposición destaca el papel central que ocupan las sensaciones táctiles en los lienzos de Pierre-Auguste Renoir (padre, por cierto, del afamado director de cine Jean Renoir), y que pueden percibirse en las distintas etapas de su trayectoria y en una amplia variedad de géneros, tanto en escenas de grupo, retratos y desnudos como en naturalezas muertas y paisajes.

Pues bien, igual que hicieron los meses anteriores con la exposición antológica de Hieronymus Bosch “El Bosco” en el Museo de Bellas Artes, en el restaurante madrileño El 37 de Larumbe (Castellana, 37. Madrid), que regenta Pedro Larumbe, gran cocinero navarro radicado desde hace tres décadas en la capital, nos proponen un 'Menú de Renoir', cuyos platos homenajean a algunos de los cuadros de la muestra.

Recetas dedicadas a distintas obras

Al precio de 50 euros más IVA, se puede tomar un menú espléndido que se inicia con los aperitivos de “Joie de Vivre” (Vichyssoisse, Quiche de huevo de codorniz y Oporto, sombrero de pintada y mantequilla de anguila) para seguir después con “Regata” (a elegir entre “sopa de los remeros”, un caldo de col y frutos del mar, o “bouquet de Renoir”, una ensalada de pato con foie, granada y canónigos). El plato más contundente, bajo el epígrafe de “Madame Fournaise”, permite optar entre un pescado de mercado con bearnesa y verduritas o un tournedó duxelle de setas con foie y trufa).

Y se llega a la parte final con la “Paleta impresionista” (pinceladas de quesos y copita de Lillet) y, definitivamente, con “El Jardín de Renoir” (a elegir entre abanico de vainilla y veladura de naranja, por un lado, y peras Bella Helena, por otro). Para beber, dos vinos de Valdubón, el blanco Verdejo y el tinto Crianza.

Las buenas relaciones entre pintura y gastronomía

Un gran menú que demuestra las excelentes relaciones existentes entre la pintura y la gastronomía, dos artes que se hermanan definitivamente en el universo de los bodegones, que los impresionistas cultivaron, por cierto, con gran entusiasmo.
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